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Relatos Eróticos Gays

El inicio
Relato enviado por Cantonazo

Estudié una carrera en una universidad a unos 100kms de mi casa. Conocí mucha gente nueva, chicos y chicas, pero como creo que a todo el mundo le sucede al final te relacionas con un grupo mayor o menor de gente, con los que mantienes una mayor afinidad.

Todos los días cogía el autobus, tanto para ir como volver a mi casa, lo cual ciertamente era un incordio. No obstante aquel fin de semana iba a ser diferente, era la fiesta de ecuador de curso y pasaría el fin de semana en casa de un amigo.

La fiesta se celebraba en una conocida discoteca del centro de la ciudad, y como os podeis imaginar el desfase de la gente fue total.

A eso de las cinco de la mañana, bastante perjudicados por el alcohol, volvimos a casa. Los padres de mi compañero se encontraban pasando el fin de semana en un pueblo, en fin la casa era para nosotros dos.

Se me olvidaba comentar, mi compañero se llamaba y supongo que seguirá llamándose Julio.

Ya en casa Julio y yo empezamos a hablar sobre la fiesta, las chicas, el dinero que habíamos recaudado para el viaje de fin de curso, y sobre todo de la calentura que llevábamos encima.

Pasado un rato y con un gin tonic en la mano Julio comentó:

-Estoy totalmente desvelado, ¿te apetece que ponga un DVD?.

-De acuerdo contesté, pero deja que me ponga un cubata.

Julio encendió el aparato, y pasados unos instantes comenzó una película pornográfica. En una de las escenas, dos chicas follaban con todo tipo de vibradores.

Mi verga estaba totalmente empalmada cuando me percaté que Julio sin ningún disimulo se estaba acariciando su paquete sin ningún tipo de pudor. Julio me miró y comentó:

-Espero que no te moleste, pero estoy muy caliente.

-Tranquilo dije yo, yo también lo estoy.

Pasado un rato, Julio se levantó y se dirigió al baño. Este va a hacerse un pajote tremendo pense para mí.

Al cabo de unos minutos Julio regresó, llevaba sólo puesto un boxer que dejaba ver la tremenda erección que tenía encima.

-Espero que no te moleste que me haya quitado la ropa.

-No, estás en tu casa.

Continuamos viendo la película, mi amigo se acariciaba descaradamente su polla por encima de su slip. Mi excitación crecía por momentos, y no por el contenido de la película, sino por el morbo de la situación de ver como mi amigo se pajeaba.

Instintivamente, lleve mi mano a mi paquete y empecé a apretar con fuerza.

-¿te gusta la película?, inquirió Julio.

-Si contesté debilmente.

-Voy a quitarme el boxer dijo Julio, y antes de poder decir nada, Julio apareció desnudo ante mí. Su cuerpo no era nada del otro mundo, pero su polla mediría unos 18 cms, muy venosa y sobre todo gruesa.

Julio continuó pajeandose en mi presencia.

-Desnudate me dijo.

-Me da verguenza le contesté.

-Pues al menos desabrochate el pantalón y meneatela, ¿te crees que no he visto como te sobabas tu paquete?.

Quizás por mi calentura y por el alcohol que llevaba encima, desabroché mis vaqueros, los baje hasta mis rodillas y empecé a apretarme mi paquete por encima del slip. El placer que me estaba proporcinonado era tal que cerré los ojos y empecé a gemir.

Pasado un rato, noté que una mano se posaba en mis rodillas. -¿te molesa? dijo Julio. Me sentía tan bien que no contesté.

Mi amigo viendo mi estado lo tomó como un signo de consentimiento. Su mano empezó a moverse subiendo por mis muslos los cuales acarició y sobó a su antojo.

Su mano continuó subiendo y llegando a mi bulto se poso sobre la mía. Sin darme cuenta Julio retiró mi mano y puso la suya encima de mi slip apretando mi verga. Mis gemidos y jadeos dieron alas a Julio el cual metió su mano dentro de mi slip alcanzando mi humeda polla.

Su mano se movía audaz, me pajeaba y sobaba los huevos a su antojo, mientras yo abierto de piernas en el sofá me dejaba hacer. Me besó y metío su lengua en mi boca entrelazándose con la mía.

-Desde el primer dia que te vi en clase he deseado tenerte así, me dijo.

Acto seguido, arrancó mi camiseta de un tirón y me sacó los pantalone y el boxer quedando desnudo a su merced.

-Túmbate en el sofa, ordenó.

Me tumbé y sus manos empezaron a magrer mi cuerpo, mi cara, mis brazos, mis tetillas, mis muslos, mi polla.

-Ponte boca abajo y abre las piernas volvió a ordenar.

Me abrí todo lo que pude, sus manos agarraron con fuerza mis nalgas. Me sentía morir de placer sobre todo cuando Julio metió su mano por mi entrepierna y levantando mi cintura empezó a acariciar mis huevos para acto seguido pasar a pajear mi rabo.

Pasado un rato y en pleno jadeo, Julio me dio la vuelta y sentándose encima de mi pecho puso su verga a la altura de mi cara. Tenía su polla a escasos centímetros de mi rostro.

Julio me restregó su cipote por mi rostro mientras yo desesperadamente abría la boca con la intención de mamar esa verga. Finalmente, Julio introdujo su polla en mi boca, primero el glande lamiendo todo su líquido preseminal, luego el tronco hasta que sus cojones tocaban mi barbilla.

-No lo haces nada mal putita, dijo Julio.

Yo no contesté, mi único deseo era seguir comiendo aquel pedazo de carne y complacer al macho que tanto placer me estaba dando.

-Sigue mamando la polla que te va a follar el culo, ponmela más dura perrita me dijo.

Pasado un rato Julio me dio la vuelta, y sacando un tarro de vaselina me dijo: -¿quieres que te monte y te folle como a un perrito?.

-Si, acerté a contestar.

-Abreté el culo para tu macho me dijo.

Obedientemente, abri mis piernas y con mis manos separé mis nalgas dejando mi ano a la vista de Julio.

Julio puso mis piernas encima de sus hombros, y huntando la entrada de mi orificio y sus dedos con la vaselina, me introdujo uno de sus dedos en mi ano.

Di un respingo y un pequeño grito de dolor, pero el dedo de Julio continuó perforando mi ano. Pronto el dolor se transformó en placer siendo mis jadeos y gemidos audibles en todo el vecindario. Al rato fueron dos los dedos que dilataban mi culo.

Julio se puso vaselina en su polla y pasó todo su glande sobre mi húmeda raja. De un golpe metió su glande en mi ano dilatado, el placer superaba al dolor.

-Que bien te la estás tragando zorrita, dijo Julio. ¿quieres que siga?.

-Si supliqué, fóllame Julio por favor.

Su polla entró centímetro a centímetro hasta lo mas hondo de mi intimidad. Finalmente, sus huevos chocaron contra mi culo y durante unos segundos aquel pedazo de carne se quedó quieto dentro de mi.

Al poco, Julio empezó a follarme con frenesí, me follaba con fuerza. Me sentí como una verdadera perra ensartada por su macho. Julio mientras me montaba, con una de sus manos volvió a pajearme. Duré poco y me corrí como nunca antes lo había hecho en mi vida.

Quedé exhausto mientras mi macho continuaba con su follada, tras un largo rato un espasmo recorrió a Julio. Me dió dos embestidas y vació toda su leche en lo más profundo de mi culo. Notaba los espasmos de su enorme pollón en mi interior hasta que se vació por completo dentro de mi.

Julio estuvo un buen rato dentro de mí y cuando sacó su verga de mi culo, la abundante corrida de Julio salió por mi ano pringando, mis huevos y mis muslos.

Todavía manchado Julio me ordeno que le limpiase su verga con mi lengua, a lo que accedí con mucho gusto.

-No ha estado mal puto, me dijo Julio, pero te tengo donde quería y esto no ha hecho más que empezar.

Aquel fin de semana fue agotador, pero esa es otra historia ....
Sexo en la Universidad
Relato enviado por Johny

Me desperté. Estaba demasiado alarmado, ofuscado. El chirriante despertador en forma de esfera había estado sonando por 10 minutos, como mínimo. Todo estaba revoltoso; por un momento no recordaba dónde estaba. El despertador seguía emitiendo ese irritante sonido, que de mal humor me ponía en las mañanas.

Soy un inútil, pensé. Llegaré tarde a la universidad.​

El despertarme se había estado volviendo difícil últimamente;​ me hice prometer que me iría a dormir más temprano, pero dentro de mí siempre ha habitado un espíritu nocturno y perezoso. Difícilmente​ cumplo las promesas que me hago a mí mismo, y ésta última promesa era simplemente una más de entre todas.

Seguía tumbado en la cama, sumido en la lucha interna. Todas mis células, y las células de mis células parecían aferrarse a la cálida sensación que producían las sábanas en contacto con mi piel. Sin embargo, sabía cómo disipar toda esa sensación: con cafeína. Pero no con cualquier cafeína; con mi cafeína. Luis Fernando.

Dejé que mi cerebro se inundara con imágenes de Luis Fernando. Mi cuerpo respondió al instante. Ya no quería dormir, lo quería a él. Sobre mi mente desfilaron imágenes de su hermosa cara; sus ojos profundos y sus facciones geométricas,​ artísticamente​te talladas. El deseo de su cuerpo me invadió, y recordé como era: alto y delgado, trabajado y bronceado por el sol. Su pantalón siempre estaba muy abultado sobre su pene, hecho que me excitaba muchísimo. Perfecto.

Hacía tiempo que me había enamorado de él. También solía fantasear con él mientras lo veía jugar fútbol. Mi mayor fantasía era tener su polla dentro de mí, acariciar y besar todo su cuerpo. Era una situación complicada, desde luego. Yo soy homosexual y él no lo es, lo que limitaba mis ilusiones a la fantasía y al deseo. Él nunca podría ser mío, o al menos eso pensaba yo por la mañana.

Me alisté y conduje rápidamente a la universidad,​ pues iba muy retrasado. Eran las 7:28, y yo debía estar allá a las 7:30. De alguna manera me las ingenié y llegué alrededor de las 7:34. Mientras estacionaba mi automóvil, me di cuenta de que el estacionamie​nto estaba casi completamente​e vacío. Había 8 ó 9 automóviles,​ contra los más de 70 que solía haber diariamente.​

Algo anda mal, pensé. Algo huele muy mal.

Me dirigí a la entrada de la universidad,​ a unos 200 metros del lugar donde estacioné mi carro. Es la universidad un conjunto de complejos y amplios edificios, con capacidad para más de 2,000 estudiantes.​ Sin embargo, cuando crucé la entrada, sólo encontré un adjetivo para describirlo;​ desértico.

Soy un estúpido, me dije a mí mismo. La entrada de hoy era a las 10:00 a.m.

¿Cómo podría haberlo olvidado? Podría seguir dormido en mi cama, disfrutando de mis sueños húmedos en los que siempre aparecía Luis Fernando. Todo el esfuerzo y la apuración por llegar rápidamente habían sido en vano. Me resigné y me dirigí a mi salón de clases, para comprobar si alguien más ya había llegado. Viéndolo positivamente, podría adelantar algunos deberes muy extensos.

Comencé a caminar sin prisa alguna. Mi salón se encuentra en el segundo piso del cuarto edificio, un tanto retirado de la entrada. Ni un alma a la vista. Llegué al pie de las escaleras y las subí lentamente, una por una, contándolas.​ Fueron 18 escalones. Llegué al segundo piso, y ante mí se extendió un largo pasillo. Emprendí la marcha, contando de nuevo los pasos que di hasta llegar a mi salón. Fueron 68 esta vez. Pensé que sería el primero en llegar, pero estaba equivocado…

—Wey, entrábamos a las 10 —dijo Luis Fernando— Llevo aquí 10 minutos

—Pensé que sería el único —dije yo— pero me ganaste. También se me olvidó...

No me lo esperaba. Mi pulso se aceleró endemoniadamente cuando vi al guapísimo Luis Fernando ahí, solo. Haber llegado temprano valió la pena, después de todo. Eso significaba que pasaríamos más de 2 horas juntos, sin interrupción​es. Me ruboricé. Sentía que cada movimiento que yo hacía era torpe. Me senté cerca de mi príncipe, mientras él cambiaba de posición para voltear a verme.

—No mames, ¿Qué vamos a hacer en tanto rato?

—No tengo idea —respondí—. ¿No tienes tareas atrasadas?

—No wey, yo sí soy cumplido, no como otros —me presumió.

Miré su cara por un segundo. Simplemente guapísimo. Me pareció gentil y amable, así como dulce y cariñoso. Pero heterosexual, sin duda. Su cariño estaba reservado para ellas, y no para mí. Un galán como él, consigue nueva novia cada semana. Sin embargo, estoy acostumbrado​ a no ser correspondido​ por los hombres heterosexual​es.

Volví a mirar su rostro. Esta vez, una sonrisa de complicidad se dibujaba en sus carnosos y deliciosos labios. Se levantó de su silla y se arrodilló junto a su mochila. La abrió y rebuscó dentro de ella. Finalmente encontró lo que buscaba, y regresó a su silla sosteniendo su iPod touch. Otra sagaz mirada de cómplices brotó de su rostro, y dijo:

— ¿Quieres ver porno? —dijo—. Ayer descargué videos nuevos.

—Humm… Órale

Aunque acepté, no quería hacerlo. Luis Fernando no sabía que yo era homosexual, y no quería decírselo en este preciso momento. Desconocía si él era homofóbico, pero no se lo diría en este momento, por supuesto que no. Me la estaba pasando de maravilla, nunca había estado a solas con mi amor secreto. Mi imaginación se echó a volar, pero recordé que estaba despierto.

Nos sentamos muy juntos, para ver los videos desde un buen ángulo. Nuestras mejillas casi se tocaban. Me pasó un audífono y me lo coloqué en el oído derecho. Él se colocó el suyo en el derecho. Tardó más de un minuto para elegir un video, como queriendo elegir el mejor. Finalmente se decidió por un "trío de dos putas y un macho". En el video, el macho se follaba a una puta, mientras que le chupaba la concha a la otra.

Siendo homosexual, nunca he disfrutado de la porno "normal", pero aún así me provoca erecciones el hecho de ver porno heterosexual. Luis Fernando comenzó a tocar su paquete, exageradamente crecido. Podía ver su gran polla extenderse bajo sus pantalones, y me asaltó la loca idea de tocarlo, pero reprimí el deseo.

Comencé a tocar mi propio paquete, que en ese momento ya estaba muy crecido. Lo acaricié con mucha pasión, y logré que Luis Fernando desviara su vista hacía mí. Para no quedarse atrás, tomó su polla bajo el pantalón, y comenzó a jalarla de arriba hacia abajo. Sentí que iba a explotar. No pude resistirlo más, lo estaba engañando. Él no sabía que yo era gay, y no quería aprovecharme de él. Así que le dije:

—Oye wey, voy al baño.

— ¿Te vas a pajear?

—No, pendejo —reprendí— Voy a… orinar.

Me levanté, y él me siguió con la mirada. Los baños están a sólo unos metros de mi salón, y me dirigí allí directamente. No tenía ganas de orinar, sólo quería estar lejos de Luis Fernando. Es común confundir la imaginación con la realidad, y la realidad era que mis fantasías con él eran tan profundas y tan vívidas, que me hacía sufrir el hecho de no poderlas convertir en realidad. Así que me acerqué a los lavamanos y me miré en el espejo. Me perdí en mis pensamientos.

Repentinamente, alguien irrumpió en los baños, acabando con mi privacidad. Era Luis Fernando, y al bajar un poco la mirada, vi dentro de sus pantalones la erección más fuerte que he visto en mi vida. Me dijo:

—Ya no aguanto las ganas, me tengo que pajear.

—Pendejo —dije, burlonamente—, ¿a eso viniste?

—Pues... sí. ¿Y tú qué haces aquí?

—Nada —dije— Pajéate

Con una mirada desconfiada se acercó a los urinarios. Pude ver cómo se bajaba la cremallera y tomaba la polla con su mano. Comenzó a masturbarse, deslizándola suavemente hacia arriba y hacia abajo. Mi polla se puso dura como el hierro en segundos. Esta vez no perdería mi oportunidad.

Caminé hacia él decididamente. No se percató hasta que yo estuve a centímetros de él. Llegué hacia él por su espalda, y tome su polla entre mis manos, mientras lo dejaba sentir mi polla en su trasero. Lo que hice lo tomó por sorpresa, pero no me detuvo. Sólo me preguntó:

— ¿Eres gay, cabrón?

— ¿Tú qué crees? —pregunté con tono sarcástico.

—Nunca me habías dicho… —parecía dudar—. Yo no soy gay.

— ¿Algún problema?

Rió

—No, pendejo. Mi fantasía es cogerme a un puto.

Mi pulso se disparó y la sangre inundó mis venas. Luis Fernando estaba ahí, fundido a mi cuerpo, su polla descansando en mis manos. Era mi momento; su cuerpo era mío. Tal vez no su amor, pero su cuerpo era mío. Y mi cuerpo siempre había sido suyo. Mi amor era suficiente para unirnos a los dos en algo más que el sexo.

Desabroché el botón de su pantalón, y comencé a bajarlo lentamente junto con sus bóxers. El volteó su cuerpo, de manera que quedamos frente a frente. Lo miré a los ojos, pero desvió su mirada. Colocó sus perfectas manos sobre mis hombros, para hacerme entender que me agachara. Yo bajé lentamente hasta quedar de rodillas. Terminé de bajar su pantalón y bóxer hasta sus rodillas, y volví a tomar su gorda polla entre mis manos.

Hasta ese momento, no había visto bien su polla. Era larguísima; mucho más que la mía. Comprendí por qué siempre se le abultan los pantalones, pues sus testículos también eran muy voluminosos. Tenía abundante vello púbico; toda una selva. Simplemente deliciosa. Su polla estaba durísima y caliente. Comencé a deslizarla con una mano, mientras que con la otra le acariciaba suavemente los cojones.

Después, comencé a lamer lujuriosamente su capullo. Lamí poco a poco toda su polla, hasta llegar a sus huevos. Le chupé los huevos; primero uno y luego el otro. Les di un tremendo masaje con mi lengua, y Luis Fernando estaba cada vez más caliente. Su piel me quemaba.

—Trágatela entera —me dijo.

Su gran verga se abrió paso a través de mis labios, y se arrastró lentamente hasta llegar al fondo de mi garganta. Luis Fernando sujetó mi cabeza, y comenzó a follarme por la boca, sacando y metiendo su polla cada vez más rápido. El cabrón la estaba pasando de maravilla, y yo también. Él empezó a gemir levemente, debido a la extática sensación que producía el salvaje contacto de su verga con mi lengua.

Mis manos comenzaron a explorar sus piernas, y las deslicé suavemente hacia sus nalgas. Masajeé sus nalgas muy suavemente, y extendí la caricia hasta su espalda baja. Mi polla estaba a punto de estallar; necesitaba pajearme o explotaría. Sin dejar de mamar su verga, bajé una de mis manos para sacar la mía, que hasta el momento había estado oculta dentro de mi pantalón. Bajé la cremallera y saqué mi polla. Comencé a hacerme la paja tan fuerte como nunca lo había hecho.

La verga de Luis Fernando seguía en mi boca; entraba y salía a un ritmo infernal. Estaba a sólo segundos de correrse. Para no quedarme atrás, sacudí mi verga entre mis manos a una velocidad vertiginosa. Los gemidos de Luis se acentuaron, previniendo una deliciosa eyaculación en mi boca. El placer invadió cada recóndito rincón de mi cuerpo; mis músculos se contrajeron en un suspiro de goce, y de mi verga salió un chorro de semen, mientras que la misma sustancia invadía mi garganta a borbotones.

Luis Fernando y yo nos habíamos corrido casi al unísono. Mi semen cayó al suelo y salpicó sus zapatos, y el suyo inundó mi boca. ¡Qué delicia!, el sabor ácido y al mismo tiempo dulzón de sus mecos penetró en mis papilas gustativas, dejándome extasiado. Tragué cada gota de ese precioso y místico líquido, que tanto me satisfacía.

Miré a Luis Fernando. Su piel pálida se había hecho de un rojo intenso, y en su rostro se asomaba una expresión de satisfacción y gusto. Lo había disfrutado, sin duda. Y le había gustado mucho. Pero había una atmósfera de confusión alrededor de nosotros, así como de inseguridad. Por un momento habíamos olvidado que estábamos en la escuela. Pero no había llegado nadie, aún no.

—Fóllame —le dije.

— ¿De verdad quieres?

—Sí.

Caminé, con mi polla entre las manos hacia los lavamanos y me miré en el espejo. No podía ocultar que yo lo había disfrutado, incluso más que él. Busqué la mirada de Luis Fernando en el espejo, y una vez que la encontré, le dediqué un gesto lujurioso; lo barrí con la mirada mientras mordía mi labio inferior.

A través del espejo, vi cómo se acercaba hacia mí, como contemplando un postre a punto de ser devorado. Yo prontamente comencé a bajar mi pantalón, pues no me lo había quitado del todo. Dejé mi culo al aire, para despertar las pasiones en Luis Fernando. Su verga se endureció increíblemente rápido, después de tremenda mamada que le había dado.

Cuando se hubo acercado lo suficiente, Luis Fernando acarició suavemente mis nalgas y besó tímidamente mi espalda. La sensación fue celestial; una oleada de placer cosquilleante recorrió mi espalda y me hizo temblar. Comenzó a restregar su verga en mi culo. Su verga se abrió paso entre mis nalgas y buscó mi agujero. Finalmente lo encontró. Comenzó a presionar, poco a poco, pues era difícil por la falta de lubricación.

Penetró en mí, lentamente. Estaba tan gruesa y tan dura, que tardó más de dos minutos en meterla toda. Nunca me habían metido una cosa tan grande, por lo que en medio del placer, estaba soportando un dolor lacerante. Luis Fernando dejó su verga ahí, en mi interior, para que mi cuerpo se adaptara a ella. Estábamos fundidos en uno sólo; éramos un solo cuerpo cuyo origen era el placer. Me olvidé del mundo, y quedamos solos en medio de la nada. Él y yo.

Luis Fernando tuvo su verga dentro de mí por un largo momento. Luego comenzó a sacarla pausadamente, y cuando estuvo a punto de salir, comenzó a follarme a una velocidad demoniaca. Así se folla a las putas, pensé. Me metía su verga y la sacaba rápidamente, mientras yo me debatía entre el dolor y el goce.

Comencé a gemir, a gritar por ese placer que me estaba dando el cabrón de Luis Fernando. Nunca antes había disfrutando tanto la verga dentro de mí, entrando y saliendo al ritmo de la pasión. Todo comenzó a ir más rápido; comenzó a follarme más rápido. Mi mente quedó en blanco y sólo había fuego dentro de mí. Fui llevado al cielo, y ahí sentí como mis entrañas se empapaban de un caliente líquido arrasador. Luis Fernando se había corrido, y me había llenado de leche. Tanta leche, que escurrió por mi culo y por mis piernas.

Volvimos de golpe a la realidad. Aún estábamos en la escuela, en un baño donde cualquier persona podría entrar en cualquier momento. Nos vestimos de nuevo rápidamente y nos enjuagamos la cara con un poco de agua de los grifos. Salimos de los baños y pareciese que nunca ocurrió nada.

Llegamos al salón. Aún no había llegado nadie.

—Oye, wey —me preguntó— ¿No has ido a mi casa últimamente, o si?¿Qué te parece esta tarde?

Me dedicó una mirada lujuriosa, seguida de un guiño.

Esa tarde la pasaríamos de maravilla en su casa.
Sexo en los baños
Relato enviado por Marcos Gay

Estaba estudiando en la biblioteca, tenía unos examenes próximos. A mi lado, mi novio. Llebavamos más de dos horas estudiando, y yo me estaba aburriendo. Entonces, se me vinieron pensamientos calientes. Me imaginaba aquellos polvos que me daba mi novio. Se me vino a la cabeza a mi novio quitandose los pantalones y yo acercandome para hacerle una mamada en medio de la gente. Después me cogería en brazos y me me pondría sobre la mesa, me bajaría los pantalones y me empezaría a follar. Ahí embistiendome, mientra le gente me ve como me folla mi novio, me llamarían de todo: zorra, puta, maricón... Sinceramente, de pensar en ello me estaba quedando muy caliente y la cabeza ni me dejaba pensar y me dejaba medio ido, y mi polla lo notaba. Necesito un buen polvo urgentemente. Me acerco al oído de mi novio y le susurró:

-Oye, cariño, llevamos dos horas, ¿qué te parece si vamos 15 minutos al baños y no damos un buen polvo?

-No, lo siento, no puedo, tengo que estudiar, te prometo que cuando llegemos a casa lo hacemos.

-Pero yo quiero ahora.

-Joder, que no, que tengo la fecha muy apretada, ponte a estudiar de una vez.

Vale, muy bien. Pero yo sigo igual, así que me pongo a mirar al personal. hay chicos muy buenos a mi alrededor. De 18 a 25 años.

Poso mis pupilas sobre un buen espécimen. Rubio, fibrado, con chándal (como me pone un buen culo en pantalón de chándal. Me mira pero no aparto la vista, con la tranquilidad del que ve el juego desde la barrera. No me sostiene la mirada pero no por vergüenza sino más bien por falta de interés. Dos asientos a la izquierda hay otro muchacho que no está mal. Pero no puedo mirarlo durante mucho rato.

Otro ha llamado mi atención, de hecho tiene en su poder todos mis sentidos.

Acaba de entrar en la sala. De pelo castaño clarito que me gusta y me quedo viendolo, tiene unos ojos marrones claros preciosos y el pelo medio largo, su cara parece un ángel, tiene la piel clara, y no debe tener más de 19 años. Lleva una camiseta de tirantes, un pantalón vaquero y unos tenis blancos.

Podría decir que le miro desafiante, pero sería más honesto decir que no puedo dejar de admirarle. No sé

cuánto tiempo estoy deleitándome con sus movimientos, pero finalmente soy cazado y me devuelve la

mirada. Tiene unos ojos marrones preciosos, y no soy capaz de dejar de mirarle aunque me siento

atrapado y estúpidamente pillado en falta como un niño.

Se sonríe y vuelve la vista a sus libros. Cuando deja de mirarme me siento un poco ridículo. Intento

concentrarme en mis apuntes sin mucho éxito. A mi lado mi novio sigue estudiando sin haberse

percatado de nada. Lucho por no volver a levantar la vista pero no aguanto más que unos pocos minutos.

Y para mi sorpresa el sigue, está mirándome. Se me acelera el pulso…¿me está sonriendo o estoy

delirando? No, sonríe, pero no es una sonrisa amigable, es una sonrisa de superioridad, de victoria. La

sangre me empieza a hervir…necesito ser de este cabrón…

Se levanta. ¿Me abandona? Sigue mirándome fijamente. Hace un leve gesto con la cabeza. ¿Quiere que

le siga? Sale de la sala dejándome tan alterado que casi me cuesta respirar. Miro a mi chico. No, no

puedo hacerlo. No puedo.

Me levanto de la silla y me acerco a mi novio.

-Oye, cariño, voy al baño, no me encuentro bien.

-¿Qué te pasa?

-Me duele la barriga, creo que es algo que he desayunado. Esperame y ya vengo.

-Vale, pero si tardas me paso a ver cómo estás, no quiero que te pase nada.

Nada más decirme eso, me da un beso en la boca. Joder, lo siento cariño, pero necesito un buen polvo ahora mismo, espero que me perdones.

Me dirigo rápidamente al servicio, y ahí está, esperandome en la puerta.

-Oye, ven aquí, al servicio de minusvalidos, aquí nadie nos molestará-me dijo el chico.

Entra en el baño, y yo me acerco. Nada más entrar yo, me cierra la puerta tras de mí y echa el cerrojo.

-Ponte de rodillas, maricón.

En otro momento hubiera pensado que este tío es un gilipollas. Pero ya no tenía suficiente sangre en la cabeza para pensar.

Le obedezco mientras él se desabrocha el cinturón. Le acaricio sus fuertes muslos por encima de la tela vaquera, pero me aparta las manos.



-No te he dado permiso para tocarme, zorra. Las manos a la espalda.

Tiene razón…ya soy su zorra…Con la respiración entrecortada le miro mientras se desabrocha los botones del pantalón. Lleva unos bóxer ajustados. Negros, creo, mi vista no capta el color, solo en increíble tamaño de lo que guardan en su interior. Sin mediar palabra me coge del pelo y me aprieta la cara contra su paquete, con los boxers puestos. Huele a sudor y a sexo. Recorro con la lengua todo el bulto humedeciendo la tela.

Después me aparta la cabeza, se quita los pantalones y los boxers del tirón. Y me pone su polla en mi cara, un pollón de 20 cm que me hace babear.

-Saca la lengua-me dijo

Con la lengua fuera

comienza a darme golpes con su polla en la lengua y en la cara sin soltarme del pelo. Me coloca sus

duras pelotas en la boca y las lamo con avidez. Estoy fuera de mí pero él no pierde esa sonrisa que me

turba tantísimo. Y por fin llega el momento. Me la mete hasta las pelotas. Su capullo choca contra mi

campanilla provocándome arcadas, pero él no tiene la más mínima intención de parar. No quiere que se

la chupe, quiere follarme la boca como una zorra, como su zorra.

La saliva me cae por las comisuras de los labios mientras su enorme miembro viola mi boca.



-Así perra. Ahgg Cométela entera. ¿Te gusta zorra?



Le hubiera contestado. Pero es de mala educación hablar con la boca llena.

Cuando se cansa de destrozarme la boca me hace ponerme a 4 patas. Tengo unos segundos de pánico.

¿Ese cipotón sin lubricante? Pero a él eso le importa una mierda. Se coloca detrás de mí, me baja los

pantalones, me da una cachetada en el trasero y sin dejarme respiro empieza a meterme el capullo. Solté un pequeño de dolor.

-Pshh! No hagas ruido cabrón que nos van a pillar-me dijo.

Pese a su advertencia no dejó de hacer fuerza para meterme la polla en el culo. A los pocos segundos tenía su

pollón metido hasta el fondo mientras tengo que morderme los labios para no gritar. Después de unos

segundos de acomodamiento comienza a moverse dentro de mí mientras me agarra fuerte de las

caderas. Intento como puedo soportar el dolor porque sé que lo bueno viene después. Pasados unos

minutos empiezo a acostumbrarme a sus embestidas que adereza con azotes en mis nalgas. Mis gemidos

van ganando intensidad a la vez que su follada se hace más salvaje. Me mete y me saca la polla casi

entera. No puedo evitar empezar a gemir. Estoy fuera de mí.

-Ahhh, sí, sí, sí, ahhh-digo yo, con la cabeza fuera de mí y sin pensar en que nos pueden oír.

-Eres un marica muy escandaloso joder- me increpa con enfado mientras noto que sale de mi

culo por completo. Rezo por qué no se le haya cortado el rollo. Se pone de pie y se acerca hasta donde tiene sus pantalones y sus boxer, coge sus boxer con la mano derecha y viene hacia mí.



-Ahora vas a ser más discreta maricona – me dice sonriendo.

Me mete su bóxer en la boca. No me lo puedo creer. Saben a preseminal y huelen a sudor, a macho y a semental.

Inmediatamente me vuelve a meter la polla y me folla el culo más fuerte que antes si cabe. El placer es

indescriptible. Si antes estaba ido y caliente, ahora estoy en extasis, como si estuviera en otro lugar. Solo quiero estar ahí siempre y ser su puta. Sí, Oh dios!



De pronto un golpe en la puerta hace que se me hiele la sangre.

-Cariño, ¿estas aquí? ¿Estas bien?- Inquiere la voz de mi novio con preocupación.

Me quiero morir. Me saco los calzoncillos de la boca. Pero ¿Qué hace este hijo de puta? No para sus envestidas. Me saca su polla de de una vez y me la vuelve a meter de golpe continuamente. Sabe que mi novio está en la puerta y no piensa dejar de follarme el culo. Le miro y me

embiste cruelmente mientras esa sonrisa no abandona su cara.

-"Si"-respondo intentando modular la voz, tengo que disimular los gemidos de placer que este cabrón me está dando- Solo estoy un poco mal del estomagooo-un escalofrío me recorre la espalda mientras me pellizca los pezones por encima de la camiseta-vete para el bar y veme pidiendo una manzanilla, por favorrr (por lo que más quieras vete, pienso)

-Ok. Pero no tardes-me dice mi novio.

Bajo la cabeza e intento no gemir mientras el cabrón sigue enculando sin inmutarse. Pasados unos segundos, dejo salir mi angustia con un gemido de placer.

-Ahhhhhh.

Intento reponerme un poco para dejarle claro a este tío que conmigo no se juega así.

-Oye....- iba a decirle algo. Pero él ya ha cogido los bóxer del suelo y me los mete de nuevo en la boca.

-Así me gustas mas perra.

Se vuelve a colocar detrás de mí y me vuelve colocar su polla en el culo. No creía que pudiera ir más rapitdo que antes, me equipové. Sus huevos chocan contra mis nalgas, y se oye en el baño como chocan. Con sus manos entre mis nalgas, me enpieza a mover de arriba a abajo rapidamente. Así estuvimos un momento. Hasta que me se saca su polla y hace de que me tienda bocabajo en el suelo. Pone mis piernas en sus hombres y me vuelve a introducir su polla en mi culo. Me quita los boxer de la boca y me besa mientras me folla, estamos así un momento. Lo miro a us ojos y sus ojos marrones claros me dejan hipnotizados, le acarizo su pelo con mis manos. Es un chico precioso y hermoso, y es muy bueno follando, es un gran semental y se nota. Me gusta ser dominado mientras me follan. Después, nos volvemos a poner a cuatro patas y me pone sus boxer en la boca otra vez. Mientras me folla, me da unos cuantos cachetes en las nalgas.

El corazón me late a mil por hora, casi no puedo respirar…sus bóxer en mi boca ahogan mis gemidos, me

vetan el aire, pero sobre todo me excitan…la cabeza me da vueltas y siento que mis músculos se

agarrotan, me siento morir…la petite morte…por primera vez estoy completamente de acuerdo con los franceses… me corro sobre el suelo sin tocar mi polla… también por primera vez A los pocos segundos noto como por primera vez empieza a gemir y sus muslos se tensan. Sus embestidas se hacen más rápidas y su espalda se curva.

Con un pequeño grito comienza a descargar en mi dolorido culo. Tras unos segundos de pausa saca su pollon dejándome chorreando leche. Relajo mis músculos y me quito los calzoncillos de la boca, pensando que ha sido el mejor polvo de mi vida cuando de pronto me mete los dedos por el culo. Mete dos dedos por mi culo y recoge el semen y me los mete en la boca para que los lama. Se pone de pie, coge sus pantalones, se los pone, después su camisa de tirantes. Se acerca a mí, me da agarra de la cabeza y me da un beso en la boca.

-Ha sido un buen polvo, me lo he pasado bien contigo-me dice mientras me estiende la mano con los boxer- Los bóxer te los regalo de recuerdo marica.

-Gracias-respondo a los cinco segundos, pero él ya ha salido cerrando la puerta tras su paso. Me doy cuenta que es de las pocas

palabras que le he dirigido. Cojo los bóxer y los empapo de mi semen, que ha caído en el suelo, y el suyo, que ha salido de mi culo.

Me los llevo a la boca mientras recupero el aliento.
Leonos Escorts