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Relatos Eróticos Gays

Con el chico de la limpieza
Relato enviado por Angel

Hola mi nombre es Angel, no es mi nombre verdadero, pero la historia que voy a contar si lo es. Me sucedio en los baños de un instituto de investigaciones en Mexico D.F. Estuve asistiendo a este lugar como personal de apoyo durante una semana para un curso que estaba impartiendo la empresa para la que trabajaba. En realidad mi labor sólo era sentarme en la parte de atrás de la sala y esperar a que los asistentes al curso tuvieran algún problema con su computadora para ayudarlos a resolverlo y así no atrasar al instructor. Para mi suerte esto casi no sucedía, de manera que yo prácticamente iba sólo a descansar.
El segundo día del curso como a media mañana salí al baño mientras el instructor explicaba un tema. El baño se encontraba a unos cuantos metros saliendo de la sala pasando por un pasillo, y justo antes de entrar al baño ví a un chico de los que trabajan para las empresas de limpieza haciendo sus labores en las oficinas que ese encontraban pasando el pasillo.
El chico tenía como entre 18 y 20 años, era delgado, de facciones afiladas, media como 1.70 mts. cabello negro lacio pero abundante, sos ojos grandes y con las pestañas medio rizadas y de tez blanca pero de esa piel que tiende a ponerse rosadita. Vestía su uniforme y como siempre les dan unas tallas más grande no se veía muy bien definido su cuerpo, pero como llevaba el pantalon fajado al estilo de los skatos (abajo de la cadera y su ropa interior de fuera) pude notar que tenía las caderas afiladas y escurridas justo como me gusta.
Me detuve a observarlo por unos segundos, tiempo suficiente para que él lo notara y ví claramente como se puso algo nervioso y trato de esquivar mi mirada, pero luego volvió a buscarla de nuevo como para asegurarse de ser él a quien estaba mirando. Entré al baño, hice lo mío, terminé y salí normalmente como si nada, pero antes de que entrara a la sala del curso volví la mirada para verlo de nuevo y lo atrapé viéndome desde el otro lado del pasillo, aunque él nuevamente esquivo mi mirada. Pero con eso fue suficiente para que me diera cuenta de que podría buscar algo con él.
El siguiente día más o menos a la misma hora noté que el chico estaba limpiando unas puertas de cristal que se encontraban justo afuera de la sala del curso, de manera que podía ver hacia adentro ya que la puerta se encontraba abierta. Decidí ponerme junto a la puerta y observarlo hacer sus labores. De cuando en cuando él respondia a mi mirada y yo aprovechaba para tocarme el paquete mientras el se quedaba mirando como lo hacía. Para mi suerte en ese momento el instructor inició un tema que llevaría como 45 minutos explicarlo antes de hacer ejercicios, por lo que le hice una seña dándole a entender que iría a tomar un café.
Sali entonces de la sala y ví al chico, que ya había terminado con los cristales, limpiando la entrada del baño por lo que decidí preguntarle si podía entrar, a lo que él con pena y notablemente nervioso respondió que sí. Eso era lo que más me llamaba la atención de él, su aire de inocencia, de esos chavitos que no son muy sociables y que por su edad y poca experiencia te dejan llevarlos de la mano por los placeres sexuales y te permiten experimentar lo que quieras con ellos.
El caso es que entré al baño y a los pocos segundos el detrás de mí pude notar que no había nadie y me quedé parado junto a los lavamanos como si me estuviera lavando mientras él hacia como que limpiaba detrás de donde yo estaba. Pero más bien me estaba viendo por el espejo. Entonces fui directo y le pregunte: "Te gusto?", a lo que él, con voz entre risueña y nerviosa, respondió que sí.
Eso me puso al 100 y sin pensarlo le pregunté que si lo habia hecho antes con alguien más. El dijo que sólo una vez, así que le pregunté si le gustaría tener algo conmigo, y mientras lo hacía me comencé a tocar la entrepierna. Él se quedó viendo cómo lo hacía y después de unos segundos de duda y con su mirada tímida me dijo que sí.
Sacó entonces de una bodega uno de esos letreros que prohíben el paso cuando se esta limpiando el baño, lo puso en la entrada y cerró la puerta, de manera que tendríamos el baño para nosotros solos por un buen rato.
Se acercó a mí, yo me recargue de los lavamanos y comencé a besarlo, se notaba su falta de experiencia, pero eso es mucho mejor, porque así puedes enseñarles a hacer las cosas como a ti te gusta. Se supone que debería describirme, pero no lo haré por completo para que me imaginen como les guste, sólo dire que soy alto (1.80 mts), de tez blanca y que mi pene erecto mide 17 cms y que es bastante grueso.
Continuando, mientras nos besábamos pude comprobar que él sí era muy delgado, pues con mis manos comence a recorrer su cuerpo desde su espalda hasta sus piernas, pasando por su pecho, su estómago y su trasero. Lo separé un poco de mi para quitarle la camisa del uniforme descubriendo un hermoso cuerpo lampiño de piel suave y rosada. Seguí entonces besando sus hombros, bajé hasta su pecho y comence a morder y lamer sus tetillas mientras que con mis manos recorría su espalda, sus caderas y apretaba sus nalgas por encima del pantalon. Mientras él con sus manos agarraba mi pene totalmente erecto también por encima del pantalón. Se veía que estaba exitadísimo, yo le preguntaba que si le gustaba y que si se dejaría hacer lo que yo quisiera, y él con su carita de placer me decía que sí, que le gustaba mucho.

Después de un rato de estar así, fui yo quien decidió quitarse la camisa pues él no se decidia a hacerlo. Después con mi mano llevé su cabeza hacia mi pecho indicándole hacer lo mismo con mis pezones. Mientras esto sucedía bajé el cierre de mi pantalón, saqué mi verga completamente erecta y la puse en sus manos para que jugara con ella, cosa que por lo visto él si sabía hacer muy bién, se notaba que le gustaba jalarle el cuello al ganso.
El chico era muy buen aprendiz pues hacía lo que le pedía tal como lo había hecho yo con él, mordisqueando primero mis pezones ligeramente con los dientes y pasando rápidamente la punta de la lengua después. Aflojé entonces su cinturón y deje caer sus pantalones, quedando al descubierto unas piernas delgadas y con poco vello que me encantaron. Además de que el chico traía un boxer de algodón suave que ya tenía una tremenda carpita, su pene no era muy ancho aunque sí algo largo como de unos 15 cm.
Mientras el seguía con su tarea en mis pezones comencé a masajear sus nalgas con ambas manos o con una mientras lo masturbaba con la otra. Sinceramente yo prefiero las nalgas pequeñas, me excita mucho cuando puedes agarrar cada una completamente con una mano y masajearlas por separado, y era exactamente lo que estaba haciendo con él: agarrándolas y masajeándolas a mi gusto.
Después acerque el dedo medio de mi mano derecha a su boca para que lo chupara y mientras con la otra mano estaba preparando su orificio para introducir mi dedo. Él lo entendió, de manera que abrió las piernas hasta donde sus pantalones se lo permitían, así que acerqué mi dedo recién lubricado con su saliva a su ano y poco a poco lo fui introduciendo mientras disfrutaba viendo su rostro estremecerse al sentir esto.
Él verdaderamente lo estaba disfrutando. Le pregunté que si le gustaba y el asintió con la cabeza mientras cerraba sus ojos. Aproveché para acercarme a sus labios y continué urgando en su orificio mientras lo besaba y urgaba con mi lengua en su boca. Decidí entonces sacar mi dedo de su ano y le dije que nos quitaramos los pantalones y la ropa interior, pero le pedí que se quedara con los zapatos puestos con el argumento de que no se nos fueran a enfriar los pies, pero mas bién es porque me gusta coger con los zapatos puestos, no sé porqué pero me excita: es como mi fetiche.
Le pregunté que si le habían hecho un beso negro y el respondió que no, que sabía que era, pero no se lo habían hecho. Así que le pedí que se volteara y que se recargara del lavamanos, me agaché detras de él, separé sus piernas lo suficiente y comence a besar y lamer sus nalgas, a lo que el respondió con leves gemidos indicándome que lo estaba disfrutando. Poco a poco me fui acercando a su orificio el cual estaba con poco bello y rosadito, separe sus nalgas con mis manos y desde donde terminan sus huevos recorrí lentamente pasando por su orificio hasta llegar a donde termina su espalda. Repetí esto varias veces presionando cada vez más hasta que logré introducir la punta de mi lengua en su ano y estuve jugando con el durante un rato mientras con mis manos acarciaba sus piernas, pantorrillas y sus nalgas, además de meter de nuevo mi dedo en su ano de vez en vez.
Despues le pedí que se inclinara para que me la mamara a lo cual el accedió inmediatamente. Se puso de rodillas sobre su pantalón y yo acerqué mi verga a su cara mientras me masturbaba, él saco su lengua para recibirla poco a poco y así la fui introduciendo casi por completo Después tomé su cabeza con mi mano derecha para empujarla suavemente al ritmo en que movia mis caderas mientras con la otra mano recorría sus labios que rodeaban mi verga mientras ésta entraba y salía al mismo ritmo de su boca. A veces yo no me movía para verlo a él tragársela solito y a veces detenía su cabeza con mis manos para envestir su boca con mis movimientos como si lo estuviera cogiendo.
Le pedía que sacara la lengua y yo jugaba dándole pequeños golpes con la punta de mi verga. Era muy exitante estar viendo esta escena en el espejo ya que estabamos de perfil hacia él. Ademas él era muy obediente y accedía a todo lo que yo le pedía. Le dije que sería rico poder penetrarlo, pero que yo no llevaba condones para hacerlo. Él de inmediato se saco mi verga de la boca y busco en su pantalon de donde saco un un condón. Se puso de pie y mientras me lo daba dijo: metémela por favor! la tienes grande y quiero saber que se siente tener una así adentro. Después de lo cual se volteo y se apoyó en el lavamanos, pero yo le dije que así no lo haríamos. Lo volteé hacia mí de nuevo, lo cargué mientras lo besaba y lo senté en los lavamanos, así seguí besándolo mientras recorría sus piernas con mis manos. Tome sus pantorrillas y poco a poco fui levantándolas hasta quedar a la altura de mis hombros. Lo recosté hacia atrás y fui bajando con mis labios hasta llegar de nuevo a su orificio. Era muy excitante ver en el espejo sus piernas sujetadas de los tobillos por mis manos y con sus zapatos puestos, que más bién eran como botas mineras negras.
Lamí su orificio hasta dejarlo bien lubricado y me coloqué el condón, después abrí sus nalgas y poco a poco fui introduciendo mi verga todo lo que pude, pues su cara reflejaba dolor. Lo hice lentamente hasta que él me dijo que el dolor había pasado y entonces comencé a darle lentamente mientras él gemía muy rico. Pellizcaba sus tetillas, agarraba sus nalgas abriéndolas lo más que podía, las masajeaba, recorría sus piernas con mis manos y las besaba. Así estuvimos como 10 minutos y le dije que quería venirme en su cara y no dentro de él. Y el accedió a hacerlo, así que se la saqué, le pedí que se sentara sobre su pantalón con la cara hacia arriba y comencé a masturbarme con una mano mientras que con la otra recorría su cara. Él simplemente me veía con mucha exitación esperando a que le indicara que cerrara los ojos mientras que se masturbaba y tocaba sus tetillas. No pasó mucho cuando empecé a venirme y él cerro sus ojos y labios y así pude venirme deliciosamente sobre su rostro el cual quedó bañado en de mi leche desde la frente hasta el cuello. Al mismo tiempo su exitación fue tanta que también terminó por venirse sobre su ambdómen. Yo aproveché para tomar con mi mano su leche y la mía y untarla sobre su pecho, mientras lo besaba. Después le pasé papel para que se limpiara todo el semen que tenía. Nos vestimos de nuevo y nos dimos un gran beso. Me dijo que él saldría primero y que esperara un par de minutos antes de salir para que no se viera que estabamos juntos en el baño. Nos despedimos con un gran beso. Me termine de arreglar y finalmente salí y regresé a la sala del curso relajado y tranquilo como después de haberme tomado un excelente café. El curso sólo duró un par de días más, pero ya no hubo oportunidad de hacerlo de nuevo excepto por un día en que entré al baño y él me vió y entró detrás de mí. Pero como lo habían mandado a hacer la limpieza de otro piso sólo pudimos besarnos y masturbarnos rápidamente.

Espero les haya gustado esta deliciosa experiencia que tuve.

Ale, un amigo muy caliente
Relato enviado por Fabio

Hace un tiempo atrás la empresa en la cual trabajo nos mandó a mí y a un compañero de trabajo (Alejandro) a una convención que se realizaba en Miami.

Me llamo Fabián y no tenía muchas ganas de viajar ya que hacía poco me había peleado con mi novia y no estaba de énimo, pero Alejandro me alentó a que no lo dejara solo. "Si vos no vas, me aburriré como una ostra en el Mar Muerto y si vas me comprometo a hacerte un regalito" me dijo.

Su carita me conmovió. Y dije "bueno esta bien".

Alejandro tiene 23 años, mide como 1,80, ojos negros profundo y muy buen lomo. En donde yo vivo, Montevideo, es todo un ganador. Muchas veces me llamaba para que saliéramos juntos a tomar algo o bailar, pero me molestaba un poco, porque siempre entraba en la disco y a los 10 minutos enganchaba una mina y se borraba. Yo tengo 28 años, mido 1,75, y ojos verdes. Para algunas personas soy atractivo.

Llegamos a Miami y nos fuimos al hotel. Yo quería una habitación para cada uno, pero nos metieron en una doble. Ale estaba contento, estuvo "coqueteando" con una azafata la cual le pasó su teléfono, pero la chica seguía para Europa. Él aún así estaba contento, porque era otra conquista.

De noche salimos a tomar algo. La convención empezaba al otro día. Nos recomendaron una discoteca cerca del hotel. Cuando llegamos Ale se puso a tomar vodka con martini al igual que yo. La música aturdía y en el tercer trago, Ale ya bailaba solo. Al poco rato se me desapareció de la vista y lo que veía no podía creerlo. Mi compañerito de laburo estaba sobre uno de esos cubos que hay en las discos, bailando sin camisa. Al principio me reí, pero después, y no sé por qué, lo empecé a mirar con otros ojos. Como si nunca lo hubiera conocido. Entre el humo, las luces y el alcohol, me di cuenta que Ale era un tipo muy sensual, con un movimiento de caderas bárbaro y un cuerpo muy bien formado. Quizás no me había dado cuenta porque en Montevideo, era un chico que siempre se comportaba "normal".

De repente alguien me golpeó en el hombro. Era una chica la cual se puso a hablar conmigo, de dónde era, qué hacía... lo de siempre.

De repente me di vuelta y Ale había desaparecido. Me supuse lo de siempre... enganchó a alguien. A la chica le dije "chau" y decidí volver al hotel.

Abrí al puerta de la habitación lentamente y sentí unos quejidos. Lo que suponía, Ale se había traído a su "conquista" al hotel. Pensé en irme, pero decidí no hacerlo. Ale no podía hacer siempre lo que él quisiera. Por lo menos miraría su "show". Todo estaba en penumbra y los dos cuerpos se movían en la cama. Pero había algo que no me convencía y fue cuando me di cuenta, Ale estaba en la cama pero no con una mujer sino con un chico. No lo podía creer. Mi amigo con los ojos cerrados disfrutaba cuando el boy le chupaba la pija lentamente.

Me empecé a excitar, me excitaba ver cómo Ale gozaba. Y lentamente me comencé a sacar la ropa. Tenía unas copas de más, quizás por eso lo hice. Yo miraba al chico cómo se la chupaba, pero cuando lo mire a él, sus ojos estaban clavados en mí. Ale volvió a cerrar los ojos. Me acerqué lentamente a la cama y comencé a tocar el cuerpo del "nuevo amigo". Sin sacar mi mirada de los ojos de Ale, que los volvió a abrir, llevé mi mano hacia el agujero del chico. Estaba todo lleno de crema y le comencé a meter un dedo. El chico gemía y le chupaba a Ale cada vez más fuerte, yo con la otra mano me pajeaba. Entonces recordé que dentro de la mesa de luz había un condón. Lo busqué me lo puse y comencé a meterle al boy mis 18 cm.

Tenía un agujero recaliente y bien abierto, por lo que supuse que Ale ya había estado ahí. De repente el chico me sacó la pija de su culo, y se sentó sobre la pija de Ale, que mide como 20 cm, la cual estaba protegida por un preservativo. Se puso bien inclinado y me di cuenta. Quería las dos pijas adentro. Y las tuvo.

Era increíble, el pedazo de Ale y el mío dentro de ese boy. "Acabo" grité y saqué mi pija, Ale hizo lo mismo se sacó el condón y un chorro impresionante de leche terminó sobre su cuerpo. El chico le acabó también encima. Ale se levantó y se fue al baño. El chico tomó su ropa y salió por la puerta. Yo quedé sobre la cama impactado por lo que había pasado. Y esto no sería nada, lo que vendría sería aún mejor.

Sentí la ducha y Ale dijo: "Fabián, te querés duchar".

Me gustó esa actitud suya como si nada hubiera pasado. Entré al baño y vi cuando él salía. Le sonreí y me sonrió. Cuando salí de la ducha estaba sobre la cama, desnudo y me preguntó: "Qué te pareció, este era el regalito que te prometí".

Y me comenzó a besar. Estaba que tocaba el cielo, jamás me había sentido tan bien. Comenzó a bajar lentamente sobre mí y me comenzó a chupar la pija. Lo hacía muy bien. Llegó a los huevos y entonces su lengua pasó a mi agujero. Me quedé quieto, no sabía qué hacer pero adivinaba su intención. De abajo de la cama sacó un pote con crema y me comenzó a meter con un dedo la crema adentro del agujero. Entonces y para mi sorpresa, se puso en posición de 69, con su culo sobre mi cara y me pasó el pote de crema. Quería que hiciera lo mismo y lo hice. Tenía un culo divino, muy firme y con un agujerito rosado. Yo le metía un dedo y él también. Así lo hicimos hasta llegar a los tres dedos cada uno. De repente me dijo,"ahora viene lo mejor". También y de abajo de la cama sacó un consolador, esos que son una larga pija con dos cabezas. Yo los había visto en las películas pero nunca "en vivo y en directo".

Se puso acostado frente a mí, y vi como se lo metía en el culo y con la otra punta buscaba mi agujero. Lo logró y sentí como aquel "pijón" entraba en mi culo y se deslizaba lentamente gracias a la crema que me había introducido Ale y al "magistral" trabajo con sus dedos.

Mi amigo gemía y se pajeaba y yo hacía lo mismo. Cada vez nos acercábamos más, lo que hacía que el consolador ingresara en nuestros agujeros. Ale comenzó a lanzar chorros de leche lo me llevó a que yo hiciera lo mismo.

Nos sacamos el consolador y nos dormimos. Antes de cerrar los ojos me di cuenta de que mi viaje iba ser divertido.

La mañana siguiente fue aún más caliente. Pero eso es otra historia....
El padre del alumno
Relato enviado por Poker123

El señor Rodriguez salió de su casa un poco mas temprano que todas las mañanas. Ese día había decidido pasar por la escuela de su hijo. Luego de haberse despedido de la esposa que aún dormitaba, salió a la calle donde el perfume de una nueva primavera abundaba y se podía oler a distancias.

El señor Rodriguez iba vestido de impecable traje marrón. Clásico. Debía tomar el ómnibus que pasaba frente a la escuela. El bus pasó puntualmente y eso no era costumbre en aquella ciudad.

El bigote prolijo, las manos limpias y uñas pulcras eran un distintivo en la presencia del señor Rodriguez. Le preocupaba su hijo que andaba un poco descuidado con la escuela y tenía que hablar con el profesor de ciencias sociales unas de las materias en que andaba flojo.

Bajo en la esquina que correspondía a la escuela. Noto que el sol estaba empezando a calentar y eso le hizo darse cuenta que empezaría a sudar. Sacó su pañuelo del bolsillo y se lo paso por la frente que ya empezaba a gotear.

Entró en el edificio escolar y avanzó hasta una oficina que decía “sala de profesores”. Se detuvo en la puerta y golpeó suavemente. La puerta se abrió y pidió hablar con el profesor de ciencias sociales. Le dijeron donde podía encontrarlo y allí se dirigió

Golpeo nuevamente esa otra puerta y del lugar salió un joven sonriente. Lo hizo pasar y se sentaron frente a frente, escritorio de por medio.

__Señor profesor, soy el padre del alumno Rodriguez

__Ezequiel… Ezequiel Rodriguez…

___Sí__ contestó el padre.

__Me presento__ dijo el joven y el señor Rodriguez se sonrió __Nahuel Benitez

__¡Oh! Claro, encantado__ estrechó la mano el señor Rodriguez

__Ezequiel no es un mal chico

__Claro que no, un poco, tonto

__En el sentido que el cree que es vivillo

__Exacto profesor, usted entiende

__¿Un café?__ preguntó el profesor

__Sí claro, gracias, profesor

__Llameme Nahuel hombre__ el chico mostró una gran sonrisa y ese fue un cosquilleo en el vientre del señor Rodriguez que seguía sudando sin perder la compostura.

Lo observó por primera vez un poco mas detenidamente. La nariz suave, los pómulos rozagantes, una boca de labios marcados y gruesos. De estatura normal, hombros anchos. Cuando se puso de pie para servir el café miro su trasero de buen porte.

__Decía que su hijo no es un mal chico, está distraído tal vez, ¿Tendrá novia?

__No lo sé Nahuel, a mi no me ha dicho nada

__Hablan entre ustedes

__Para ser sincero, no mucho, vio como son los pibes a esa edad

__Sí, tal vez hablan más con otra gente que con sus padres, es cierto

__¿Usted , digo Nahuel podrá ayudarme con el?

__Pero claro hombre, por supuesto__ Nahuel se dio cuenta que el hombre sudaba a mares. __Quiere quitarse el saco señor Rodriguez__ comentó servicial

__No, no esta bien es que llega está época y sudo más de lo normal

__Espere__ dicho esto puso en marcha un ventilador de techo que refrescó el ambiente en minutos. Rodriguez se sintió aliviado y le cayó mucho mejor el muchacho.

__¿Mejor?

__Mucho mejor… qué propone usted profesor, digo Nahuel

__Que lo observemos, no lo agobiemos, yo le voy a seguir hablando, creo que se encaminará

__Hare lo mismo__ en eso el profesor estiró el cuello y lo movió de un lado a otro, como si algo molestara

__Perdón Nahuel, le molesta algo

__Es el cuello, lo siento duro, debe ser la tensión y la época

__Sin ningú animo, me dedico a hacer masajes, tal vez le ande faltando alguno

__Quizá, ¿Tendría algún turno?__ preguntó el profesor atento

__Si quiere llegarse a eso de las ocho, a esa hora estoy terminando y lo podré atender tranquilo

__Me parece bien

__Aquí tiene__ dijo Rodriguez, dándole una tarjetita

__Allí está dirección, teléfono, todo, en fin

Dicho esto el señor Rodriguez se levantó de la silla y Nahuel lo observó y le pareció más enorme que cuando había llegado. Observó las grandes y cuidadas manos, la pulcritud en su vestir, el perfume que le llegaba del cuerpo masculino lo fascino sin saberlo. El señor Rodriguez salió de la oficina y se marcho.

Pasaron las horas. El trajinar del día fue cayendo. Nahuel miró la tarjeta. Espero el colectivo en la esquina de Savio y Garibaldi, allí subió. Hizo el recorrido que lo llevaba al encuentro con el señor Rodriguez sentado, extrañamente no subió mucha gente en ese viaje. Bajó en la esquina correspondiente. Cruzó la plaza y entró en el edificio amplio. Entró en el ascensor y bajo en el cuarto piso. Busco el departamento H. toco a la puerta.

El señor Rodriguez abrió la puerta. El corazón de Nahuel dio un respingo. El hombre se encontraba en bata. Una bata clara y al parecer sedosa.

__Entra Nahuel__ dijo el hombre

__¡Buenas! ¿Cómo está señor?

__Muy bien, no te asustes pero estoy en ropa de trabajo, ¿Te incómoda?

__Claro que no

__Bien, bien , pasa, pasa… Allí tienes una toalla, necesitaré que te pongas cómodo

__¡Ah! Muy bien, muy bien__ diciendo esto, Nahuel, entró en el baño. Se sentía cómodo y a la vez excitado. Ese hombre tenía algo que le gustaba. Cuando salió el señor Rodriguez le preguntó si quería tomar algo

__Yo me serví un whiskicito, ¿Quieres?

__Esta bien, con hielo

Sintió el ruido del hielo y el líquido al caer en el vaso. Miro a su alrededor y el ambiente era grande. Bien iluminado. Observó que la camilla de masajes era mas bien una cama bastante mas grande que las que suelen usarse. El señor Rodriguez le alcanzó el vaso, chocaron las copas, bebieron unos tragos.

__Bueno, empezamos__ invito el hombre__ acóstate por aquí boca abajo.

__Muy bien__ Nahuel se acostó y el señor Rodriguez apreció en esplendor el culo del joven, sintió el primer cosquilleo en su virilidad.

Comenzó a poner un aceite en la espalda blanca del joven. Acarició levemente los hombros y fue haciendo círculos en la piel del muchacho que se relajaba al mismo tiempo que su piel se electrizaba con las manazas del hombre en su cuerpo.

El señor Rodriguez puso una suave música, apenas audible. Corrió hacia abajo la bata. Roció la cola dura con el aceite fragante y apretó con sus dedos. Pellizco suave las nalgas y Nahuel sintió el choque erótico en su verga que busco endurecer. Las manos corrieron por los muslos, hasta la mitad de las piernas del joven y el señor Rodriguez volvió a subir hasta el culo del joven. Abrió los cachetes, paso un dedo por el agujero, casi imperceptiblemente. El suspiro de Nahuel lo dijo todo. Eso le encantaba y esperaba más. Allí fue el señor Rodriguez y acarició mas fuerte, ahora deteniéndose en el anillo fresco. Su verga levantó la bata. Se la quitó y quedó desnudo. Nahuel no se había dado cuenta porque estaba como en un sueño. Con los ojos cerrados. El hombre hundió despacio un dedo en el orificio, entró sin resistencia. Lo metió completo y comenzó a entrar y sacar. El joven se movía penetrándose solo. El señor Rodriguez se fue moviendo hasta colocarse frente al chico. Arrimó su pija tremenda hasta los labios del joven profesor. Este lamió la cabeza y escuchó el fuerte respiro del hombre. Lentamente fue tragando la poronga. Mientras era penetrado por el dedo del masajista. Ya la boca se había tragado la pija y chupaba con desesperación. Con tremenda gana. La lengua se detenía en la cabeza del señor Rodriguez que brillaba y nuevamente tragaba el sable, duro como piedra. El señor Rodriguez se sacudía en estertores de calentura gutural, con desesperación. Ese muchacho chupaba la verga mejor que su esposa.

Ahora Nahuel sentía dos dedos del hombre en su ojete horadado, caliente y volcánico. El joven ahora estaba agarrado al mástil y acariciaba los huevos de Rodriguez, los tocaba, los apretaba suave y comía la pija. La masajeaba, chupando sin descanso y escuchando que el hombre gemía y gemía. El grito del hombre cubrió todo el departamento, cuando la leche comenzó a salir, el joven no dejó escapar gota alguna, trago y trago sin descanso. Los dedos del hombre salieron del culo del chico y en unos minutos quedaron casi temblando. El hombre aún de pie con su verga bamboleante y el chico pasando la lengua como a un helado que buscaba derretirse pero no.

El señor Rodriguez se tumbó al lado del chico. Los dos desnudos. Se miraron, calientes el chico acercó su boca a la del hombre y se fundieron en un eterno beso. Las lenguas se chocaban sin descanso. El señor Rodriguez tomo la verga del profesor y lo masturbó. Lo acarició, jugó con el animal endurecido y rígido. Hurgo en sus huevos. Después fue metiendo en su boca el fierro de Nahuel que se sacudía ardiente y salvaje. Las manos atrevidas del joven llegaron al trasero enorme del hombre, este se abrió como una flor ante el muchacho, lo dejo hacer. Nahuel acarició el oscuro agujero del señor Rodriguez. Entró con sus dedos finos en el él, sintió que el hombre gozaba, la verga comenzaba a erguirse nuevamente y el empezó a besar alternativamente aquella pija y el hueco, recorriendo los testículos jadeantes del señor Rodriguez. Llenó la boca del hombre con su tibio semen. El señor Rodriguez se bebió el néctar y su poronga se sintió más febril. Busco el agujero del chico, lo acostó boca abajo y estuvo un rato besándolo y abriéndolo con la lengua. Luego de unos instantes apoyó la cabeza de su verga, el chico se fue moviendo deseoso, y el hombre fue entrando despacio, Nahuel gemía y se aferraba a los enormes brazos del hombre, empujaba con su cola blanca al instrumento del hombre que entró en el túnel por completo y se aferró al pecho del chico. Rozó con la punta de los dedos las tetillas duras. El muchacho lanzó gemidos y suspiros y exclamaciones calientes, aún más cuando sintió el chorro hirviendo en su cola abierta y dispuesta. La boca del hombre mordió el cuello, beso, exclamó ardiente hasta casi desfallecer y luego quedó quieto dentro del chico que también entró en una somnolencia feroz de deseo cavernícola, animal.

Cuando Nahuel despertó estaba solo. Ya era muy tarde. Se duchó. Encontró una nota que decía que podía quedarse cuanto quisiera. El debía regresar a su casa. Además había un juego de llaves.

Pasaron los días. Una tarde de esas el señor Rodriguez entró al departamento donde trabajaba dando masajes, esa tarde de sábado la tenía libre. Cuando entró se quedó inmóvil. Se encontró con Nahuel con una pollerita muy corta, culo para arriba, limpiando el piso. El señor Rodriguez observó sin apuro. Fue quitándose la ropa. Por sobre el hombro de vez en cuando lo miraba Nahuel, deseando. Su cola húmeda de calentura y cremas estaba lista. La verga del señor Rodriguez lo tomo por asalto así como estaba de rodillas. Lo penetró sin rodeos y el aulló de placer. El hombre lo bombeaba sin parar, con ritmo loco y frenético. El chico se mordía los labios y gemía. El señor Rodriguez mojaba la oreja y abrazaba fuertemente al muchacho que recibía la pija feliz y enardecido. En un momento lo levantó en vilo así enculado como estaba y se sentó en el sofá más próximo. El muchacho se apoyó en las rodillas del hombre y se sentaba sobre el hierro y volvía a levantarse. Luego de un rato apoyo los pies en el suelo y la clavada era más lenta, más suave. En un momento Nahuel se sacó la verga del culo giro y volvió a metérsela pero está vez de frente al hombre. Lo beso en la mejilla, luego llegó a la boca del hombre, las lenguas se encontraron. El muchacho lamió las tetillas del hombre. Las saboreaba, las mordía y volvían a buscarse las lenguas. Lentamente el hombre fue descargando dentro del chico que lo sacudió al señor Rodriguez hasta dejarlo sin aliento.

Se quedaron pegados un buen rato. Se besaban. La verga del chico estaba dura, apoyándose en el cuerpo del hombre. Este salió del culo del chico. Llegaron a la cama y se tiraron. El señor Rodriguez atrapó la pija del chico. La tragó sin descanso. Beso los huevos del muchacho que se retorcía como un pez herido. El hombre de repente llevó la mano del chico hacia sus nalgas. Nahuel comprendió, y hurgó en sus cachetes, llegó al objeto, primero lo acarició, luego busco entrar en el hoyo, sus dedos húmedos de líquidos entraron al hueco, se hundía allí sin remedio. El señor Rodriguez dejo la lanza de muchacho y se colocó con la cola para arriba. Levantó el culo. El chico agarró las caderas, apoyo la punta de la pija en la entrada del hombre y presiono, la verga fue entrando despacio y el hombre gemía diciéndole que siguiera clavándolo. El muchacho se prendía de las caderas del señor Rodriguez y lo cogía sin descanso. Entraba y salía. Se detenía y volvía a empujar

__¡Ayyy! ¡Asiiii! ¿Qué rico mi machito! ¿Dale cogeme, cogeme!__ así gritaba y repetía el decoroso señor Rodriguez mientras la vergota del chico iba y venía dentro de el.

El chico sacó la poronga del hombre. Este dio un giro quedó de frente al muchacho. Levantó las piernas y las apoyo en los hombros de este, así el hombre fue embestido otra vez y la verga se perdió en las profundidades de su culo pasional. El chico golpeaba una y otra vez los huevos en las nalgas del hombre cuyos gemidos soltaban y llenaban el aire del departamento. Nahuel dio unas sacudidas, vibro, se estremeció y la leche llenó el ano del señor Rodriguez. El chico cayó sobre le pecho del hombre, su verga se fue desinflando hasta salir de aquella envoltura. Los besos del chico llenaron la boca, las mejillas, el cuello del hombre. Se abrazaban sin descanso y rodaban por la cama sin control alguno.

Entrada la noche el señor Rodriguez despertó de su ensueño, y escuchó a lo lejos el correr de agua. Pensó que llovía, pero al tiempo se dio cuenta que era la ducha. Se levantó y allí se dirigió. Entro en el. Estaba Nahuel todo enjabonado. Desnudo. Único. Entró en la ducha el hombre y abrazo a la criatura por detrás. La pija del señor Rodriguez dio un respingo y se levantó de forma veloz. La del chico no tardó en seguirlo. Las manos agarraban carne y miembros, los dedos se hundían en agujeros conocidos y nuevos. Todo era pasión y encuentro nuevo, los huevos inflados se movían de un lado a otro. Las manos apretaban, sacudían, acariciaban. Las lenguas mojaban, lamían, chupaban. Al borde de la bañera el señor Rodriguez se sentó y sobre el se fue sentando Nahuel y el hombre lo penetró. Después cambiaron de posición y el que se sentó sobre el chico fue el hombre y la espada del chico enculó al hombre. Terminaron tirados en el piso regándose de semen, de leche, de néctar, se saborearon, se tomaron, no dejaron gota por beber y después de un rato volverían a empezar.

Por supuesto que al hijo del señor Rodriguez le fue mucho mejor en ciencias sociales. Ellos siguieron viéndose por años y años. Nunca vivieron juntos ya que el señor Rodriguez siguió viviendo con su señora esposa. Nahuel tuvo muchos amantes. Nunca vivió en pareja con nadie. Cuando el señor Rodriguez dejó este mundo el lo sintió mucho.-
Leonos Escorts