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Relatos Eróticos Gays

El novio de mi hija
Relato enviado por George

No sé cual fue la chispa que origino lo que voy a contar pero no me arrepiento de nada de lo que pasó y de lo que siguió a aquel primer encuentro. Fue una novedad que me ha devuelto el ansia adolescente por el sexo a mis 43 años.

Todo comenzó dos semanas después de que mi hija María cumpliera los 18 años. Ese día vino acompañada de un chaval de clase que nos presentó como su novio, con el que llevaba saliendo desde mediados del curso anterior.

Jaime, que así se llamaba, era once meses mayor y estaba en el mismo curso que mi hija. Era un chico algo pálido, con las mejillas rosadas, de mirada triste, con el pelo de un rojo muy oscuro y bastante tímido. Vestía de manera sencilla pero muy limpia y con la ropa muy cuidada. Cada vez que hablaba con él cuando venía a buscar a mi hija, se sonrojaba y casi tartamudeaba.

Mi mujer y las hermanas de mi hija estaban muy interesadas en él, y no tardaron en rodearlo y someterlo a un intenso interrogatorio que le aterrorizaba. Yo había estado en el gimnasio y había terminado de ducharme, cuando entró para vomitar por culpa de la tensión. Me pilló secándome, desprevenido y desnudo.

Entró a la carrera, me miró de arriba abajo y colocó la cabeza en la taza de bidet para comenzar a vomitar lo poco que tenía en el estómago. Me até la toalla a la cintura y le ayudé a incorporarse cuando acabó. Estaba pálido y asustado, apenas podía hablar, su mirada parecía perdida y las piernas no le sostenían muy firme.

Puede parecer una reacción exagerada, pero un chico tímido y asustadizo como Jaime sometido a examen por mi esposa y mis otras tres hijas, a cuál más cotilla de las cuatro, comprendo que le entrase el pánico.

Conseguí convencer a esta tropa de mujeres para que fueran a comprar unas pizzas para cenar mientras él se recuperaba. Incluso María insistió en sacarlas a todas y me le confió.

- Cuídale y no me pongas en ridículo.

Insistió muy seria antes de salir por la puerta.

Calculé que dispondríamos de algo menos de media hora de tranquilidad antes de que retornasen. Volví al baño donde aun estaba sentado en el taburete, cabizbajo, pálido y con los ojos húmedos. Me senté en la taza para que quedásemos a la misma altura.

- ¿Te sientes mejor?

- Lo siento. No quería…

- Chisss. No pasa nada. Te entiendo perfectamente. Mis chicas son capaces de espantar al mismísimo Rambo si se las deja sueltas.

Esbozó una sonrisa forzada y se me quedó mirando muy fijamente.

- Tengo que decirle una cosa muy importante que tiene que ver con su hija.

- Adelante.

Me pilló de sorpresa aquel tono tan serio y la mirada cargada de terror.

- En realidad… Yo no salgo con ella porque me guste…

Resopló y apretó los puños bajando los ojos. Estaba temblando.

- Ella dice que sale conmigo porque le gusto, pero yo creo que lo hace para dar celos a otros chicos.

Me resultó curioso como lo que ocurre en las series de televisión, también ocurre en la realidad. Tomó aire y clavó sus ojos en los míos.

- Yo salgo con ella… Porque… Verá…

- No tengas miedo. Dilo. No te voy a hacer nada.

- Verá. Yo salgo con ella porque me gusta usted…

- ¡¿Yo?!

Su cara irradiaba pánico igual que un delincuente que sabe que le han pillado y no tiene salida. Su respiración era agitada y sus manos se movían sin parar.

- Sí. Ella no lo sabe. Cree me gusta. Pero yo…

- ¿Yo te gusto?

Ni era ni soy precisamente un súper macho. Mido metro setenta, peso setenta y dos kilos, y sólo hago deporte tres días a la semana cuando salgo en bicicleta de montaña, unas veces sólo otras con un grupo de amigos. Incluso ya entonces empezaba a notarse el paso del tiempo en la barriga. Además soy bastante velludo en pecho, brazos y piernas.

- Sí. Verá, no es que no me gusten las chicas pero usted…

- No tienes porqué justificarte. Me halaga tu elección.

Aquello le sorprendió tanto que se le veía completamente incrédulo.

- No todos los días un joven de tu edad le dice a un cuarentón como yo que soy guapo.

- No. Bueno sí… Yo…

- Tranquilo. Ya has visto que no pasa nada. Has dicho lo que tenías que decir y no se ha caído el cielo. ¿Verdad?

Asintió con timidez, aun sorprendido por mi reacción.

- Pues continúa sin miedo.

- Yo… No sé como decirlo… Verá… Cuando he entrado le he visto así…

- Sí. Estaba secándome. Estaba desnudo. No pasa nada. Es normal.

- Ya. Sí. Entiendo… Pero yo… Yo… Bueno. Yo he soñado muchas veces con verle a usted… Desnudo.

La última palabra la dijo tan bajo que me la repitió al ver mi confusión.

- No hay problema.

Me puse en pie y me quité la toalla. Sus ojos me recorrieron de arriba a abajo varias veces mientras su boca colgaba como abobada. Mi pene estaba bastante crecido, pero no demasiado, y colgaba hinchado a palmo y medio de su cara.

- ¿Satisfecho?

- Sssí. Creo que sí.

- ¿Eso es todo?

Alzó la mano con timidez y se me quedó mirando.

- ¿Puedo tocársela?

Aquello ya empezaba a ser más serio. La cosa estaba empezando a subir la temperatura y mi pene no era inmune. Seguía creciendo y comenzaba a luchar contra la gravedad, elevándose lentamente.

- Adelante.

El chico deslizó los dedos alrededor del tronco como si estuviera tocando una reliquia o una joya. Casi se le caía la baba por la boca abierta.

- ¿De veras has soñado conmigo?

- Sí.

Dijo sin dejar de acariciar el miembro. Parecía abstraído contemplando como crecía delante de sus narices.

- ¿Qué sueñas?

Su ojos buscaron los míos mostrando miedo. Pero su mano no abandonó la carne.

- Yo…

- ¿Sueñas acaso que me acaricias la polla…?

- No… Bueno, sí. Pero… Yo…

- Prueba a decirlo de lo más suave a lo más fuerte… Yo te diré basta cuando creo que es demasiado.

Asintió de nuevo con la cabeza. Cerró los ojos y con sus dedos intenta rodear el pene, pero es demasiado grueso como para lograrlo. Luego los deslizó hasta la base donde se detuvo en memorizar mis testículos. Parecía abstraído, como en otro mundo.

- Muchas noches sueño con usted desnudo… Y yo de rodillas, también desnudo… Luego me ofrece su… Polla… y me ordena que la chupe.

-¿Es un sueño? ¿Lo quieres probar?

- ¿Puedo?

- Adelante.

Con su rostro transfigurado por la ilusión, se acerca al pene ya rígido y en pleno esplendor. Saca la lengua y besa la boca del cipote con una delicadeza digna de un artista. Luego recorre hacia abajo todo el capullo e intenta tragar lo que puede… Pero al igual que con sus dedos, es demasiado grueso. Comienza a descender besando todo el tronco cubriéndolo de saliva. Al llegar a la base, con la lengua recorre hacia arriba todo el trayecto recogiendo las babas.

El chico, que luego supe que era su primera vez, demostraba una intuición a la hora de poner caliente a un hombre. Mientras su boca se encargaba del pene, sus dedos acariciaban los testículos y se deslizaban por detrás de ellos, poniéndome como una moto. Apenas lograba contenerme y no gruñir de gusto.

- Y ¿Qué más sueñas?

- Sueño…- Lametón- Usted ordena…- Beso en el glande- Me manda… - testículo entre sus labios- A cuatro patas…

Me mira con un brillo especial en los ojos. Casi puede verse una mueca de gozo en su boca. Su piel brilla con una leve patina de sudor, sonrosada en las mejillas, pálida entre las manos.

- Sigue…

- Me la mete… - Lengüetazo de abajo a arriba- Me la clava de golpe…- Chupetón aquí y allí- Pero… En los sueños… No es tan gorda.

La contempla extasiado mientras yo lucho para no correrme en ese mismo momento. El reloj del salón da la hora. Han pasado casi diez minutos y al oírle mi instinto animal me exige que le realice el sueño, mi razón me pide que vaya más despacio.

- ¿Es eso lo que quieres? ¿Qué te la meta? ¿Que te encule?

- ¿Podría?

Hasta un ciego podría ver el ansia que tenía el chico. Sólo de oírlo casi había saltado de alegría. Aquello merecía la pena explotarlo.

- Podría. Pero ahora no.

La ilusión se apaga igual que ha brotado.

- Puedes terminar de chupármela, y luego ya quedaremos para hacer realidad tus sueños. Ten cuidado que estoy a punto de correrme.

El chico retomó la tarea como si hubiera sido poseído por un demonio. Su lengua y sus labios parecían recorrer la polla en toda su extensión además de cuidar de los testículos que estaban a punto de explotar.

- Cuidado. Allá va.

Y sin pensarlo, colocó su boca en la punta del pene y recogió una tras otra, todas las descargas. Había sido la mejor mamada que había disfrutado en muchos años.

Cuando acabé, el se retiró para mostrarme todo lo que había recogido en su boca y como se lo tragaba con una sonrisa de felicidad completa. Parecía otra persona diferente al que había entrado apenas diez minutos antes.

- Muy bien. ¿Dónde quieres que te desvirgue el culo?

- Cualquier sitio me parece bien.

- En el carril bici del Campo Norte, a la altura del kilómetro tres, sale un camino a la derecha que baja a un apeadero abandonado. ¿Te parece bien allí, el sábado por la mañana? ¿A las diez, diez y media?

- De acuerdo. El sábado, a las diez y media en el apeadero por debajo del carril bici.

Asintió como si le hubiera tocado la lotería. Se puso en pie con energía y después de comprobar el estado de su ropa, salió en dirección al salón.

Por un momento pensé en lo que había hecho y en lo que había quedado en hacer. Yo, un padre de familia casado desde hace dieciocho años, teniendo una aventura con el presunto novio de mi hija. A escondidas… de manera furtiva… Y el pene parecía negarse a perder su erección, incluso se agita nervioso al sentir mis pensamientos. Sin lugar a dudas era un padre muy depravado.

La cena fue un éxito. Las chicas se habían calmado. El chico parecía otro distinto. Mi hija lucía orgullosa ante sus hermanas que le miraban celosas. Mi mujer disfrutaba de todo lo que ocurría como si estuviera asistiendo a una comedia en el teatro. Al final todos contentos y felices.

Aquella noche mi esposa y yo tuvimos una sesión de seco improvisada que le sorprendió primero, la puso tierna después y acabó convertida en una loba posesa conteniendo los gritos para no despertar las niñas.

Llegó el sábado, y como acostumbro a hacer siempre que puedo, cogí la bicicleta y me despedí de mis chicas con la mente ya puesta en el encuentro que iba a tener.

A las diez y poco llegué a la vieja estación abandonada. Sentado a la puerta, junto a su bicicleta, estaba Jaime. Nada más verme se puso en pie y su rostro se iluminó por la ilusión. Apenas podía contener los nervios y la impaciencia que se agitaban dentro de él.

- Pasemos para dentro con las bicicletas. Así no llamaremos la atención si alguien pasa por aquí.

Aparté la puerta medio caída y pasamos los dos con estrecheces (sobre todo yo pues era más corpulento que el chico) para encontrarnos con la sala de espera. Un amplio espacio iluminado por pequeños rayos de sol que pasaban entre las maderas que tapiaban las ventanas.

- Subamos arriba. Allí estaremos más tranquilos.

Parecía mentira que sólo llevara cerrada cinco años. Todo estaba vacío de muebles. Sólo las paredes desnudas llenas de pintadas y algún que otro resto de alguna fiesta. En el piso de arriba, donde estaba la vivienda del jefe de estación, todo parecía igual pero distinto.

La sensación era más de soledad que de desidia. En algunas habitaciones había algún armario u otro mueble abandonado a su suerte. Tuvimos suerte y en una de ellas había una vieja cama de hierro ya oxidada y un colchón cubierto de polvo. Le dimos la vuelta y quedamos uno frente al otro.

- ¿Cómo quieres hacerlo? – le pregunté sin saber como comenzar.

- No sé. Es mi primera vez.

- ¿Lo quieres hacer en la cama, en el suelo o de pie?

-No sé. Podemos probar de todas las maneras.- Parecía estar soñando despierto.

- Ya quisiera yo tener aguante para lo que pides.

Me sonrió, se acercó y busco un beso en mi boca. Como era un poco más alto que yo no tuvo problemas para alcanzarme. Al principio me mostré algo frío pero me dije: ¡¡Bah, una vez es una vez!! Y abriendo los labios, le metí la lengua en la boca para su sorpresa.

El chico no sólo se dejo comer la boca. Se retorcía intentando rozar la mayor superficie de mi cuerpo contra el suyo. No sabía como mover las manos. Una la lleve a mi culo y la otra al paquete que se apretaba contra el pantalón de ciclista.

- ¿Qué te parece si nos desnudamos?

Bastaron esas palabras para que en menos de un minuto se quedara tal como vino al mundo delante de mí. Tenía un cuerpo esbelto, de piel pálida y rosada como corresponde a un pelirrojo. Sus labios estaban levemente hinchados, su respiración era más agitada, su miembro se alzaba en perfecta horizontalidad apuntando hacia mí. Podía medir unos quince centímetros, un poco más pequeño que el mío.

Se había depilado el pecho y recortado el vello que cubría su sexo. Apenas podía contener su ansia por tener mi pene entre sus manos o su boca. Se le veía como luchaba para no babear mientras yo me desnudaba.

- ¿Te has traído condón?

Metió la mano en un bolsillo y mostró orgullo la goma dentro de su envoltorio.

- Entonces adelante. Ponme un poco caliente. Chúpame la polla.

Jaime casi se lanzó como un poseso por mi hincho miembro. Si la primera vez se mostró delicado y tímido, esta vez optó por un papel más salvaje. No tenía miedo de contenerse. Su boca recorría toda la carne a tal velocidad que parecía cubrirla por completo. Le encantaba acariciarme detrás de los testículos, a medio camino del ano. Sabía que eso me ponía a mil.

Cuando quedó muy claro que si no parábamos terminaría por correrme, le quité el condón y me lo coloqué con cuidado.

- ¿Te has traído algo para lubricarte el culo?

- No. Pero no tengas miedo. Le tengo acostumbrado a tener cosas dentro…

Algo debió notar en mi expresión porque sonrió divertido.

- Me masturbo a la vez que me meto pepinos o tubos de crema…

Un toque de vergüenza en su confesión me hizo arder aun más la sangre. Puede que fuera su primera vez, pero había estado practicando con lo que tenía a mano.

- Bueno. Ponte cómodo. Utilizaré la saliva para prepararte.

Se colocó a cuatro patas sobre la vieja cama, apoyando su cabeza contra el colchón mientras con sus manos abría su culo en espera de ser penetrado. Dejé caer un poco de saliva y lo deslicé por aquel pequeño agujero que parecía boquear exigiendo empezar ya.

Le coloqué la punta y comencé a presionar con cuidado. Aunque al principio parecía que iba a ser fácil y rápido, pronto quedó claro que el grosor de mi pene era superior a lo que él había probado.

- Sí…Despacio… ¡OH, Dios!... Así… Joder…

Pude verle con los ojos cerrados, apretando los dientes, con un frío sudor sobre su frente, la respiración entrecortada… Al alcanzar más o menos la mitad de la longitud de mi pene, le di la opción de parar.

- No… Sigue. La quiero toda dentro de mí…

Así pues, continué hasta que topé con su cuerpo. Jaime jadeaba. Tenía los dedos clavados en el colchón, y podía sentir las contracciones de su interior contra mi polla. Aquello era lo más fantástico que había probado. Despacio comencé a bombear. Un suave mete y saca que engrasaba con nuevas aportaciones de saliva.

Los gemidos que empezaba a oírle, me trasmitían sobre como lo estaba sintiendo. Incluso dejó todo el peso del cuerpo sobre su cabeza para poder masturbarse al mismo ritmo que mi penetración.

Fui acelerando más y más, mientras el gruía, gemía, jadeaba, rumiaba palabras sin sentido y sobre todo, no paraba de exigir: “Más…Más deprisa… Hasta el fondo”

Se corrió una vez antes de que yo acabara y otra apenas un minuto después. Había manchado el colchón con su corrida, pero no pareció importarle. Se dejó caer exhausto y sofocado. Una sonrisa en su cara le daba un aire de santo transfigurado. Su cuerpo parecía un maniquí a la espera de que alguien le diera vida.

Se sentó ansioso por continuar. Me quitó el condón, le hizo un nudo y lo arrojó a una esquina. De nuevo volvió a cubrirme de caricias con su lengua y labios manteniendo el vigor de la erección y devolviéndole la fuerza que parecía haber perdido. Me sorprendió tanto su habilidad, como mi sorprendente recuperación.

- Quiero que me veas mientras me follas.

Dijo tumbándose de nuevo en la cama y abriéndose de piernas.

- ¿Tienes otro condón?

- Quiero que lo hagas sin condón. Quiero sentir como te corres dentro de mí.

- Eso será otro día. Por ahora no tengo tanta confianza. ¿Lo tienes o no lo tienes?

- Sí. Lo tengo pero yo quiero…

Le cogí por la cintura, le apreté contra mí y comencé a azotarle con la mano.

- Eres un irresponsable. Lo vas a hacer con condón…

-Pero yo quiero…

- Con condón… - Le azotaba más fuerte en cada lado de su culo.

Pude verle como se empezaba a masturbar con todo el descaro mientras le azotaba. Entonces le cogí la mano y apreté con fuerza. Un medio grito, medio gruñido se le escapó, y pude sentir algo húmedo deslizarse entre mis dedos.

- ¿Te has corrido y a mí nada? ¿Dónde está el condón o te aseguro que te meto el puño por el culo y te lo saco por la boca? – dije muy enfadado por lo que sentía como un afrenta a mi persona.

- En el bolso de la chaqueta…

Dijo con voz pastosa disfrutando aun del gozo del último orgasmo.

No me costó nada descubrir el bolsillo donde guardaba al menos media docena de condones. Me coloqué uno en mi polla que parecía a punto de estallar y me acerqué al joven medio dormido. Le abrí de piernas, le elevé un poco y deslicé sin delicadeza el rabo dentro de su culo.

Gimió al sentir la brusca penetración pero me rodeó con las piernas al sentir el movimiento. Todavía airado, le cogí por el pelo con una mano, y le rodeé los riñones por otra para apretarlo contra mí. Me puse de pie y apoyándolo contra una pared le penetré con toda la brutalidad que el cuerpo me pedía.

El chico intentaba no chillar, pero la pared rozaba contra su espalda y yo no era demasiado delicado. Me rodeó el cuello y apretaba su cara contra mi pecho intentando contener sus gritos. Gruñía y gemía mientras sentía el roce de su polla contra mi tripa, incluso le sentí correrse de nuevo bastante antes de que yo pudiera darle la réplica. Cuando llegó el momento, le tiré sobre la cama, me quité el condón y le cubrí el cuerpo y la cara con mi segunda corrida.

Me sonreía extasiado, respirando de manera agitada, cubierto de sudor y sin fuerzas.

- No sabes cuanto tiempo llevaba esperando que ocurriera esto…

- ¿Satisfecho?

- No. Quería sentir como me llenabas por dentro.

- Ya te he dicho que aun no tengo tanta confianza…

- ¿Por qué?

- Porque no.

- Pero yo quiero sentir como me llenas…

En ese momento me vino a la cabeza una imagen que había visto mientras explorábamos el piso de arriba. Era la cocina. Había visto el fregadero, cuyo grifo tenía una pequeña goma como de palmo y medio de larga.

- Un momento.

Fui hasta la cocina y comprobé que aun salía agua del grifo. Sonreí satisfecho ante una nueva perversa idea. Llamé a Jaime, que vino caminando con torpeza, con las piernas arqueadas. Le propuse una prueba: le taparía los ojos y le ataría las manos a la espalda con su chaqueta. Luego le coloqué sentado sobre el borde del fregadero. Podía sentir su impaciencia y nerviosismo. Tenía todos los sentidos abiertos en pleno.

Con cuidado le introduje un par de dedos de goma en su culo y abrí el grifo lentamente. El chico primero se estremeció, luego comenzó a gemir, después a contorsionarse, y según iba entrando más y más agua comenzó a sentir como sus tripas se iban llenando de agua. No tardaron en llegar los primeros ruegos, seguidos de los “por favores”, luego llegaron las súplicas con voz entrecortada que acabaron en llantos. Su tripa se iba hinchando lentamente y sentía una poderosa erección, como si mi polla fuera a estallar de un momento a otro.

Le saqué la goma y un chorro de agua con mierda brotó de su culo. Su piel me trasmitió su vergüenza, apretó los labios y lloró mientras todo lo que había entrado salía con fuerza, a la vez que le llegaba un alivio infinito. Cuando hubo acabado, le limpié lo poco que se había manchado con la goma, le dejé en el suelo, le abrí un poco las piernas y sin aviso alguno le volví a penetrar pero esta vez sin condón.

- ¡¡DIOS!!

Exclamo al sentir el ardiente pedazo de carne en su aterido culo. Pude notar como su cuerpo se estremecía de los pies a la cabeza. Le agarré del pelo y le incliné un poco para poder hundirme mejor dentro de él.

Jaime gemía pidiendo más, saboreando el fuego que le inyectaba en el culo y por increíble que parezca, esta vez no tarde apenas en correrme. Se que fue poco, apenas un par de disparos sin fuerza y casi líquidos, pero para mí fue el momento más salvaje y placentero de toda la mañana.

Le solté el pelo, y el chico cayó de rodillas al suelo. No se movía. El agujero de su culo boqueaba como si pidiese chupar un poco más de mi sexo.

- ¿Cómo te encuentras?

Le pregunté al verlo que no se movía…

- Estoy en el paraíso…

Dijo con un hilo de voz.

- ¿Podrás volver a casa?

- No te preocupes… Volveré… Pero quiero más veces como ésta.

Sonreí sintiéndome rejuvenecido. Hacía muchos años que no lograba la hazaña de correrme tres veces en apenas hora y media.

Allí le dejé aquella mañana, embobado por una sobredosis de sexo. Yo me sentía más joven, y aunque agotado, estaba seguro de que repetiría más veces. Ese chico me había sacado la bestia que llevaba dentro.

Esa fue la primera de otras muchas veces. Poco a poco él me arrastró por un camino más perverso que me llevaría a cosas que nunca pensé que sería capaz de hacer, pero eso es otra historia que tal vez os llegue a contar otro día.
Sexo en los baños
Relato enviado por Marcos Gay

Estaba estudiando en la biblioteca, tenía unos examenes próximos. A mi lado, mi novio. Llebavamos más de dos horas estudiando, y yo me estaba aburriendo. Entonces, se me vinieron pensamientos calientes. Me imaginaba aquellos polvos que me daba mi novio. Se me vino a la cabeza a mi novio quitandose los pantalones y yo acercandome para hacerle una mamada en medio de la gente. Después me cogería en brazos y me me pondría sobre la mesa, me bajaría los pantalones y me empezaría a follar. Ahí embistiendome, mientra le gente me ve como me folla mi novio, me llamarían de todo: zorra, puta, maricón... Sinceramente, de pensar en ello me estaba quedando muy caliente y la cabeza ni me dejaba pensar y me dejaba medio ido, y mi polla lo notaba. Necesito un buen polvo urgentemente. Me acerco al oído de mi novio y le susurró:

-Oye, cariño, llevamos dos horas, ¿qué te parece si vamos 15 minutos al baños y no damos un buen polvo?

-No, lo siento, no puedo, tengo que estudiar, te prometo que cuando llegemos a casa lo hacemos.

-Pero yo quiero ahora.

-Joder, que no, que tengo la fecha muy apretada, ponte a estudiar de una vez.

Vale, muy bien. Pero yo sigo igual, así que me pongo a mirar al personal. hay chicos muy buenos a mi alrededor. De 18 a 25 años.

Poso mis pupilas sobre un buen espécimen. Rubio, fibrado, con chándal (como me pone un buen culo en pantalón de chándal. Me mira pero no aparto la vista, con la tranquilidad del que ve el juego desde la barrera. No me sostiene la mirada pero no por vergüenza sino más bien por falta de interés. Dos asientos a la izquierda hay otro muchacho que no está mal. Pero no puedo mirarlo durante mucho rato.

Otro ha llamado mi atención, de hecho tiene en su poder todos mis sentidos.

Acaba de entrar en la sala. De pelo castaño clarito que me gusta y me quedo viendolo, tiene unos ojos marrones claros preciosos y el pelo medio largo, su cara parece un ángel, tiene la piel clara, y no debe tener más de 19 años. Lleva una camiseta de tirantes, un pantalón vaquero y unos tenis blancos.

Podría decir que le miro desafiante, pero sería más honesto decir que no puedo dejar de admirarle. No sé

cuánto tiempo estoy deleitándome con sus movimientos, pero finalmente soy cazado y me devuelve la

mirada. Tiene unos ojos marrones preciosos, y no soy capaz de dejar de mirarle aunque me siento

atrapado y estúpidamente pillado en falta como un niño.

Se sonríe y vuelve la vista a sus libros. Cuando deja de mirarme me siento un poco ridículo. Intento

concentrarme en mis apuntes sin mucho éxito. A mi lado mi novio sigue estudiando sin haberse

percatado de nada. Lucho por no volver a levantar la vista pero no aguanto más que unos pocos minutos.

Y para mi sorpresa el sigue, está mirándome. Se me acelera el pulso…¿me está sonriendo o estoy

delirando? No, sonríe, pero no es una sonrisa amigable, es una sonrisa de superioridad, de victoria. La

sangre me empieza a hervir…necesito ser de este cabrón…

Se levanta. ¿Me abandona? Sigue mirándome fijamente. Hace un leve gesto con la cabeza. ¿Quiere que

le siga? Sale de la sala dejándome tan alterado que casi me cuesta respirar. Miro a mi chico. No, no

puedo hacerlo. No puedo.

Me levanto de la silla y me acerco a mi novio.

-Oye, cariño, voy al baño, no me encuentro bien.

-¿Qué te pasa?

-Me duele la barriga, creo que es algo que he desayunado. Esperame y ya vengo.

-Vale, pero si tardas me paso a ver cómo estás, no quiero que te pase nada.

Nada más decirme eso, me da un beso en la boca. Joder, lo siento cariño, pero necesito un buen polvo ahora mismo, espero que me perdones.

Me dirigo rápidamente al servicio, y ahí está, esperandome en la puerta.

-Oye, ven aquí, al servicio de minusvalidos, aquí nadie nos molestará-me dijo el chico.

Entra en el baño, y yo me acerco. Nada más entrar yo, me cierra la puerta tras de mí y echa el cerrojo.

-Ponte de rodillas, maricón.

En otro momento hubiera pensado que este tío es un gilipollas. Pero ya no tenía suficiente sangre en la cabeza para pensar.

Le obedezco mientras él se desabrocha el cinturón. Le acaricio sus fuertes muslos por encima de la tela vaquera, pero me aparta las manos.



-No te he dado permiso para tocarme, zorra. Las manos a la espalda.

Tiene razón…ya soy su zorra…Con la respiración entrecortada le miro mientras se desabrocha los botones del pantalón. Lleva unos bóxer ajustados. Negros, creo, mi vista no capta el color, solo en increíble tamaño de lo que guardan en su interior. Sin mediar palabra me coge del pelo y me aprieta la cara contra su paquete, con los boxers puestos. Huele a sudor y a sexo. Recorro con la lengua todo el bulto humedeciendo la tela.

Después me aparta la cabeza, se quita los pantalones y los boxers del tirón. Y me pone su polla en mi cara, un pollón de 20 cm que me hace babear.

-Saca la lengua-me dijo

Con la lengua fuera

comienza a darme golpes con su polla en la lengua y en la cara sin soltarme del pelo. Me coloca sus

duras pelotas en la boca y las lamo con avidez. Estoy fuera de mí pero él no pierde esa sonrisa que me

turba tantísimo. Y por fin llega el momento. Me la mete hasta las pelotas. Su capullo choca contra mi

campanilla provocándome arcadas, pero él no tiene la más mínima intención de parar. No quiere que se

la chupe, quiere follarme la boca como una zorra, como su zorra.

La saliva me cae por las comisuras de los labios mientras su enorme miembro viola mi boca.



-Así perra. Ahgg Cométela entera. ¿Te gusta zorra?



Le hubiera contestado. Pero es de mala educación hablar con la boca llena.

Cuando se cansa de destrozarme la boca me hace ponerme a 4 patas. Tengo unos segundos de pánico.

¿Ese cipotón sin lubricante? Pero a él eso le importa una mierda. Se coloca detrás de mí, me baja los

pantalones, me da una cachetada en el trasero y sin dejarme respiro empieza a meterme el capullo. Solté un pequeño de dolor.

-Pshh! No hagas ruido cabrón que nos van a pillar-me dijo.

Pese a su advertencia no dejó de hacer fuerza para meterme la polla en el culo. A los pocos segundos tenía su

pollón metido hasta el fondo mientras tengo que morderme los labios para no gritar. Después de unos

segundos de acomodamiento comienza a moverse dentro de mí mientras me agarra fuerte de las

caderas. Intento como puedo soportar el dolor porque sé que lo bueno viene después. Pasados unos

minutos empiezo a acostumbrarme a sus embestidas que adereza con azotes en mis nalgas. Mis gemidos

van ganando intensidad a la vez que su follada se hace más salvaje. Me mete y me saca la polla casi

entera. No puedo evitar empezar a gemir. Estoy fuera de mí.

-Ahhh, sí, sí, sí, ahhh-digo yo, con la cabeza fuera de mí y sin pensar en que nos pueden oír.

-Eres un marica muy escandaloso joder- me increpa con enfado mientras noto que sale de mi

culo por completo. Rezo por qué no se le haya cortado el rollo. Se pone de pie y se acerca hasta donde tiene sus pantalones y sus boxer, coge sus boxer con la mano derecha y viene hacia mí.



-Ahora vas a ser más discreta maricona – me dice sonriendo.

Me mete su bóxer en la boca. No me lo puedo creer. Saben a preseminal y huelen a sudor, a macho y a semental.

Inmediatamente me vuelve a meter la polla y me folla el culo más fuerte que antes si cabe. El placer es

indescriptible. Si antes estaba ido y caliente, ahora estoy en extasis, como si estuviera en otro lugar. Solo quiero estar ahí siempre y ser su puta. Sí, Oh dios!



De pronto un golpe en la puerta hace que se me hiele la sangre.

-Cariño, ¿estas aquí? ¿Estas bien?- Inquiere la voz de mi novio con preocupación.

Me quiero morir. Me saco los calzoncillos de la boca. Pero ¿Qué hace este hijo de puta? No para sus envestidas. Me saca su polla de de una vez y me la vuelve a meter de golpe continuamente. Sabe que mi novio está en la puerta y no piensa dejar de follarme el culo. Le miro y me

embiste cruelmente mientras esa sonrisa no abandona su cara.

-"Si"-respondo intentando modular la voz, tengo que disimular los gemidos de placer que este cabrón me está dando- Solo estoy un poco mal del estomagooo-un escalofrío me recorre la espalda mientras me pellizca los pezones por encima de la camiseta-vete para el bar y veme pidiendo una manzanilla, por favorrr (por lo que más quieras vete, pienso)

-Ok. Pero no tardes-me dice mi novio.

Bajo la cabeza e intento no gemir mientras el cabrón sigue enculando sin inmutarse. Pasados unos segundos, dejo salir mi angustia con un gemido de placer.

-Ahhhhhh.

Intento reponerme un poco para dejarle claro a este tío que conmigo no se juega así.

-Oye....- iba a decirle algo. Pero él ya ha cogido los bóxer del suelo y me los mete de nuevo en la boca.

-Así me gustas mas perra.

Se vuelve a colocar detrás de mí y me vuelve colocar su polla en el culo. No creía que pudiera ir más rapitdo que antes, me equipové. Sus huevos chocan contra mis nalgas, y se oye en el baño como chocan. Con sus manos entre mis nalgas, me enpieza a mover de arriba a abajo rapidamente. Así estuvimos un momento. Hasta que me se saca su polla y hace de que me tienda bocabajo en el suelo. Pone mis piernas en sus hombres y me vuelve a introducir su polla en mi culo. Me quita los boxer de la boca y me besa mientras me folla, estamos así un momento. Lo miro a us ojos y sus ojos marrones claros me dejan hipnotizados, le acarizo su pelo con mis manos. Es un chico precioso y hermoso, y es muy bueno follando, es un gran semental y se nota. Me gusta ser dominado mientras me follan. Después, nos volvemos a poner a cuatro patas y me pone sus boxer en la boca otra vez. Mientras me folla, me da unos cuantos cachetes en las nalgas.

El corazón me late a mil por hora, casi no puedo respirar…sus bóxer en mi boca ahogan mis gemidos, me

vetan el aire, pero sobre todo me excitan…la cabeza me da vueltas y siento que mis músculos se

agarrotan, me siento morir…la petite morte…por primera vez estoy completamente de acuerdo con los franceses… me corro sobre el suelo sin tocar mi polla… también por primera vez A los pocos segundos noto como por primera vez empieza a gemir y sus muslos se tensan. Sus embestidas se hacen más rápidas y su espalda se curva.

Con un pequeño grito comienza a descargar en mi dolorido culo. Tras unos segundos de pausa saca su pollon dejándome chorreando leche. Relajo mis músculos y me quito los calzoncillos de la boca, pensando que ha sido el mejor polvo de mi vida cuando de pronto me mete los dedos por el culo. Mete dos dedos por mi culo y recoge el semen y me los mete en la boca para que los lama. Se pone de pie, coge sus pantalones, se los pone, después su camisa de tirantes. Se acerca a mí, me da agarra de la cabeza y me da un beso en la boca.

-Ha sido un buen polvo, me lo he pasado bien contigo-me dice mientras me estiende la mano con los boxer- Los bóxer te los regalo de recuerdo marica.

-Gracias-respondo a los cinco segundos, pero él ya ha salido cerrando la puerta tras su paso. Me doy cuenta que es de las pocas

palabras que le he dirigido. Cojo los bóxer y los empapo de mi semen, que ha caído en el suelo, y el suyo, que ha salido de mi culo.

Me los llevo a la boca mientras recupero el aliento.
El inicio
Relato enviado por Cantonazo

Estudié una carrera en una universidad a unos 100kms de mi casa. Conocí mucha gente nueva, chicos y chicas, pero como creo que a todo el mundo le sucede al final te relacionas con un grupo mayor o menor de gente, con los que mantienes una mayor afinidad.

Todos los días cogía el autobus, tanto para ir como volver a mi casa, lo cual ciertamente era un incordio. No obstante aquel fin de semana iba a ser diferente, era la fiesta de ecuador de curso y pasaría el fin de semana en casa de un amigo.

La fiesta se celebraba en una conocida discoteca del centro de la ciudad, y como os podeis imaginar el desfase de la gente fue total.

A eso de las cinco de la mañana, bastante perjudicados por el alcohol, volvimos a casa. Los padres de mi compañero se encontraban pasando el fin de semana en un pueblo, en fin la casa era para nosotros dos.

Se me olvidaba comentar, mi compañero se llamaba y supongo que seguirá llamándose Julio.

Ya en casa Julio y yo empezamos a hablar sobre la fiesta, las chicas, el dinero que habíamos recaudado para el viaje de fin de curso, y sobre todo de la calentura que llevábamos encima.

Pasado un rato y con un gin tonic en la mano Julio comentó:

-Estoy totalmente desvelado, ¿te apetece que ponga un DVD?.

-De acuerdo contesté, pero deja que me ponga un cubata.

Julio encendió el aparato, y pasados unos instantes comenzó una película pornográfica. En una de las escenas, dos chicas follaban con todo tipo de vibradores.

Mi verga estaba totalmente empalmada cuando me percaté que Julio sin ningún disimulo se estaba acariciando su paquete sin ningún tipo de pudor. Julio me miró y comentó:

-Espero que no te moleste, pero estoy muy caliente.

-Tranquilo dije yo, yo también lo estoy.

Pasado un rato, Julio se levantó y se dirigió al baño. Este va a hacerse un pajote tremendo pense para mí.

Al cabo de unos minutos Julio regresó, llevaba sólo puesto un boxer que dejaba ver la tremenda erección que tenía encima.

-Espero que no te moleste que me haya quitado la ropa.

-No, estás en tu casa.

Continuamos viendo la película, mi amigo se acariciaba descaradamente su polla por encima de su slip. Mi excitación crecía por momentos, y no por el contenido de la película, sino por el morbo de la situación de ver como mi amigo se pajeaba.

Instintivamente, lleve mi mano a mi paquete y empecé a apretar con fuerza.

-¿te gusta la película?, inquirió Julio.

-Si contesté debilmente.

-Voy a quitarme el boxer dijo Julio, y antes de poder decir nada, Julio apareció desnudo ante mí. Su cuerpo no era nada del otro mundo, pero su polla mediría unos 18 cms, muy venosa y sobre todo gruesa.

Julio continuó pajeandose en mi presencia.

-Desnudate me dijo.

-Me da verguenza le contesté.

-Pues al menos desabrochate el pantalón y meneatela, ¿te crees que no he visto como te sobabas tu paquete?.

Quizás por mi calentura y por el alcohol que llevaba encima, desabroché mis vaqueros, los baje hasta mis rodillas y empecé a apretarme mi paquete por encima del slip. El placer que me estaba proporcinonado era tal que cerré los ojos y empecé a gemir.

Pasado un rato, noté que una mano se posaba en mis rodillas. -¿te molesa? dijo Julio. Me sentía tan bien que no contesté.

Mi amigo viendo mi estado lo tomó como un signo de consentimiento. Su mano empezó a moverse subiendo por mis muslos los cuales acarició y sobó a su antojo.

Su mano continuó subiendo y llegando a mi bulto se poso sobre la mía. Sin darme cuenta Julio retiró mi mano y puso la suya encima de mi slip apretando mi verga. Mis gemidos y jadeos dieron alas a Julio el cual metió su mano dentro de mi slip alcanzando mi humeda polla.

Su mano se movía audaz, me pajeaba y sobaba los huevos a su antojo, mientras yo abierto de piernas en el sofá me dejaba hacer. Me besó y metío su lengua en mi boca entrelazándose con la mía.

-Desde el primer dia que te vi en clase he deseado tenerte así, me dijo.

Acto seguido, arrancó mi camiseta de un tirón y me sacó los pantalone y el boxer quedando desnudo a su merced.

-Túmbate en el sofa, ordenó.

Me tumbé y sus manos empezaron a magrer mi cuerpo, mi cara, mis brazos, mis tetillas, mis muslos, mi polla.

-Ponte boca abajo y abre las piernas volvió a ordenar.

Me abrí todo lo que pude, sus manos agarraron con fuerza mis nalgas. Me sentía morir de placer sobre todo cuando Julio metió su mano por mi entrepierna y levantando mi cintura empezó a acariciar mis huevos para acto seguido pasar a pajear mi rabo.

Pasado un rato y en pleno jadeo, Julio me dio la vuelta y sentándose encima de mi pecho puso su verga a la altura de mi cara. Tenía su polla a escasos centímetros de mi rostro.

Julio me restregó su cipote por mi rostro mientras yo desesperadamente abría la boca con la intención de mamar esa verga. Finalmente, Julio introdujo su polla en mi boca, primero el glande lamiendo todo su líquido preseminal, luego el tronco hasta que sus cojones tocaban mi barbilla.

-No lo haces nada mal putita, dijo Julio.

Yo no contesté, mi único deseo era seguir comiendo aquel pedazo de carne y complacer al macho que tanto placer me estaba dando.

-Sigue mamando la polla que te va a follar el culo, ponmela más dura perrita me dijo.

Pasado un rato Julio me dio la vuelta, y sacando un tarro de vaselina me dijo: -¿quieres que te monte y te folle como a un perrito?.

-Si, acerté a contestar.

-Abreté el culo para tu macho me dijo.

Obedientemente, abri mis piernas y con mis manos separé mis nalgas dejando mi ano a la vista de Julio.

Julio puso mis piernas encima de sus hombros, y huntando la entrada de mi orificio y sus dedos con la vaselina, me introdujo uno de sus dedos en mi ano.

Di un respingo y un pequeño grito de dolor, pero el dedo de Julio continuó perforando mi ano. Pronto el dolor se transformó en placer siendo mis jadeos y gemidos audibles en todo el vecindario. Al rato fueron dos los dedos que dilataban mi culo.

Julio se puso vaselina en su polla y pasó todo su glande sobre mi húmeda raja. De un golpe metió su glande en mi ano dilatado, el placer superaba al dolor.

-Que bien te la estás tragando zorrita, dijo Julio. ¿quieres que siga?.

-Si supliqué, fóllame Julio por favor.

Su polla entró centímetro a centímetro hasta lo mas hondo de mi intimidad. Finalmente, sus huevos chocaron contra mi culo y durante unos segundos aquel pedazo de carne se quedó quieto dentro de mi.

Al poco, Julio empezó a follarme con frenesí, me follaba con fuerza. Me sentí como una verdadera perra ensartada por su macho. Julio mientras me montaba, con una de sus manos volvió a pajearme. Duré poco y me corrí como nunca antes lo había hecho en mi vida.

Quedé exhausto mientras mi macho continuaba con su follada, tras un largo rato un espasmo recorrió a Julio. Me dió dos embestidas y vació toda su leche en lo más profundo de mi culo. Notaba los espasmos de su enorme pollón en mi interior hasta que se vació por completo dentro de mi.

Julio estuvo un buen rato dentro de mí y cuando sacó su verga de mi culo, la abundante corrida de Julio salió por mi ano pringando, mis huevos y mis muslos.

Todavía manchado Julio me ordeno que le limpiase su verga con mi lengua, a lo que accedí con mucho gusto.

-No ha estado mal puto, me dijo Julio, pero te tengo donde quería y esto no ha hecho más que empezar.

Aquel fin de semana fue agotador, pero esa es otra historia ....
Leonos Escorts