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Relatos Eróticos Gays

Me metí en una despedida de soltero
Relato enviado por Juanlo

Quería volver a estar con Sergio, sólo recordaba lo bien que me lo había hecho gozar, lo que me había hecho descubrir, y lo que ya nunca podría olvidar, ahora tenía que satisfacerle haciendo una despedida de soltero para sus compañeros de piso...

Cuando descubres algo que te gusta, no puedes olvidarlo, y quieres volverlo a realizar.

Eso me torturaba la cabeza una y otra vez, cuando pensaba en lo que hice aquella tarde con aquel tipo del coche, cuando me fui de allí aquel día, me fuí sellado con su sudor, con su sabor sexual, pero sobre todo, con mi entrepierna endolorida placenteramente y mi ojete partido en dos, que me duró más de dos semanas en recuperarme del todo, cada minuto que pasaba, me hacía recordar su picha recorriendo mi dulce culito sin remedio.

No le pedí ni teléfono, ni dirección, ni tan siquiera sabía si era de mi ciudad, pero la verdad es que después de haber pasado dos meses de aquello, me volvía a picar la curiosidad de volver a repetirlo y la barrera del miedo a que alguien se me follara, se me había pasado con aquel tipo. Quería y necesitaba volver a repetirlo, y sobretodo, porque iba a prepararme muy bien para mi nuevo encuentro con él. Ya pensaba una buena habitación de hotel, con su jacuzzi, con su sala de estar y sobretodo, con una enorme cama de dos por dos para disfrutar con él, de muchas horas de sexo desenfrenado y sin ningún pudor.



Había pasado tantas veces por allí sin éxito que la verdad, ya había perdido la esperanza de volverme a encontrar con él, pero, una mañana de lunes yendo al trabajo me dispuse a hacerla nuevamente a pie, y cómo no, me levanté en casa con tiempo para hacerme una depilación muy definida y precisa de mi sexo, siempre imaginaba que yendo limpito y suave podría hacer llamar a la puerta de alguien que se topara conmigo para ... ¿y si ocurriera...?, de modo que me hunté con agua oxigenada para las pequeñas heridas de la "gillette", me metí en la ducha y me rasqué con la esponja que tengo de estropajo para eliminar poros, impurezas, etc y después me apliqué una loción de leche de aloe vera que me deja la piel más aterciopelada que la de un bebé.

Era pronto, sobre las 8 y media, caminando hacia el trabajo a pie, por el parque, acercándome a donde ocurrió lo que nunca olvidaré, y siempre soñando con volver a ver a aquel coche pequeño donde él me esperaba sin saberlo. Hacía frio, otoño avanzado, mitad de noviembre, el dia era nuboso, aunque no parecía que fuera a llover, y de repente, me dió un escalofrío de la cabeza a los pies, era él, era Sergio, estaba dentro del coche, estaba allí y me dejaba asombrado, no podía ser, tantos meses esperándole, ....

¿Me acercaba o pasaba de largo?, indudablemente quería ir con él, necesitaba hablarle y decirle lo mucho que le echaba de menos, necesitaba sentirme suyo de nuevo y dedicarle más pasión que la vez de nuestro primer encuentro, me dirigí al coche sin pensarlo más.

Salió del coche antes de llegar a él, y se me quedó mirando, "¿Jorge?", me dijo, lo que me alegró que recordara mi nombre, "Sergio, cuanto tiempo sin verte", le contesté, y seguido le dije: "he pasado una y otra vez por aquí y nunca estabas", él me respondió: "he estado liado, pero acércate, y siéntate y charlamos un poco".

Entré nuevamente en el asiento del acompañante, me senté y cerré la puerta, él, acto seguido se sentó también con un pitillo a medio fumar y abrió un poco la ventanilla para no ahogarnos con el humo, cosa que le agradecí.

"¿Qué me cuentas Jorge?, ¿No te quedaste satisfecho de lo que hicimos que vuelves de nuevo?", yo me quedé callado por unos segundos y le respondí sin tapujos; "Sergio, te seré sincero, necesito que volvamos a hacerlo, estoy caliente, y además me he preparado un dia tras otro para volverme a ver contigo, estoy depiladito y limpio para tí, sólo deseo tus caricias y que mi culito sea tuyo nuevamente, pero en algún sitio en el que estemos más cómodos".



Sergio le pegó una última calada a su cigarro y lo lanzó por la ventanilla, y me contestó: "no te preocupes chaval, tengo una choza compartida con unos amiguetes que podemos estar mas cómodos, además, me gustaría que los conocieras, uno de ellos tiene su despedida de soltero éste fin de semana y estaba pensando que sería un gran regalo para él.Podemos montar una buena contigo, ¿que te parece?"

La verdad es que no había imaginado haciendo de putita de una despedida de soltero y además con un montón de tios salidos y medio borrachos a la vez, pero la verdad es que la idea no me desagradaba, ya me estaba imaginando como cabalgaba encima de Sergio mientras le chupaba los huevos a otro tio, y me estaba poniendo a mil sólo de pensarlo. Le contesté: "me encanta la idea Sergio, ¿por qué no me los presentas ahora?". Sergio no dudó en arrancar el coche, y nos pusimos en marcha. Le dije, :"pasemos primero por donde trabajo y recojo unas cosas ¿vale?", el asintió y le fui diciendo por donde tenía que ir, aparcó el coche unos metros más adelante de la puerta del taller, bajé y fui a recoger una bolsa donde guardaba ropita femenina interior, medias altas y un camisoncito de encaje que tenía allí para mis momentos íntimos, para cuando ya no quedaba nadie, me gustaba vestirme de mujer y acariciarme sólo, lo hacía con ropa que mi mujer ya había olvidado y me la había llevado allí para enfundármela de vez en cuando.

Le dije a mi compañera que no sabía si volvería por la mañana o directamente a la tarde, me contestó que no había problema (evidentemente no opdía decirme nada, yo era el jefe).

Salimos de la calle del taller buscando la avenida principal y nos dirigimos a una barriada de las más pobres de la ciudad, pisos altos con mucha mezcla de etnias. Aparcamos fácilmente, Sergio me dijo "es aquí", nos bajamos del coche y fuimos caminando hacia un portal donde en la puerta habían varias personas jovenes charlando entre ellos trapicheando con algo.


La puerta estaba abierta, atravesamos el portal muy oscuro, sin a penas luz fuimos a las escaleras, no había ascensor, fuimos subiendo rellanos, ni recuerdo cuantos, pero creo que subimos unas tres plantas, "aquí es", me dijo, abriendo la puerta con las llaves, me dejó pasar a mi primero dándome un apretón a una de mis nalgas y luego una palmada, "venga entra que me estas poniendo más cachondo que a una mona con esa colonia que llevas".


Entramos a un largo y estrecho pasillo y le pregunté donde estaba el baño, él me dijo que quería presentarme a sus colegas, "ven, vamos al comedor". Yo quería vestirme con aquella ropa que llevaba en la mochila y prepararme para el momento, pero nos dirigimos al comedor, entramos y allí habían dos tipos, al verme se me giraron los dos y me miraron de arriba a abajo, había uno sentado en cada sofá: "yeee, os presento a Jorge, que viene a conoceros", se levantó uno de ellos, uno no muy alto pero bastante gordo, "soy Ramón", me dijo, el otro desde el otro sofá se quedó inmóvil, bastante cachas, con espalda ancha y brazos que uno de ellos hacían tres de los mios, cabeza pequeña, me hizo un gesto con la cabeza y poco más.

El comedor aquel era muy viejo, los sofás eran azules oscuros muy sobados, más gastados que los de un club, la mesa tenía un hule puesto con los platos sucios de la cena del dia anterior, la tele tenía puesto uno de los programas de la mañana de telecinco, osea, cotilleos, las persianas de la calle estaban bajadas, tan solo a un palmo de estar cerradas del todo, las cortinas amarillentas del humo del tabaco, no las habían lavado desde que las colgaron, en fin, que aquel piso deberían pegarle una buena pintada, cambiar los muebles, tirar los sofas y poner un poco de orden, en lo que sería la cocina no me lo quiero ni imaginar, no llegué a entrar.

"Jorge va a ser nuestro nuevo compañero de piso, pero no vivirá aquí, sólo vendrá de vez en cuando", el gordo volvió a sentarse en el sofá diciendo "ah, pues de puta madre, sólo nos faltaba otro más aquí", Sergio le dijo a Ramón, "no seas gilipollas y prepárate porque Jorge no viene a dar por culo, ¿verdad Jorge?", yo no sabía muy bien qué contestar a aquella pregunta, "¿puedo ir al baño Sergio?", le pregunté en voz medio susurrante, él me dijo que le acompañara.

Entré en el baño y mientras iba a cerrar la puerta diciéndole a Sergio que ahora salía, él me asintió acercándoseme a mi diciéndome: "el cachotas es el de la despedida, tu sales al comedor con poca ropa y verás lo cachondos que se ponen enseguida, ya lo verás, Fernando tiene una polla que lo flipas, lo que pasa es que es un poco tímido y por eso no te ha dicho nada, creo que es porque no le agrada demasiado la idea de casarse". Yo le asentí dicienéndole que no se preocupara y que me cambiaba de ropa, que ahora iba.

Cerré la puerta, me miré al espejo y me fui quitando la ropa que llevaba puesta, me quedé completamente desnudo en aquel mugriendo bater, me acaricié mi culito, aún estaba húmedo de la crema de aloe vera que me había puesto hacía un rato, mis nalgas frescas y suaves, mis dedos se deslizaban por mi entrepierna para acariciar mi ojete que también estaba lubricadito con aquella crema, mis pelotas, mi polla mustia, todo estaba limpio, y bien depiladito, abrí la mochila y fui sacando la ropita íntima de mujer, lo primero, un tanguita rojo vivo, era mi mejor arma, me lo puse mirándome al espejo, sintiendo el recorrido de la tela apretándome mis piernas por lo ajustado que me iba, me lo subí metiendo mis huevos y mi polla como pude dentro de la escasa tela que tenía delante y disfrutando del roce de la fina tela trasera hundiéndose entre mis gluteos topándose contra mi ojete, intentando taparlo para evitar cosas externas.

Me miraba al espejo de perfil, sacaba mi culito poniéndolo respingón, en pompa, subiendo una pierna sobre el bater para ver cómo me quedaba, la verdad es que de infarto, mi polla se empinaba emergiendo por arriba de aquella delicada prenda que a penas podía detener consigo. Entonces me calcé unas medias altas de rejilla de color negro, me las subía despacio, como el anuncio de Calzedonia, disfrutando de vestirme mirandome al espejo, contemplando lo bonito que quedaba mi cuerpo con la ropa íntima de mujer, me las subí tapando todo los pelos de mis piernas hasta donde dejaba de tener y comenzaba mi fina piel delicada y cuidada, vamos, la parte alta de mis muslos que daban paso a mis ingles donde ya no tenían ni un solo resto de vello.

Me volví a mirar al espejo en redondo, la verdad es que mirándome de espaldas, con mi precioso culito, nadie diría que pertenecía a un tio, si es que tengo el culo de mujer, pomposo, sin ningún resto de celulitis, muy suave, me lo apretaba yo mismo disfrutando de él y de lo que estaba haciendo, con deseo de salir a comerme aquellas tres pollas de aquel sucio comedor que me esperaban ansiosamente. Bueno, sobretodo Sergio, que ya me conocía y sabía a lo que iba allí.

Finalmente me puse un camisoncito de encaje cortito, de color negro, que a penas me entraba por mi barriguita, pero logré colocármelo, vamos ahora si que parecía una auténtica fulana, pero me encontré algo más dentro de la mochila que ya no recordaba, unas bragas tipo bóxer, pero cortitas de detrás, dejando asomar la parte baja de mis glúteos, también de encaje, preciosas, de color blanco roto, me las enfundé también, subiéndomelas hasta toparse con el tanguita rojo, aquellas bragas lograban ocultar del todo mi sexo, hundiéndose entre mis nalgas también parte de ellas, en el espejo me daba tango placer el mirarme que si me tocaba mucho frente a él, me hubiera corrido de gusto.

Me puse un poco más de colonia que llevaba también en aquella mochila, estaba preparado, no me puse zapatos, era lo único que me había faltado, pero es que no tenía, y para salir con los zapatos llanos del trabajo, pues no quedaba bien la verdad. Abrí la puerta del baño y me dispuse a recorrer el pasillo para llegar al comedor, estaba cerrada la puerta, a traves del cristal del comedor les escuchaba lo que decian y antes de entrar me quedé cotilleando.

"entonces se la metí hasta el fondo y como gemía el cabrón, además es que aprieta el culo y parece que te la ordeñe con su culo, es una pasada, y el vicio que tiene el hijo puta, cuando me corrí en su culo recogió mi semen que por allí se salía y se lo llevó a la boca para saborearlo, que tio más vicioso, os va a encantar"

Entonces llamé a la puerta quedándose la estancia en silencio, "pasa pasa, que estamos esperándote", abrí la puerta y fui entrando en el comedor despacio, entré de puntillas, comencé con mi juego erótico que tanto tiempo llevaba deseando, con mis ojos entreabiertos contemplaba como los tres se me quedaron mirando con una cara de sorpresa indescriptible, me giré para cerrar la puerta ofreciéndoles mi mercancía más preciada, empujé la puerta para dejarla cerrada del todo inclinándome sacando mi trasero todo lo que podía haciéndole las curvas lo más peligrosas posibles, aquellos estaban flipando.

Sergio dijo "¿os lo habia dicho?, este tio tiene más vicio que nosotros tres juntos,... ven y acércate que te veamos bien cerquita", fui caminando despacio hacia donde estaba el gordo de Ramón, él se había levantado del sofá para verme bien mientras se apretaba su paquete que ya tenía prominente, me puse delante de él y me di la vuelta para refregarme bien mientras le cogía sus manos y me las posaba sobre mis caderas para que pudiera darse cuenta de lo suave que tenía mi piel, el enseguida me levantaba mi camisoncito y me ponía sus manos frias sobre mis nalgas acariciándomelas y sopesándomelas, me daba palmetazos que se escuchaban en aquel sucio comedor de una manera seca y sensual, "pero que que pasada chaval, ¿cuanto cobras por que te folle porque me pidas lo que me pidas te lo pago ahora mismo".

Yo me quedé flipado, aún sacaría negocio de aquello, por un momento no sabía que decir, me di la vuelta ante el y fui inclinandome poniendome de rodillas en la posición más denigrante que existe, con su bragueta ante mi boca le dije:"si me gusta como me follas, no te cobraré", bueno, aquello le hizo ruborizarse, y bajándose él mismo la bragueta se sacó su polla que empistonada hacia adelante me quedó a centimetros de mi cara, blanquita y gorda, enfundada en la piel de su prepucio su glande no aparecía,sus huevos se habían quedado bajo el calzoncillo, no tubo que mencionar nada más, me cogí a sus caderas y mirandole a los ojos le dije: "¿quieres que te la chupe?", él simplemente me asintió cogiéndome de mi pelo con una mano mientras con la otra se la apoyaba también en su cadera junto a una de mis manos, y me amorré al pilón, abrí mi boca y me metí aquella polla maloliente de pis en mi boca, tan sólo hundirla entre mis labios hizo que su glande emergiera sobre mi lengua, su liquido preseminal ya huntaba mi paladar y hacía que me deslizara más suavemente entre mis labios.


El gordo gemía de gusto, mientras detrás mia, se puso Sergio a acariciar mis gluteos, el gordo se sentó en el sofá sacando su polla de mi boca por unos instantes, se bajó los pantalones desponjándoselos del todo y tirándolos al suelo, se quedó con los calcetines puestos y una camiseta, mientras yo, como una perrita, iba tras él para nuevamente engullirme su polla deseosamente, subí una pierna en el sofá para dejarle más facil mi puerta trasera a Sergio, que urgaba con deseo intentándome quitar las bragas brasileñas, que no tardaron en descubrir mi empinada polla y mis huevos a la luz, dejándole completamente al descubierto mis nalgas con la fina tela de mi tanga tapando lo que podía mi cuidada y preciada intimidad, Sergio se dispuso a lamermelas con ardor acariciándome a la vez, me encantaba la situación, me encantaba lo que me estaba haciendo, me encantaba comerme la polla del gordo, pero deseaba que el cachas entrara en acción y me clavara su rabo partiéndome en dos, haciéndole sentir realmente un buen rato de duro y placentero sexo.

Los gritos de placer del gordo se hacían saber por todo el piso, "cómo la chupas tio", decía entre sollozos, Sergio hundió su cara entre mis nalgas lamiéndome toda mi entrepierna surcada en una pequeña parte por mi tanga rojo, humedecido de tanta lengua y saliva, Sergio me lo subía aún más para que sintiera el roce de la fina tela sobre mi húmedo y deseoso ojete rosadito, a penas la tela lo podia tapar, mis pelotas lánguidas se iban cada una por un lado de la tira del tanga, tensándose y poniéndose como dos canicas a punto de rebentar, Sergio surcaba con su lengua mi regata lamiéndome una y otra vez, metía sus dedos entre la prenda íntima y mi piel, apartándome el tanga hacia un lado dejándome al querer para su boca mi orificio deseado, lamía y relamía como si de un caramelo se tratara, que gusto que me daba por dios, su barba de cuatro dias me cosquilleteaba la fina y delicada piel interior de mis gluteos.

Finalmente me despojó de mi tanga, lo enrrollaba sobre si mismo hasta quitármelo del todo, me dejaron con mis medias altas negras de rejilla y con mi camisoncito de encaje también negro, Sergio me dijo: "con este vestidito estás realmente más sexy que cualquier tia buenorra, si es que tienes un culito...", volvía a meter su cara entre mis nalgas a lamerme mi ojete una y otra vez, ummmm, su barba de varios dias me pinchaba en mi delicadita y fina piel, como adoraba sus caricias, el cosquilleo, aunque yo sin embargo seguía con mi dedicación plena a la polla del gordo, que ahora a placer y sin impedimentos podía surcarla enterita con mis labios, bajé unos instantes a sus peludos huevos para saborearlos también, que gozada, el gordo echaba su cabeza para atrás mientras hacía que sus pelotas subieran y bajaran al unísono pajeándole sin compasión con mi mano derecha.

"Ahora soy para vosotros, disfrutadme, hacedme vuestro, quiero sentiros dentro mia!!!", les gemía a aquellos desconocidos para que de una vez se decidieran a penetrar mi puerta trasera que estaba preparada para partirme en dos.

Sergio se apartó de mi trasero sentándose junto a Ramón, y entonces supe que el cachas de Fernando entraba en acción, me giré mirándole a los ojos, aunque él no me quitaba la vista de mi húmedo ojal, vi como se apretaba su paquete mientras con la mano que tenía libre la posaba sobre mis nalgas acariciándomelas para sopesar mi preciada y cuidada mercancía. "qué culito tienes, zorra, lo tienes más suave que el de mi chorba", yo le asentí con cara de vicio, haciéndole ver que me mordía mis labios inferiores con cara de deseo. "Fóllame y me dices si sientes tambíen más placer conmigo que con ella".


Aquella frase encendió a aquel saco de músculos, que no dudó en quitarse la ropa y quedarse como su madre lo trajo al mundo, sus pectorales de gimnasio, su barriga con tableta de chocolate, me tuve que girar para contemplarlo, él, se giró a la vez enseñándome su enorme espalda recorrida por un tatuaje con letras chinas que recorrian su musculoso cuello, Fernando se inclinó hacia adelante y abriéndose su culo, me lo puso en pompa, "cómemelo chaval", me dijo, que nunca me lo ha chupado nadie.


Abandoné al gordo sin remedio y me acerqué a su regata trasera, no lo dudé y me dispuse a lamerle su entrepierna, sudorosa y no muy perfumada, hundí mi nariz entre aquellos depilados glúteos y surqué su ojete con mi lengua haciéndole cosquillas a su dueño, que por lo visto no agradó y se dió la vuelta rápidamente para cogerme de mis orejas y enseñarme bien de cerca su enorme polla erecta como una seta, bien empinada hacia arriba. A penas me dió tiempo a ver su sexo con todo su explendor porque me obligó a amorrarme a aquel pepino rebentón sin poder hacer ni decir nada más, se la cogió y bajándo su capullo a la altura de mi cara, me la metió en la boca sin mediar palabra. Su enorme capullo salía de su prepucio entre mis labios deleitando mi lengua con sus calientes y pegajosas emanaciones preseminales.

A penas me movía ya que él se me follaba la boca a su antojo, yo de rodillas ante el, en la postura más denigrante que existe, pero poco duré en aquella pose, porque me la sacó para darme la vuelta y ponerme de cara al sofá, contemplando al gordo y a Sergio, puse mi puerta trasera sólo para él, para que me hiciera lo que le vininiese en gana.


De cara al gordo de Ramón y a Sergio, continuaba gimiendo el gusto de sentir como Fernando me hacía resbalar la punta de su enorme polla entre mis gluteos, de arriba a abajo la frotaba entre mis nalgas pasando por mi ojete una y otra vez haciéndome enloquecer de deseo de que me hiciera suyo de una vez, y yo se lo suplicaba, "por favor, métemela, métemela, fóllame, rompe mi agujerito, por favor", él, sin embargo, continuaba con su jugueteo cruel para hacer que lo deseara aún más, y me dijo: "vamos, cómele la polla al Ramón y así sentirás dos pollas dentro tuya", yo no lo dudé un momento, me acerqué continuando con mi inclinación, con mi culito al querer, y me amorré nuevamente al abandonado pepino del gordo estrujándole a la vez sus peludas pelotas, Ramón empezó a gemir de gusto, le succionaba aquella verga todo lo que mi boca daba de sí, le babeaba aquel tallo como si de un calipo se tratara.

"Vamos chupa cabrón, que te vas a atragantar con mi leche", me dijo entre gemidos el gordo, yo mamaba como un bebé agarrado a la teta de su madre, le estrujaba sus huevos, le pajeaba, le puse su sexo enrrojecido de tanto sobeteo y mameo, el gordo estaba a punto de correrse, mientras Sergio, nos contemplaba con cara de vicio y salido, haciéndonos fotos con el movil. Mientras, Fernando continuaba con su paseo entrenalgas de su rabo, notaba como la humedad de la saliva prácticamente ya había desaparecido y ya no resbalaba tanto como al principio, dejó su punta posada en mi mismo ojete, tapando su abertura plenamente, esperando el momento, yo alargué mi mano y acaricié sus lánguidas pelotas mientras la polla del gordo se quedaba hundida al tope dentro de mi boca mientras con mi lengua jugueteaba como podía con la parte baja de su tallo, succionaba a más no poder.

"Me corro hijo puta, me corro", me dijo el gordo, mientras moviendo su pelvis se me follaba la boca velozmente, mientras, borbotones del caliente semen del gordo se estampaban descontroladamente por mi paladar, era realmente asqueroso, pero muy erótico, a penas podía tragarme aquello tan viscoso, era como comerme unas natillas calientes con muchos grumos junto con su polla, que seguía allí dentro descargando más cantidad de su néctar fruto del éxtasis, le solté las pelotas a mi futuro poseedor trasero para estrujar las del gordo, escurriéndole su polla y dejé que resbalara por mi barbilla la parte del semen que no me había tragado, no me lo pensé ni un momento, me aparté un poco del preparado pistón de Fernando y me hunté mi ojete con aquella lefa del gordo que casi me resbalaba por mi cuello, deslicé mis dedos por mi ojete y me metí uno de ellos por la abertura de mi ano, para que quedara bien lubricado con el esperma del gordo.

Fernando ya no lo dudó más, le oí decir "¿follarme a un tio no es ponerle los cuernos a mi chorba verdad tios?", Sergio le decía sonriéndole, "claro que no tio, vamos, métesela de una vez, ¿no ves que lo está deseando hace rato? ¿qué te parece la despedida que te he preparao eh Fernando?", el gordo se sentaba sobre el sofá dejándose caer como un saco de arena del cansancio y del éxtasis recibido, mientras el cachas ahora tenía mi culito preparado para poder clavarme su polla sin más impedimentos, volviéndomela a apoyar sobre mi abertura trasera, la volvió a deslizar ahora con mucha suavidad gracias al semen resbaladizo que me había untado de la corrida del gordo, la orientó ayudándose con su mano derecha y poco a poco fué hundiéndomela sin remedio en mi deseoso agujerito. Empezó doliendome un poco, tenía una punta muy gorda y entraba con dificultad, pero al cachas mis gemidos de dolor le importaban bien poco, le excitaban más todavía y me empujaba con fuerza, notaba como poco a poco me la hundía irremediablemente entre mis gluteos.

Sentí como su glande se abría paso por mi esfínter, que yo relajaba lo que podía para facilitar la penetración, Fernando la volvió a sacar del todo para volverla a rebozar con el semen del gordo que huntaba mi entrepierna y volvía a perforarme mi estrecho agujerito, yo tiraba mi cabeza para atrás disfrutando de aquel momento tan excitante, "vamos Fernando, fóllame, soy todo para tí, métemela y dame toda tu leche", aquello ruborizó a Fernando y empujó su picha con más fuerza abriendo mi esfinter rindiéndose sin más, dejándo paso a aquel pollón del cachas.

"Ahhhhh, siiiiii fóllame Fernando!!!¡¡¡pero que grande la tienesss!!!", le gritaba con su polla dentro mía, sentí como los pelos cortitos de su pubis me pinchaban sobre mis nalgas y como sus huevos se abrazaban a los mios quedándose clavado a tope de dentro mía y quedándose detenido sintiéndo el calorcito de su sexo en la profundidad de mi ser. "Pero que pasada Fernando, uuuuaaaa me encantaaaa", le gritaba entre gemidos de gusto, le cogí de sus caderas para acompañar su acto, intentando evitar que me la sacara.

Fernando exclamó "pero que culito tienes cabrón, que estrechito y placentero, me lo voy a follar enterito", seguido a su frase, fue retirándose poco a poco para antes de salirse del todo, volver a hundirse dentro de mí nuevamente, hasta el tope de su pelvis, que gozada, notaba como la forma de su polla resbalaba cada vez con más facilidad sobre la delicada piel de mi rajita trasera, mi agujerito trasero era ahora completamente suyo y quería que gozara de él, tanto como yo lo estaba haciendo, me encantaba sentirme disfrutado, que me embistieran por detrás, sentir que su polla era abarcada por mi fina piel cuidada y ahora resbaladiza gracias al semen del gordo, sin remedio, comencé a gemir como una perra.

Fernando empezó a seguir el vaivén de una buena follada, pero de forma profunda, se ve que le gustaba sentir que su polla estuviera bien al fondo, le gustaba escuchar el chasqueteo que empezaba a oirse gracias a las estampadas que pegaban su pelvis contra mis gluteos, Sergio, grababa la escena en video con su movil, buscaba una buena posición para poder ver bien nuestros sexos abrazándose y fundiéndose juntos.

El gordo se quedó medio dormido tumbado en el sofá, abierto de piernas y con la picha mustia sobre sus huevos, hice intención de acercarme para comerme su lánguida polla, pero el cachas me cogió de los hombros y me empujaba hacia él para que no me escapara. Fernando gemía como un perro, me daba por mi culo como un poseso y yo estaba disfrutando como nunca, "no pares Fernando", le decía entre gemidos de gusto.

Estuvimos un buen rato en aquella postura de espaldas a él, cuando de repente salió de mí y me pidió que me tumbara en el sofá boca arriba, sentí como mi culito se quedaba solito y desconsolado, un poco abierto ya, gracias a aquel pepino rebentón.


Me di la vuelta y me puse boca arriba de cara a él, contemplé sus pectorales, su tableta de chocolate, pero sobre todo, su enorme polla enrrojecida y muy empinada hacia arriba, con un gran capullo sobresaliente encima de aquel gran tallo que salía sobre sus dos buenas pelotas caidas y blandengues, me tiré de rodillas ante él, necesitaba comerme aquella polla, la deseaba también dentro de mi boca, comencé comiéndole los huevos ansiosamente mientras le pajeaba con mi mano izquierda, Fernando gemía de gusto, pero enseguida escalé por aquel gran tronco hasta llegar a su capullo que hundí entre mis labios absorviendo como un desquiciado, saboreé las emanaciones de su polla, junto con restos de semen del gordo, era muy asqueroso, pero me viciaba.

Fernando tiraba su cabeza para atrás del gusto, yo le hacía el pájaro carpintero salvajemente para intentar acercarle al éxtasis, pero Fernando tenía un aguante colosal, porque yo mamaba y mamaba y con el gusto que da que te la chupen y encima de aquella manera, uno no aguanta tanto como aquel tipo.

Fernando me dió un empujón para que me separara de él, abandoné su picha para volverme a tumbar sobre el sofá boca arriba, mi ojete palpitante reclamaba su premio, Fernando no tardó nada en volver a posarse sobre mí, me levantó mis piernas hacia arriba, abriéndomelas y levantándome mi culito a la altura de su pelvis, mi mustio pene yacía mustio y olvidado coronando lo alto de mi depilado pubis, mientras Fernando posaba la punta de su nabo sobre mi ojete y sin ya no demasiado esfuerzo y con la lubricación de mi mamada, la hundía a placer en mi interior nuevamente.

Fernando me cogió de mis tobillos juntándomelos para dejarle a la vista únicamente mi profanado orificio tapado por su colosal verga, la undía a su antojo una y otra vez ahora a menor velocidad, dejándole a Sergio una muy buena escena de sexo, yo con mi cabeza hacia un lado, con mis ojos entornados y mordiéndome los labios una y otra vez recibía a mi poseedor sin remedio, a su antojo, como él quisiera, y el tiempo que quisiera, mi culo tapado por su gran polla me hacía ver el cielo, dándome un escalofrio que recorrió todo mi cuerpo desde mi culito hasta mi cabeza, haciéndome sentir lo que era una verdadera corrida anal. Fernando se dió cuenta de lo que había conseguido, riéndose, se me calzó nuevamente al tope, dejándome plenamente relleno de su carne sexual.

Intenté pajearme para tratar de elevar un poco mi olvidado pene, pero de poco servía, lo único que me hacía disfrutar era recibir a mi anfitrión una y otra vez por mi puerta trasera, nunca había imaginado que podía ser tan placentero que me dieran por detrás.

Sergio dejaba el movil a un lado del sofá, vi como se quitaba sus pantalones y sus calzoncillos, contemplando su polla empalmada de tanta excitación, se acercaba sentándose sobre mi cara a horcajadas, sus pelotas eran alcanzables por mi lengua que comenzaba a lamérselas como si de dos dulcisimas pequeñas berenjenas se trataran.

Fernando me separaba mis piernas para follárseme a un ritmo poco a poco más frenético, con aquella postura la follada era más suave y menos rozante, lo que al parecer gustaba más a Fernando, Sergio tiraba su cabeza para atrás del gusto de mi mamada sobre sus peludos huevos gimiendo al unísono el placer recibido.

Los chasquidos de cada embestida de Fernando hacían que se escucharan los golpes de nuestros sexos ante tal hazaña, su calor dentro de mi cuerpo me inundaba y desbordaba de bienestar, no quería que terminara nunca, Sergio tenía su polla muy empalmada y si no se ayudaba con sus manos a inclinármela sobre mi cara, nunca podría mamársela, pero a él parece que poco le importaba de momento, ya que sus pelotas continuaban siendo pasto de mi lengua que seguía lamiendo y relamiendo su blandengue piel escrotal.


Fernando gemía como un perro de gozar de mi estrecho agujerito, lo poseía plenamente, era sólo para él, su polla atravesaba al querer mi esfínter como cualquier cosa, sentía todo el recorrido de su imperfecta polla, desde la punta de su enorme glande, el recorte de su frenillo, y el largo, gordo, venoso y granuloso tallo que entraba al querer hasta toparse contra su pubis recortadito y cuidado, que evitaba que la penetración hiciera que me atravesara hasta mi garganta con su polla.


Sergio se levantó de mí pajeándose y dejándome sólo con Fernando, éste, me cogió de mis manos posándomelas sobre sus gruesos y musculosos hombros, me cogió de mi espalda, y empalado a su polla, me levantó como una marioneta del sofá llevándome a su antojo por aquel comedor unido a su enorme picha, no sabía muy bien donde ponerme para continuar taladrándome, primero me apoyó contra una pared, como si de su zorra se tratara, yo cogido a su enorme cuello, apoyaba mi espalda contra la fria y goteleada pared, bajó sus manos a mis nalgas que sujetándo todo mi cuerpo me las separaba al querer, abriéndome más si aún cabía, mi tapado a su antojo agujerito del placer, rellenándome un poco más con su polla.



Era una postura incómoda para mí, mi cuerpo se estrujaba entre la pared y Fernando, para que mi ojete estuviera a tiro, mis testiculos y mi mustio pene se esclafaban entre su barriga y la mia dejando paso a mi ojete, que cubría plenamente.

Fernando me atornillaba su polla como bien podía, sentía como la piel de su pene quedaba agarrada a la entrada de mi culito y su capullo se deslizaba dentro mia calentando mi interior con la enrrojecida y suave piel de su glande, Fernando gemía de gusto y de sudor de aquella dificil postura que no tardó mucho en cambiar, llevándome sobre la sucia mesa que todavía tenía los platos sucios y migas de pan de la cena de la noche anterior.

Me tumbó sobre aquella mesa apartándo como podía los platos de donde me posaba, sin separarme de él, volvía a subirme las piernas sobre sus hombros, estaba a la altura perfecta para recibirle sin impedimentos, su polla volvía a embestirme una vez más frenéticamente buscando estallar dentro de mi.

Sergio volvía a grabar la escena con su movil, los gritos de éxtasis de Fernando y mios eran los únicos del comedor, el gordo empezó a hacer nuevo acto de presencia gritando desde el sofá: "Vamos Nando, reviéntale el culo, llénaselo de leche para que se lleve un buen recuerdo".

Tumbado boca arriba sobre aquella sucia mesa, acompañaba cogiéndole como bien podía de las caderas a mi poseedor, le dije entre sollozos de placer "vamos Fernando, hazme tuyo plenamente, rellename de tu lechita, quiero sentirla dentro mía", Fernando ruborizado estampaba nuevamente con fuerza sus huevos contra mí, el ritmo frenético era cada mez mayor, yo apretaba con fuerza mi culito machacado para tratar de darle más roce a la follada e intentar eyacular a aquella polla, mi culo me volvía a complacer con un nuevo e irremediable orgasmo que me hizo sollozar de placer, los escalofrios de todo mi cuerpo partían en dos mi culo hasta mi cabeza, me abalancé a las nalgas de Fernando y lamí su depilado pecho como podía sacándo sin querer su polla de mi culo quedándome sentado sobre aquella mesa.



"Ven, amórrate aquí ", me dijo Fernando mientras se sentaba en el sofa junto al gordo abriéndose de piernas. Me fui bajando de la mesa del comedor notando como mi agujerito trasero era claramente una O de un donut, a penas podía cerrarlo de la excitación y de la follada, caminando lentamente me acerqué al sofá, un palmetazo en mi galta izquierda por parte de Sergio se hizo escuchar con claridad en aquel comedor, Fernando me esperaba abierto de piernas con su enorme polla empinada y sus lánguidas pelotas colgando de él.

Me arrodillé ante él y comencé a lamerle sus depilados testículos con mucho vicio, escalando por aquella enorme verga hasta llegar al rosado y enrrojecido capullo de tanto embestirme, sin muchos preámbulos lo hundí en mi boca plenamente succionando todo lo que podía mirando a su dueño, Fernando entornaba los ojos del placer, y yo retorcía mi lengua sobre su fina piel lamiendo su polla con un tremendo celo, empuñé sus humedecidos testículos y hundí su verga en mi boca hasta lo que pude, succionando como un poseso aquel masculino sexo, Fernando gemía de gusto, "ven, súbete a mi polla, quiero follarte, pero ponte de espaldas"

Me apoyé sobre sus piernas y me levanté para ponerme de espaldas a él.

Girandome para mirar donde me tenía que sentar, Fernando tenía su polla en la mano para orientarla a su ansiado orificio, "Ven, ábrete de piernas y siéntate despacio", puse mis piernas por fuera de las de él, abriéndome todo lo que pude, él me ayudó cogiéndome de mis caderas, sujetándome para que no me cayera, irremediablemente mi espalda se posó sobre su pecho, Sergio grababa la escena desde delante, contemplando plenamente nuestro acto, mi polla se había puesto dura, mirando al cielo acompasada de la de Fernando que bajo mia esperaba ansiosamente taladrarme de nuevo en aquella nueva postura.


Fuí resbalando poco a poco sobre la barriga de Fernando por culpa de nuestros sudores, hasta llegar irremediablemente a toparme con la punta de su polla que ya tocaba mi culo, Fernando no lograba acertar a metérmela ni ayudándose con su mano, pero yo, rápidamente le cogí con mi mano derecha su polla, para que enseguida su glande se posara en mi abierto y palpitante orificio.

Sergio dijo: "Fernando, cógele de los huevos ahora, que tiene la polla empinada", Fernando fue decirle eso y enseguida, desde abajo, me buscaba mi sexo para agarrarme de mis pelotas, mientras la punta de su polla empezaba a resbalar entre mis gluteos clavándose dentro de mí.

Yo me separaba mis nalgas para poder facilitar la penetración, y Fernando empujaba con su pelvis aquella enorme verga para que volviera a ser tragada por mi culito, no costó mucho, porque enseguida el tope de su pubis chocaba contra mí, haciendo de tope de la follada, sentía nuevamente su polla dentro de mi, esta vez con la forma de su pene al revés, me encantaba sentir dentro su caliente carne sexual, mientras, mis pelotas las estiraba con fuerza hacia abajo para evitar que me separara de él.


Fernando me dijo entonces: "apóya las manos a los lados sobre el sofá y sube las piernas poniendo los pies encima de las mias". Yo obedecí, cuando conseguí aquella posición deseada por Fernando, soltó mis huevos y me cogió de mis nalgas abriéndomelas todo lo que pudo, levantándome un poco, para que se quedaran abiertas cuando volviera a quedarme sentado sobre él, luego me cogió de los muslos y moviendo su pelvis empezó el vaivén que tanto deseaba.

Sergio grababa la escena desde delante de nosotros, los testículos de Fernando se chocaban contra los mios abrazándose irremediablemente, sentía el calor de la follada junto con nuestras pelotas abrazándose una y otra vez en cada embestida, era increible, no sabeis lo que estaba disfrutando de aquella nueva postura, penetrado por Fernando a su antojo, nuestros huevos abrazados, y Sergio grabando la escena, sin palabras.

Los chasqueteos del choque de nuestra piel de las embestidas de Fernando debajo de mí, se escuchaban al unísono del placer que estaba sintiendo, escuchaba a Fernando gemir cada vez con más ardor detrás mia, se le notaba como buscaba el correrse. Yo le dije "Nando, quiero que me llenes de tu leche por favor, necesito sentir tu leche dentro mia", bueno, aquello hizo que Fernando se pusiera como un toro, empujándome más fuertemente, me sujetaba mis gordas nalgas para mantenermelas bien abiertas, apretándomelas, clavándome sus uñas, me contestó, "me encanta tu gordo culo chaval, me encanta atraversártelo y que me sientas bien adentro, voy a darte por tu culo lo que nunca habias imaginado". Dijo.

Su polla entraba y salía de mi culo como un pistón, suave, pero muy presionado a la vez, el roce de su polla en mi piel lo sentía en todo su recorrido una y otra vez, a veces casi la sacaba del todo, pero no dejaba que su capullo viera la luz, pero enseguida lo volvía a meter del todo para dentro, se deslizaba con una gran facilidad, mi culo estaba partido en dos gracias a aquella enorme verga que no dejaba de surcar una y otra vez mi rendido esfinter.

"Ostias me corro!!" dijo Fernando, fuertemente se separó de mi, y de un empujón me tiraba sobre el sofá dejándome boca abajo, y separándome las piernas, en postura del perrito, y antes de que me diera cuenta, me metía otra vez su polla en mi culito ayudándose con sus manos, y sí, era cierto, su semen iba a llenar mi abierto agujerito de un momento a otro, pero de momento parece que había sido una falsa alarma, porque ahora Fernando jugaba a metérmela y a sacármela del todo, sentía su polla entrar y salir de mí como si tal cosa, con mucha facilidad, notaba como su enorme capullo se abría camino, para dejar pasar su gordo tallo hasta el tope, sus huevos volvían a estamparse contra los mios en cada embestida, que gusto dios!!.


Fernando volvió a cebarse a gran velocidad en aquella postura animal, con una pierna flexionada sobre el sofá y la otra apoyada en el suelo, mi agujerito lo tenía más que a placer, y lo machacaba con gran velocidad buscando su ansiada corrida, los empujones eran cada vez más bestias, más veloces, mi cuerpo vaiveneaba a su antojo, yo me mordía mis labios inferiores y tiraba mi cabeza para atrás constantemente de tanto gusto, sentía como mis pelotas junto con mi polla, nuevamente mustia, bamboleaban como los pechos de una tia en aquella postura, el sonido de los chasquidos de su pelvis contra mis gordas nalgas sonaban secos en aquel caliente comedor.


Fernando gemía como un loco mientras yo lo acompañaba con mis sollozos de gusto, "ahhhhhhh siiiiiiii dame más dame más dame más!!!", él, no dejaba de embestirme una y otra vez, y echándose de repente sobre mí, separándome mis nalgas apretándomelas todo lo que podía, sentí como algo muy caliente resbalaba dentro de mí, ya no me cabía duda, era la ansiada corrida.

Fernando sollozaba de gusto quedándose al tope dentro mia, embistiéndome débilmente ahora, me dejaba empalado a su polla durante unos instantes, mientras sentía como los calientes chorros de semen se estampaban sin control por dentro de mi cuerpo, por fin su esencia sexual pringaba mi interior sin permiso alguno, su pastosa leche resbalaba dentro de mí haciendo lubricar todavía más, si cabe, el deslizar de su glande entre mis gluteos,.

Los gemidos del éxtasis de Fernando se me clavaron también en mis oidos, "toma, toma, toma, toma, goza de mi leche maricona, tómala toda, tómala toda ahhhh", las uñas de sus manos me las clavaba fuertemente sobre mis enorrojecidas nalgas, que separaba todo lo que daban de sí para dejarme bien metida su polla en lo más profundo de mi cuerpo, se quedó por un momento al tope sobre mí, gozando del momento, babeando sobre mi espalda también, me untaba su saliva con sus manos por toda mi columna vertebral hasta llegar a mi cuello, aquella combinación de sentidos fue mi éxtasis total y me hizo correrme de nuevo, el saber que escurría su gorda polla extasiada dentro de mi culito, que mis nalgas enrrojecidas eran cubiertas al tope por su pelvis, que me escupía sobre mi espalda y que me deslizaba sus manos suavemente por mi cuerpo acariciándome, no pudo lograr otra cosa que gozar del mejor momento de mi vida.

No pude aguantar mis sollozos de placer pidiéndole que no se detuviera, "ahhhh, Fernando... no puedes imaginar lo que estoy sintiendo ahora mismooo... no pareeesss", él seguía acariciándome la espalda mientras lentamente sacaba su polla de mi, que aún derramaba semen, volviéndola a hundir con aun mayor suavidad gracias a su pegajosa corrida, deseaba sentirla dentro mía, que no me abandonara nunca, saber que estaba conmigo me llenaba plenamente, no quería volverme a sentir vacío, pero Fernando volvió a sacármela y se tumbaba sobre el sofá extasiado, lo que me hizo no evitar el girarme para verle directamente.

Su cara era como si estuviera en el cielo, mientras sentía como mi abertura anal estaba compleamente abierta gracias a su polla y pegajosa de su semen, ahora fresca al aire, intentaba cerrarla pero sentía como volvía a abrírseme irremediablemente e inconscientemente, Fernando había logrado su intención, dejar mi culo abierto de par en par y rellenarme con su leche.

Fernando se quedó tumbado abierto de piernas una a cada lado de mí, su polla aún algo empinada, yacía sobre su recortado vello púbico, yo no lo dudé ni un segundo, me lancé a comerle las pelotas.

Con suavidad le lamía sus huevos succionándolos con mucho mimo y empecé a escalar por su venoso tallo húmedo, que conforme escalaba más resbaladizo estaba, apretaba con mi lengua la parte inferior de su polla para hacer escurrir las últimas gotas de semen que enseguida emergieron por la punta, haciéndola gotear sobre su pubis, no dudé en comerme y saborear aquel semen que goteaba y engullirme aquel enrrojecido nabo palpitante entre mis labios, con mucha suavidad, me comia su polla con sintomas de flaccidez, Fernando deliraba de gusto, haciéndomelo saber.

"¡¡pero qué vicio tienes chaval!!, ésto si que ha sido una follada para no olvidar en la vida., chupa anda chupa".

Después de lamerle y relamerle aquella sudada polla, cuando ya era sólo un lánguido colgajo de carne, me tumbé a su lado boca abajo, acariciándole su pezón izquierdo, él se quedó dormido y Sergio me dijo que me vistiera, que me tenía que marchar ya.

Recogí mi íntima ropa y me fui al baño para volverme a vestir. Sergio me esperaba fuera del pasillo y nos marchamos del piso.

"Ey tio, te has portado como la mejor de las putas, y éste tio mañana se casa, no sé si dirá el sí quiero, aunque estoy seguro que haga lo que haga, querra volver a encontrarse contigo, nunca lo había visto así follando con nadie y mira que hemos contratado putas y tios, pero como tú, nada de nada.
El novio de mi hermana
Relato enviado por Dante

Todo esto sucedió cuando yo tenia 18 años, para entonces yo ya sabía que era gay pero aun no había probado el sexo con otro hombre. Yo soy un chico bastante guapo, mido 1.78 metros peso 71 Kg, ojos verdes, moreno, piel oscura, sin vello, fuerte y con una polla de casi 20 cm. Para entonces mi hermana algo mayor que y tenía un novio que estaba buenísimo, muy guapo, cerca de 1.95 metros, muy fuerte, ojos claros, piel oscura y una preciosa melena morena y hasta entonces no conocía mas partes de él. A pesar de la diferencia de edad el tenia 24 años nos llevábamos muy bien, íbamos juntos al gimnasio, de vez en cuando salíamos de copas pero nada más, y yo no hacía nada más que fijarme en él.

Un día se tuvo que quedar a dormir en mi casa, y mi cuarto era el único en el que había una cama libre, así que durmió conmigo esa noche pude descubrir más partes de su anatomía que antes nunca había visto.

Yo siempre duermo en boxer y antes de que él entrara en mi cuarto yo ya me había despojado de mi pantalón y mi camiseta y me había metido a la cama. Desde mi cama oía a mi hermana y a él charlando en el pasillo, pasado unos diez minutos entró en el cuarto, yo estaba viendo la televisión y me preguntó que si no me importaba que durmiera desnudo que él siempre duerme así a lo que yo por supuesto acepté.

Empezó a desnudarse quitándose la camiseta, tenía un torso precioso, fibrado, con algo de vello entre el pecho y por la línea que baja desde el ombligo y se perdía en sus pantalones, la piel oscura y con mucho vello en las axilas (algo que a mi me ponía muy cachondo), también tenía unos abdominales increíbles con un ombligo que apetecía absorber. Después se quitó los zapatos y los calcetines y empezó a desabrocharse el pantalón dejando ver la parte superior de su boxer, para entonces yo ya estaba casi empalmado, pero lo disimulaba con la sábana. Se bajó los pantalones enseñándome unas preciosas piernas con algo de vello muy fuertes y bien marcadas, me fijé más en su boxer y aprecié un bulto más que considerable pero por desgracia para mí allí paró, se metió en la cama y una vez dentro se quitó el boxer lanzándolo contra el armario apague la tele y nos dormimos.

Yo no podía dormir pensando que tenía a semejante macho en al lado de mi cama y mucho menos quedarme sin verle la pija.

No sabía que hacer así que me levanté de mi cama y sin hacer ruido agarré su boxer, lo empecé a oler y a lamer. Olía a hombre y sudor ya que esa misma tarde habíamos estado haciendo gimnasia y empecé a pajearme con ese olor y ese sabor, pero no me podía quitar de la cabeza aquel bulto en su boxer así que deje de pajearme me senté en mi cama y empecé a observarlo. Estaba tumbado boca arriba con la sábana a la altura del ombligo y un poco más abajo se podía ver una zona oscura, y bastante mas abultada que el resto lo que me puso aún mas cachondo.

Así estuve cerca de una hora mirándolo hasta que me armé de valor y decidí hacer algo. No podía dejar pasar esta oportunidad, primero comprobé que estuviera dormido, después me arrodillé a los pies de su cama y empecé a tirar de la sábana. Desde mi posición podía ver cómo poco a poco la sábana iba dejando ver su cuerpo, seguí tirando hacia abajo hasta que por fin conseguí mi premio, su pija flácida fue apareciendo ante mi. Cuando conseguí tener en mi poder toda la sábana, me levanté del suelo y lo observé desnudo encima de la cama, con una pija descapullada de unos 18 cm pero bastante gorda, pero no podía parar ahí, me arrodillé y bajé mis boxers, empecé a acariciarle su cuerpo, su polla se iba poniendo cada vez mas dura con mis suaves caricias en su pecho y en sus huevos.

Pero ahí paré, y cuál fue mi grata sorpresa? que al volver a taparlo escuché una voz que me decía ¿por qué parás? ¿no te gusta?. Giré la cabeza y ví que esa voz provenía de él que había estado despierto durante todas mis caricias.

Se levantó de la cama y apoyó su espalda contra la pared agarró su pija que volvía a estar flácida y empezó a machacársela mientras me miraba lamiéndose sus labios, yo recibí rápidamente el mensaje así que me tiré al lado suyo y empecé a acariciar y lamer su cuerpo, mientras él dejaba su pija y agarraba la mía exclamando –vaya que bién guardado lo tenías. Yo lamía su cuerpo y acariciaba su espalda hasta que mi mano pudo palpar un culo perfecto muy duro, redondo y con algo de vello, luego nos besamos durante un tiempo.

Después se levantó, yo estaba sentado en la cama, y echando su melena hacia atrás golpeaba mi cara con su pija húmeda y aún no dura del todo. Yo se la agarré con una mano y la restregaba por mis labios y lo masturbaba para que se le pusiera a tope, cuando ya podía sentir la dureza de su pija venosa me la metí entera en la boca cosa que no fue fácil puesto que era una pija muy gorda. Yo podía oír cómo gemía y me pedía por favor que no parase así que se la estuve chupando un buen rato, él me agarraba la cabeza y la movía a su antojo moviendo sus caderas hacia delante y hacia atrás, yo estaba en la gloria, después de chupársela durante un rato la saco de mi boca y me dijo ahora vas ha saber qué es lo que le gusta tanto a tu hermana. Me tumbó en la cama, y agarró mis piernas y las apoyó en sus hombros y empezó a restregarme la cabeza de su polla por la entrada de mi culo, se lamió los dedos y empezó a restregarlos por mi ano hasta que fue introduciéndolos poco a poco en mi culo primero uno, después dos y para acabar metió tres, estuvo un rato moviéndolos dentro de mi hasta que los sacó. Entonces le llegó el turno a su pija, la colocó en mi ano y empezó a empujar hacia adentro. Para mí eso fue lo más, primero la metía despacito y poco a poco hasta meterla toda dentro de mí, cuando pude notar sus bolas contra mi culo empezó ha hacer movimientos circulares con su cadera mientras la sacaba y la metía despacito pero más rápido cada vez, así estuvimos mucho tiempo hasta que empezó a moverse con mas rapidez y fuerza, mientras que con una mano me masturbaba con la otra me daba azotes en el culo, yo tenía mi pija como nunca, pero aguanté como pude mi acabada, pasaron cerca de diez minutos y me la sacó del culo se puso más encima de mí, y entre convulsiones y unos grandes gemidos se la machaca encima de mi cara, hasta que soltó un gran chorretón de leche en mi cara seguido de unos cuantos chorros de menor intensidad, era una leche muy caliente que yo agarré con la mano y lamí con gusto.

Tras esto se fue hacia mi pija y la cogió y de un bocado se la metió en la boca, la chupaba como todo un maestro lengua, dientes y labios hacían su trabajo a la perfección así que a ese ritmo no aguante demasiado y me corrí en su boca, el se tragó toda mi leche y me besó en los labios.

Luego nos dormimos en nuestras camas y a la mañana siguiente ninguno de los dos dijo nada como si hubiera sido un sueño erótico.

Sexo en la Universidad
Relato enviado por Johny

Me desperté. Estaba demasiado alarmado, ofuscado. El chirriante despertador en forma de esfera había estado sonando por 10 minutos, como mínimo. Todo estaba revoltoso; por un momento no recordaba dónde estaba. El despertador seguía emitiendo ese irritante sonido, que de mal humor me ponía en las mañanas.

Soy un inútil, pensé. Llegaré tarde a la universidad.​

El despertarme se había estado volviendo difícil últimamente;​ me hice prometer que me iría a dormir más temprano, pero dentro de mí siempre ha habitado un espíritu nocturno y perezoso. Difícilmente​ cumplo las promesas que me hago a mí mismo, y ésta última promesa era simplemente una más de entre todas.

Seguía tumbado en la cama, sumido en la lucha interna. Todas mis células, y las células de mis células parecían aferrarse a la cálida sensación que producían las sábanas en contacto con mi piel. Sin embargo, sabía cómo disipar toda esa sensación: con cafeína. Pero no con cualquier cafeína; con mi cafeína. Luis Fernando.

Dejé que mi cerebro se inundara con imágenes de Luis Fernando. Mi cuerpo respondió al instante. Ya no quería dormir, lo quería a él. Sobre mi mente desfilaron imágenes de su hermosa cara; sus ojos profundos y sus facciones geométricas,​ artísticamente​te talladas. El deseo de su cuerpo me invadió, y recordé como era: alto y delgado, trabajado y bronceado por el sol. Su pantalón siempre estaba muy abultado sobre su pene, hecho que me excitaba muchísimo. Perfecto.

Hacía tiempo que me había enamorado de él. También solía fantasear con él mientras lo veía jugar fútbol. Mi mayor fantasía era tener su polla dentro de mí, acariciar y besar todo su cuerpo. Era una situación complicada, desde luego. Yo soy homosexual y él no lo es, lo que limitaba mis ilusiones a la fantasía y al deseo. Él nunca podría ser mío, o al menos eso pensaba yo por la mañana.

Me alisté y conduje rápidamente a la universidad,​ pues iba muy retrasado. Eran las 7:28, y yo debía estar allá a las 7:30. De alguna manera me las ingenié y llegué alrededor de las 7:34. Mientras estacionaba mi automóvil, me di cuenta de que el estacionamie​nto estaba casi completamente​e vacío. Había 8 ó 9 automóviles,​ contra los más de 70 que solía haber diariamente.​

Algo anda mal, pensé. Algo huele muy mal.

Me dirigí a la entrada de la universidad,​ a unos 200 metros del lugar donde estacioné mi carro. Es la universidad un conjunto de complejos y amplios edificios, con capacidad para más de 2,000 estudiantes.​ Sin embargo, cuando crucé la entrada, sólo encontré un adjetivo para describirlo;​ desértico.

Soy un estúpido, me dije a mí mismo. La entrada de hoy era a las 10:00 a.m.

¿Cómo podría haberlo olvidado? Podría seguir dormido en mi cama, disfrutando de mis sueños húmedos en los que siempre aparecía Luis Fernando. Todo el esfuerzo y la apuración por llegar rápidamente habían sido en vano. Me resigné y me dirigí a mi salón de clases, para comprobar si alguien más ya había llegado. Viéndolo positivamente, podría adelantar algunos deberes muy extensos.

Comencé a caminar sin prisa alguna. Mi salón se encuentra en el segundo piso del cuarto edificio, un tanto retirado de la entrada. Ni un alma a la vista. Llegué al pie de las escaleras y las subí lentamente, una por una, contándolas.​ Fueron 18 escalones. Llegué al segundo piso, y ante mí se extendió un largo pasillo. Emprendí la marcha, contando de nuevo los pasos que di hasta llegar a mi salón. Fueron 68 esta vez. Pensé que sería el primero en llegar, pero estaba equivocado…

—Wey, entrábamos a las 10 —dijo Luis Fernando— Llevo aquí 10 minutos

—Pensé que sería el único —dije yo— pero me ganaste. También se me olvidó...

No me lo esperaba. Mi pulso se aceleró endemoniadamente cuando vi al guapísimo Luis Fernando ahí, solo. Haber llegado temprano valió la pena, después de todo. Eso significaba que pasaríamos más de 2 horas juntos, sin interrupción​es. Me ruboricé. Sentía que cada movimiento que yo hacía era torpe. Me senté cerca de mi príncipe, mientras él cambiaba de posición para voltear a verme.

—No mames, ¿Qué vamos a hacer en tanto rato?

—No tengo idea —respondí—. ¿No tienes tareas atrasadas?

—No wey, yo sí soy cumplido, no como otros —me presumió.

Miré su cara por un segundo. Simplemente guapísimo. Me pareció gentil y amable, así como dulce y cariñoso. Pero heterosexual, sin duda. Su cariño estaba reservado para ellas, y no para mí. Un galán como él, consigue nueva novia cada semana. Sin embargo, estoy acostumbrado​ a no ser correspondido​ por los hombres heterosexual​es.

Volví a mirar su rostro. Esta vez, una sonrisa de complicidad se dibujaba en sus carnosos y deliciosos labios. Se levantó de su silla y se arrodilló junto a su mochila. La abrió y rebuscó dentro de ella. Finalmente encontró lo que buscaba, y regresó a su silla sosteniendo su iPod touch. Otra sagaz mirada de cómplices brotó de su rostro, y dijo:

— ¿Quieres ver porno? —dijo—. Ayer descargué videos nuevos.

—Humm… Órale

Aunque acepté, no quería hacerlo. Luis Fernando no sabía que yo era homosexual, y no quería decírselo en este preciso momento. Desconocía si él era homofóbico, pero no se lo diría en este momento, por supuesto que no. Me la estaba pasando de maravilla, nunca había estado a solas con mi amor secreto. Mi imaginación se echó a volar, pero recordé que estaba despierto.

Nos sentamos muy juntos, para ver los videos desde un buen ángulo. Nuestras mejillas casi se tocaban. Me pasó un audífono y me lo coloqué en el oído derecho. Él se colocó el suyo en el derecho. Tardó más de un minuto para elegir un video, como queriendo elegir el mejor. Finalmente se decidió por un "trío de dos putas y un macho". En el video, el macho se follaba a una puta, mientras que le chupaba la concha a la otra.

Siendo homosexual, nunca he disfrutado de la porno "normal", pero aún así me provoca erecciones el hecho de ver porno heterosexual. Luis Fernando comenzó a tocar su paquete, exageradamente crecido. Podía ver su gran polla extenderse bajo sus pantalones, y me asaltó la loca idea de tocarlo, pero reprimí el deseo.

Comencé a tocar mi propio paquete, que en ese momento ya estaba muy crecido. Lo acaricié con mucha pasión, y logré que Luis Fernando desviara su vista hacía mí. Para no quedarse atrás, tomó su polla bajo el pantalón, y comenzó a jalarla de arriba hacia abajo. Sentí que iba a explotar. No pude resistirlo más, lo estaba engañando. Él no sabía que yo era gay, y no quería aprovecharme de él. Así que le dije:

—Oye wey, voy al baño.

— ¿Te vas a pajear?

—No, pendejo —reprendí— Voy a… orinar.

Me levanté, y él me siguió con la mirada. Los baños están a sólo unos metros de mi salón, y me dirigí allí directamente. No tenía ganas de orinar, sólo quería estar lejos de Luis Fernando. Es común confundir la imaginación con la realidad, y la realidad era que mis fantasías con él eran tan profundas y tan vívidas, que me hacía sufrir el hecho de no poderlas convertir en realidad. Así que me acerqué a los lavamanos y me miré en el espejo. Me perdí en mis pensamientos.

Repentinamente, alguien irrumpió en los baños, acabando con mi privacidad. Era Luis Fernando, y al bajar un poco la mirada, vi dentro de sus pantalones la erección más fuerte que he visto en mi vida. Me dijo:

—Ya no aguanto las ganas, me tengo que pajear.

—Pendejo —dije, burlonamente—, ¿a eso viniste?

—Pues... sí. ¿Y tú qué haces aquí?

—Nada —dije— Pajéate

Con una mirada desconfiada se acercó a los urinarios. Pude ver cómo se bajaba la cremallera y tomaba la polla con su mano. Comenzó a masturbarse, deslizándola suavemente hacia arriba y hacia abajo. Mi polla se puso dura como el hierro en segundos. Esta vez no perdería mi oportunidad.

Caminé hacia él decididamente. No se percató hasta que yo estuve a centímetros de él. Llegué hacia él por su espalda, y tome su polla entre mis manos, mientras lo dejaba sentir mi polla en su trasero. Lo que hice lo tomó por sorpresa, pero no me detuvo. Sólo me preguntó:

— ¿Eres gay, cabrón?

— ¿Tú qué crees? —pregunté con tono sarcástico.

—Nunca me habías dicho… —parecía dudar—. Yo no soy gay.

— ¿Algún problema?

Rió

—No, pendejo. Mi fantasía es cogerme a un puto.

Mi pulso se disparó y la sangre inundó mis venas. Luis Fernando estaba ahí, fundido a mi cuerpo, su polla descansando en mis manos. Era mi momento; su cuerpo era mío. Tal vez no su amor, pero su cuerpo era mío. Y mi cuerpo siempre había sido suyo. Mi amor era suficiente para unirnos a los dos en algo más que el sexo.

Desabroché el botón de su pantalón, y comencé a bajarlo lentamente junto con sus bóxers. El volteó su cuerpo, de manera que quedamos frente a frente. Lo miré a los ojos, pero desvió su mirada. Colocó sus perfectas manos sobre mis hombros, para hacerme entender que me agachara. Yo bajé lentamente hasta quedar de rodillas. Terminé de bajar su pantalón y bóxer hasta sus rodillas, y volví a tomar su gorda polla entre mis manos.

Hasta ese momento, no había visto bien su polla. Era larguísima; mucho más que la mía. Comprendí por qué siempre se le abultan los pantalones, pues sus testículos también eran muy voluminosos. Tenía abundante vello púbico; toda una selva. Simplemente deliciosa. Su polla estaba durísima y caliente. Comencé a deslizarla con una mano, mientras que con la otra le acariciaba suavemente los cojones.

Después, comencé a lamer lujuriosamente su capullo. Lamí poco a poco toda su polla, hasta llegar a sus huevos. Le chupé los huevos; primero uno y luego el otro. Les di un tremendo masaje con mi lengua, y Luis Fernando estaba cada vez más caliente. Su piel me quemaba.

—Trágatela entera —me dijo.

Su gran verga se abrió paso a través de mis labios, y se arrastró lentamente hasta llegar al fondo de mi garganta. Luis Fernando sujetó mi cabeza, y comenzó a follarme por la boca, sacando y metiendo su polla cada vez más rápido. El cabrón la estaba pasando de maravilla, y yo también. Él empezó a gemir levemente, debido a la extática sensación que producía el salvaje contacto de su verga con mi lengua.

Mis manos comenzaron a explorar sus piernas, y las deslicé suavemente hacia sus nalgas. Masajeé sus nalgas muy suavemente, y extendí la caricia hasta su espalda baja. Mi polla estaba a punto de estallar; necesitaba pajearme o explotaría. Sin dejar de mamar su verga, bajé una de mis manos para sacar la mía, que hasta el momento había estado oculta dentro de mi pantalón. Bajé la cremallera y saqué mi polla. Comencé a hacerme la paja tan fuerte como nunca lo había hecho.

La verga de Luis Fernando seguía en mi boca; entraba y salía a un ritmo infernal. Estaba a sólo segundos de correrse. Para no quedarme atrás, sacudí mi verga entre mis manos a una velocidad vertiginosa. Los gemidos de Luis se acentuaron, previniendo una deliciosa eyaculación en mi boca. El placer invadió cada recóndito rincón de mi cuerpo; mis músculos se contrajeron en un suspiro de goce, y de mi verga salió un chorro de semen, mientras que la misma sustancia invadía mi garganta a borbotones.

Luis Fernando y yo nos habíamos corrido casi al unísono. Mi semen cayó al suelo y salpicó sus zapatos, y el suyo inundó mi boca. ¡Qué delicia!, el sabor ácido y al mismo tiempo dulzón de sus mecos penetró en mis papilas gustativas, dejándome extasiado. Tragué cada gota de ese precioso y místico líquido, que tanto me satisfacía.

Miré a Luis Fernando. Su piel pálida se había hecho de un rojo intenso, y en su rostro se asomaba una expresión de satisfacción y gusto. Lo había disfrutado, sin duda. Y le había gustado mucho. Pero había una atmósfera de confusión alrededor de nosotros, así como de inseguridad. Por un momento habíamos olvidado que estábamos en la escuela. Pero no había llegado nadie, aún no.

—Fóllame —le dije.

— ¿De verdad quieres?

—Sí.

Caminé, con mi polla entre las manos hacia los lavamanos y me miré en el espejo. No podía ocultar que yo lo había disfrutado, incluso más que él. Busqué la mirada de Luis Fernando en el espejo, y una vez que la encontré, le dediqué un gesto lujurioso; lo barrí con la mirada mientras mordía mi labio inferior.

A través del espejo, vi cómo se acercaba hacia mí, como contemplando un postre a punto de ser devorado. Yo prontamente comencé a bajar mi pantalón, pues no me lo había quitado del todo. Dejé mi culo al aire, para despertar las pasiones en Luis Fernando. Su verga se endureció increíblemente rápido, después de tremenda mamada que le había dado.

Cuando se hubo acercado lo suficiente, Luis Fernando acarició suavemente mis nalgas y besó tímidamente mi espalda. La sensación fue celestial; una oleada de placer cosquilleante recorrió mi espalda y me hizo temblar. Comenzó a restregar su verga en mi culo. Su verga se abrió paso entre mis nalgas y buscó mi agujero. Finalmente lo encontró. Comenzó a presionar, poco a poco, pues era difícil por la falta de lubricación.

Penetró en mí, lentamente. Estaba tan gruesa y tan dura, que tardó más de dos minutos en meterla toda. Nunca me habían metido una cosa tan grande, por lo que en medio del placer, estaba soportando un dolor lacerante. Luis Fernando dejó su verga ahí, en mi interior, para que mi cuerpo se adaptara a ella. Estábamos fundidos en uno sólo; éramos un solo cuerpo cuyo origen era el placer. Me olvidé del mundo, y quedamos solos en medio de la nada. Él y yo.

Luis Fernando tuvo su verga dentro de mí por un largo momento. Luego comenzó a sacarla pausadamente, y cuando estuvo a punto de salir, comenzó a follarme a una velocidad demoniaca. Así se folla a las putas, pensé. Me metía su verga y la sacaba rápidamente, mientras yo me debatía entre el dolor y el goce.

Comencé a gemir, a gritar por ese placer que me estaba dando el cabrón de Luis Fernando. Nunca antes había disfrutando tanto la verga dentro de mí, entrando y saliendo al ritmo de la pasión. Todo comenzó a ir más rápido; comenzó a follarme más rápido. Mi mente quedó en blanco y sólo había fuego dentro de mí. Fui llevado al cielo, y ahí sentí como mis entrañas se empapaban de un caliente líquido arrasador. Luis Fernando se había corrido, y me había llenado de leche. Tanta leche, que escurrió por mi culo y por mis piernas.

Volvimos de golpe a la realidad. Aún estábamos en la escuela, en un baño donde cualquier persona podría entrar en cualquier momento. Nos vestimos de nuevo rápidamente y nos enjuagamos la cara con un poco de agua de los grifos. Salimos de los baños y pareciese que nunca ocurrió nada.

Llegamos al salón. Aún no había llegado nadie.

—Oye, wey —me preguntó— ¿No has ido a mi casa últimamente, o si?¿Qué te parece esta tarde?

Me dedicó una mirada lujuriosa, seguida de un guiño.

Esa tarde la pasaríamos de maravilla en su casa.
Leonos Escorts