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Giuliano
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Riky
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Muñequito
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Gustavo Stripper
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Relatos Eróticos Gays

En el sauna
Relato enviado por Angel

Tenía Yo meses planeándolo, mi nombre es Ángel, tengo 25 años, y hasta la fecha toda mi vida he estado fantaseando con tener relaciones sexuales con otro Hombre, siempre me imagino en cuatro patitas en mi cama, desnuda, con el culo en pompa y esperando ansiosa, la verga de un machote entre mis pompas blancas, desde adolescente empecé a tener cada vez mas deseos de hacer realidad mis fantasías; incluso me comencé a vestir con ropita muy ceñida a mi delgado cuerpo y me depilaba todita con esas cremas que existen para mujeres, a veces me metía a los autobuses en horarios pico, coqueteándoles a los hombres y con la esperanza de alguno que otro señor empezara a restregar su cosota entre mis pompas; para mi sorpresa, muchos hombres si aprovechaban la situación y me restregaban su verga durante minutos, hasta que terminaba la ruta, esa fue mi rutina por más de tres meses, no iba todos los días pero si por lo menos una vez por semana, poco a poco fui decidiendo tomar prestado el maquillaje de mi mami, y cada vez iba aumentando la cantidad de maquillaje en polvo que matizaba mi piel blanca y ofrecía una visión más clara a los hombres de lo que realmente era, un afeminado, o como quieran decirle. Yo aún estaba muy confundido, y la verdad no sabía aceptarme como gay, aunque sí que sabía que lo era.

Siempre trataba de estar aprovechando cuando mis padres creían que estaba yo en otra actividad, incluso acepte entrar en clases de natación, y usar un pequeño bikini blanco, y solo para fingir que no sabía yo nadar y el maestro de natación que era un tío súper musculoso y vergón se me acercara con su paquetote y me invitara a patalear mientras él me sostenía con sus manos bajo el agua, él decía que así aprendería mejor, él sabía que él no dejaba de ver mis nalgas y mis piernas mientras pataleaba como nena berrinchuda; una que otra vez me tocaba mis nalgotas con sus manos masculinas o con su entrepierna, mis nalgas son como de nena y se salían irremediablemente del diminuto bikini, yo me dejaba tocar y restregar por su verga, nunca le dije, nada, desconozco si él también tenía los mismos gustos que yo, lo único que sé es que definitivamente él debía ser activo, …creo que fui muy tonta.

Incluso debo confesar que de joven cometí el error de querer enamorar a alguna chica, sin embargo, ellas me rechazaban y pronto me di cuenta, de que lo que sentía por ellas era más bien una admiración y un amor más platónico que real, y que mi verdadera vocación, era amar el cuerpo de los hombres.

Me encantaba imaginar a mis compañeros en la Universidad, pensándolos como se verían desnudos y como me vería yo abrazada por ellos, pero Yo en femenino, aceptando un trato como de cualquier novia con su macho al lado, sin embargo, la preocupación por lo que diría la sociedad y sobretodo mi familia me había llevado a no concretar nada, hasta la fecha no me he atrevido a decírselo a mi mama.

Sin embargo eso estaba por cambiar, tenía tiempo ya, que estaba yo planeando asistir a unos saunas muy concurridos en mi ciudad con fama de ser un lugar para encuentro gay, sin embargo, por momentos me daba un poco de temor, ya que eso también era completamente desconocido para mí, e incluso había leído algunos comentarios de que a veces algunos hombres se ponían agresivos con sus parejas.

Finalmente un Día me arme de valor y después de depilarme por completo el bello de mi cuerpo, para parecer lampiño, me decidí por experimentar el famoso sauna, por cierto les comento, soy muy blanco y me encanta que me traten en femenino, he estado investigando desde hace tiempo por internet y sé que mi rol definitivamente es pasivo, 100% full, híper pasivo, solo me interesa que me penetren sin parar durante horas, y me excita mucho la idea de tener un miembro varonil en mis manitas y llevármelo a la boca, cual nena con chupón nuevo.

Me diriji al lugar, en una colonia a bastante alejada del resto de los lugares de moda por cierto, en el cual al estar allí afuera, por cierto más bien parecía un antro; me explicaron que había ya ciertas reglas predeterminadas para poder socializar y encontrar pareja, tenían una cuota fija por entrar y ofrecían otras cosas extras, que a la entrada te ofrecían, eran una serie de objetos que te servían de señal una vez que estabas dentro.

Unos hombres que aparentaban ser de seguridad me dijeron el precio del “cover” y me dieron una tarjeta de prepago que me dijeron me irían “penetrando” con una sonrisa maliciosa, cada vez que consumiera un servicio dentro del sauna, yo me estaba poniendo nerviosa, pero me encanto como me dijeron que me penetrarían y sobretodo como se rieron de mí, no era una burla sino una sonrisa lujuriosa, como si supieran que yo era pasivo.

Finalmente me preguntaron que quería yo sin un traje de baño negro hasta las rodillas, o una tanga color rosa y un pareo chiquitito y transparente también en rosa muy escandaloso y con florecitas., el look de pasivo lo completaba unas chanclitas rosas, y el otro, el de activo o inter unas sandalias negras, muy toscas.

También me explicaron que aparte de la ropita con la que me cambiaria adentro del sauna, para poder entrar tenía que adquirir unas pulseritas; para que los demás supieran quien era yo y a que iba, las pulseras se diferenciaban según el color, había unas negras que eran solo para socializar y platicar, y tenían un costo, otras color fucsia que significaba que solo quería yo tener sexo oral, y finalmente unas rosadas que significaba que quería yo tener sexo completo con cualquier desconocido o desconocidos, curiosamente las más baratas eran las color rosa.

De regalo me daban tres condones.

Sentí, que tenía yo que tragar saliva para por fin confesarle a alguien de mis verdaderas inclinaciones y comencé a sudar un poquito, quizás les parezca algo tonto, pero estaba yo nervioso.

Era la primera vez, que hacia algo parecido, solo me había dedicado a acariciarme en la regadera mi recamara y a introducirme consoladores en la soledad de mi habitación, y a veces a chatear con activos o inters desconocidos por Internet, o por la webcam.

Con un poquito de pena me dirigí al Hombrón de la entrada y le dije, color Rosa por favor.

-Claro mi Reyna, y me dio una nalgada en mi pompi derecha.

Al entrar vi varias estancias, en la primera había solo lockers y una chica muy amable me dijo que debía yo desnudarme en una cortina y cambiarme por la ropita que me habían dado a la entrada.

Le hice caso, al salir vio inevitablemente que era yo pasiva, y me pidió que le enseñara mi pulsera, al ver que era rosita, no sonrió ni nada, al contrario me dirigió una sonrisa de complicidad, como dos mujeres iguales, y me dijo tienes que subir al tercer piso amiga, hoy hay un día bastante agitado hay muchos hombres; sensualmente subí las escaleras todavía un poquito temblorosa.

Cuando por fin estuve arriba vi a muchos hombres prodigándose toda clase de cariños, en un ambiente muy caliente, con banquitas de azulejo corriente, y la parte que supuestamente era sauna no era más que una alberquita con agua caliente, que parecía chapoteadero.

Algunos Hombres estaban ya desnudos y unos se estaban cogiendo a otros a la vista de la gente.

Por un momento dude, ya que no me esperaba ver algo así, pero una mano firme, me tomo por mi manita y me dijo

-Ven princesa, es tu primera vez verdad

-Si le dije

-No te preocupes esto es normal, mira lo que pasa es que si no te gusta estar en público alquilan cuartos privados, son muy chiquitos pero si tú quieres vamos yo te invito precioso,

Voltee a ver su muñeca y tenía una pulsera rosada, y un traje de baño largo hasta la rodilla color negro, supe que era activo, y mi corazón empezó a palpitar con muchas más fuerza, pensé, él me va a coger, y me estremecí, sentía mis piernas temblar un poquito; era un señor de más de 50 años de edad, blanco, alto, y con el cabello muy canoso, su pelo en pecho era encantador, se veía delicioso; su mirada era muy oscura y profunda, y sus manos peludas y oscas, su torso era grueso, y su espalda muy ancha, era un sueño de Hombre, sin duda me gustaba, pero eran demasiadas decisiones para mi mente,

Mario era su nombre;… finalmente me invito una cerveza, y empecé a relajarme de inmediato,

- ¿quieres ir al privado preciosa?.

Me empezó a tratar en femenino, No había marcha atrás, me dije…

-si

Lo que paso allí ya deben imaginárselo en un cuarto de 4 x 4, cuando quedamos desnudos me abalance a hincarme y comencé a mamar como lo imagine tantas veces, apenas unos minutos después me ordeno ponerme contra la pared de espaldas a él, y pare mis nalgas lo más que pude; y despojándome de mi ropita termino penetrándome lentamente y de manera deliciosa, con mucho cuidado, ya que le dije que era mi primera vez, primero dejo que yo me viniera varias veces, y después de estarme bombeando más de media hora, me ordeno volver a hincarme para recibir su lechita; termino viniéndose en mi rostro y mi boquita y me ordeno tragármelo todo delante de él, nos dimos nuestros números celulares y nuestros mails, y cuando espere que fuera a darme un beso o una caricia, se salió del cuarto, y me dejo allí sola llena de su leche en mi rostro, desnuda, sudada, y empecé a sentirme cómo se siente una mujer después de ser cogida, …usada por un verdadero hombre, me puse a llorar muy femenina de alegría, y ajustando mis sentimientos a mi nueva realidad de pasiva cogida, aunque fuera así, comencé a sentir la libertad.
No quedan días de verano
Relato enviado por Sirocco

Lo siento, no me gusta ir al gimnasio y el deporte en general me da alergia. La verdad es que me da igual estar cachas o no si no me voy a comer un rosco igual. También me gustaría tener una polla más grande y gorda y no me da por hacerme una cirugía de alargamiento de pene. Dicen que el deporte es bueno para la salud. ¡Y una leche! Lo que sería bueno para mi salud es dejar de fumar de una maldita vez, dejar de emborracharme cada dos por tres y dejar de matarme a pajas por pura necesidad porque no se me juntan más que descerebrados que han hecho que mi historial sexual sea más patético que hacerse fotos frente al espejo del baño de un hotel metiendo tripa.

Pero vamos, que si me lo he montado con mi primo siete años menor que yo, he mendigado polvos a algún ex, me he acostado con tíos que no me gustaban, he pagado por chupársela a un masajista y hasta me he liado con un perroflauta…pues creo que he tocado fondo. En fin, que como soy muy gafe, seguro que no tardo en añadir a mi lista a algún friki que me dejará con las ganas de cortarme las venas. Y no hablo de sentimientos ni de amor, que aunque mis príncipes azules se han convertido en ranas y no al revés, creo que he tenido bastante suerte a pesar de todo desde el punto de vista sensiblero.

Así que si ya me cuesta encontrar con quién echar un simple polvo en condiciones, no sé qué tendría que hacer para poder tener una relación sentimental estable, sana y sensata. He llegado a un punto en el que creo que escapo de toda sensatez tanto propia como ajena. Por eso, de perdidos al río, aprovechándome de mis revolucionadas hormonas para tirarme a todo lo que se me pusiese a tiro y temiendo que el verano en la solitaria casa de mis padres se acabara. Internet se convierte de nuevo en una herramienta útil, por lo que decido actualizar todos los perfiles que tenía esparcidos por ahí en vano para probar suerte.

El Bakala es el primero. Supuestamente allí la mayoría de los tíos buscan sexo, así que era relativamente fácil. Tengo mi descripción, mis preferencias y un montón de fotos para que me descarten sin dar demasiadas vueltas. Visito cantidad de perfiles para hacerme ver, que me devuelvan la visita y si alguno pica me mande un mensajito porque a mí, y a pesar de todo, me da bastante palo ser el primero en contactar. Pero aquel día que había decidió descorchar una botella de vino para darme un homenaje el alcohol ayudó a desinhibirme y a aventurarme a mandar mensajitos a los tíos que me atrajeran.

Entré en un perfil cuya foto me llamó poderosamente la atención. Aparecía un chaval con el pelo rapado, perilla y una preciosa sonrisa que me cautivó. No me entretuve mucho en leer su perfil y le envié un “hola, qué tal?”. No tardó en contestarme y pedirme el Messenger. Comenzamos a hablar por allí y la verdad es que conectamos bastante bien. Sin embargo, el no haber leído su perfil hizo que me sorprendiera al decirme que era bisexual y que tenía novia. Me cortó un poco el rollo, pero en el fondo me daba igual porque yo sólo quería follar.

La piscina cubierta del chalé de mis padres resultaba ser un buen foco de atracción. Con ese tío funcionó y decidió venirse. Era alrededor de la medianoche, pero vivía cerca y no tardaría más de veinte minutos. Sugerí que nos diéramos los números de teléfono, pero incomprensiblemente él decía no tener saldo, así que omitimos ese detalle. Cerré el Messenger y esperé. Pasaron veinte minutos, treinta, cuarenta…y él sin llegar. Volví a conectarme por si acaso y nada. Me asomaba a la ventana, entraba, salía… estaba que me subía por las paredes. Al cabo de un rato leo un mensaje suyo disculpándose y poniendo como excusa que le habían intentado robar el coche y se iba para la comisaría, pero que aquello no tendría por qué enturbiar el bonito comienzo que habíamos tenido y que lo pospusiéramos para el día siguiente.

Y al día siguiente no apareció ni dio señales de vida. Mis hormonas estaban híper revolucionadas, pero se contentaban porque esa misma semana vendría otro tío al que conocí por Internet, pero con el que ya había quedado unas cuantas veces, a pasar unos días conmigo. Pero tampoco (recordad, soy gafe). Estando ya todo organizado me manda un whatsapp y me dice que no puede venir. Me cabreé. Mucho. No podía creer en mi mala suerte y me irritaba ver cómo el verano se desvanecía sin haber echado un mísero polvo en mi casa. Pero no desistí e hice algo que no tenía que haber hecho: llamar a un ex.

Él vino, claro. Nos pusimos un poco al día de nuestras cosas pues llevábamos meses sin hablar, nos desnudamos y nos metimos con una cerveza a la piscina. Nos besamos con pasión a pesar de que su olor no me gustaba y me traía malos recuerdos. Pero aún así le chupé la polla, y él a mí. Quiso follarme en el agua, pero desistió tras comprobar que ni si quiera un par de dedos entraban en mi culo con facilidad. Aprovechando ese parón salí a por un cigarro. Al volver y fumar me dice que se va. “¡¿Cómo?!” , pensé yo.

-¿Te vas a ir a medias? – le pregunté.

-No, si yo ya me he corrido – dijo él provocando la estupefacción en mi semblante.

-¿Cuándo?

-Antes - dijo sin más.

Cometí otro error e intenté convencerle para que no se fuera porque yo me había quedado a medias, pero no quiso. ¡Qué subnormal! Y encima el gilipollas se despide dándome un beso en los morros. “¡Anda y que te den!” Y estaba visto que a mí no me iba a dar nadie…

Pero no me iba a conformar y quedarme así. Una paja me hubiera aliviado, pero estaba harto de contentarme con ellas. Me metí en un chat y tuve suerte. A los quince minutos tenía a otro tío sentado en mi jardín. No era gran cosa físicamente, pero parecía un tío sensato e interesante a pesar de estar obsesionado con el nudismo. Me pidió permiso para quedarse en bolas y yo se lo di. Al desnudarse estaba ya completamente empalmado. De esa guisa estuvimos hablando un rato hasta que nos metimos en el agua. Pero allí no ocurrió nada. Por un lado mi falta de iniciativa, y por otro que el tío estaba a gusto así. Y no lo entendía, porque Emilio seguía con la polla tiesa y se la tocaba de vez en cuando, pero no hacía nada más. “Pues nada, otro intento frustrado”.

Salimos del agua al cabo de un rato y nos metimos en casa no recuerdo muy bien por qué motivo. Él seguía desnudo y cachondo y entonces me pidió permiso para hacerse una paja. “Joder, ni un tío normal” maldecía yo mentalmente. Se quedó de pie en la sala de estar tocándose y hablando de cosas de lo más banales. No se insinuó, aunque sí me dijo que hiciese lo que me apeteciera. Le dije que yo no me la iba a cascar, pero le dio igual. Acerqué pues mi mano a su cipote y Emilio gimió. Se sentó en el sofá, se puso cómodo y comencé a pajeársela. Aquello me aburría, pero no sé por qué no me apeteció comérsela. Quizá timidez o vete tú a saber. El caso es que Emilio vio mi falta de interés, me apartó la mano y se la machacó él solito hasta que se corrió. “Venga va, otra aventura inverosímil”.

Se despidió diciéndome que si le invitaba al día siguiente vendría con más tiempo y que si no me importaba se quedaba a cenar conmigo. Dicho y hecho. Al menos este quería repetir y quizá fuera la tensión del primer día la que nos hizo comportarnos de esa manera y el segundo podría dar mucho más juego. Llegó entonces sobre las nueve de la noche y nos metimos al agua. Yo me desnudé también. Es cierto que esta segunda cita resultaba mucho más cómoda. Emilio me volvió a decir que hiciera lo que me apeteciese.

-No sé, me apetece besarte – le dije yo como un auténtico gilipollas.

Y nos besamos, pero no fue un beso agradable. Fue un tanto forzado, artificial, sin lengua. Deduje pues que a Emilio no le gustaban los besos. Tampoco le molaba chupar pollas. Eso ya me lo dijo él bien clarito. Así que nada, se la chupé yo a él. Debajo del agua es otro rollo y sus gemidos evidenciaron que no estaba nada mal. Se la chupaba a ratos, lo que mi capacidad respiratoria me permitiera. Después nos fuimos a la parte de la piscina que menos cubre, y allí se la chupé ya fuera del agua y eso le pareció gustar más.

Él se dejaba hacer y yo mantenía mi propi ritmo lamiéndola a mi antojo, sacándola y metiéndola con viveza y con ganas aunque es cierto que el agua salada de la pisci le quitaba su característico e intenso sabor. Me incorporé y traté de besarle en el cuello o comerle los pezones. A veces me correspondió y me mordía las orejas o recorría mi cuello con su lengua. Comencé a hacerle una paja bajo el agua al mismo tiempo que intentaba llevar su mano hasta mi verga.

-¿Eso tampoco te gusta? – le pregunté.

-No mucho, la verdad, pero no me importa hacerlo.

Pero bueno, imagino que para acabar antes comenzó a sobármela con ganas y yo a él al tiempo que nos besábamos en los labios o en el cuello. Creo que era la primera vez que me encontraba en esa situación y no me disgustaba. Es verdad que me va más comer pollas o que me la chupen a mí, pero la idea de llegar a corrernos mientras nos la cascábamos el uno al otro era excitante. Pero lo mejor de todo fue que lo hiciéramos a la vez. Ya sabemos que eso es complicado y sólo ocurre en las películas, pero por fin tuve un halo de buena suerte y ocurrió: entre gemidos y sollozos ambos soltamos trallazos de semen que se diluyeron rápido entre el agua. Fue al mismo tiempo y fue genial, la verdad. Me daba ya por satisfecho.

Al salirnos del agua pensé que se iría y que lo de quedarse a cenar fue una excusa. La verdad es que en aquel preciso instante, minutos después de haberme corrido no me apetecía mucho que se quedara. Pero retomó la idea y propuso pedir comida china. Mientras venía, se paseaba en bolas como Pedro por su casa y hasta quiso salir a por la comida completamente desnudo. Se lo prohibí y se puso los pantalones para atender al oriental mientras yo ponía la mesa. La cena no estuvo mal, fue agradable en cuanto a conversación y tal. Emilio a pesar de todo parecía un tío medio normal.

Cuando acabamos de cenar quiso bañarse otra vez, pero la agradable temperatura de aquella noche de agosto me quitaba a mí algo las ganas de mojarme de nuevo.

-Vamos dentro si quieres – le propuse.

-¿Para qué? –dijo él.

-Joer, pues para hacer lo mismo que quieres hacer en el agua – le respondí algo desconcertado.

Y entonces subimos al cuarto de invitados. Él iba desnudo, y yo me quité el bañador al llegar allí. Se tumbó boca arriba y puso los brazos detrás de su cabeza en una postura de lo más cómoda para él. No dijo nada. No parecía hacer falta. Me subí a la cama y comencé a chupársela sin más. Emilio estaba de lo más pasivo y ni hablaba, ni gemía, ni se movía ni nada.

-Qué aburrido, tío – le dije.

Y le sugerí cambiar de postura y ser yo quien se tumbara sobre la cama boca arriba y que me regalara él su polla. Pero tampoco molaba. Mi idea era que me follara la boca, que me encanta, pero el tío no lo pillaba. Entonces se lo dije sin más:

-Quiero que me folles la boca.

-¿Ah sí? – dijo pícaro.

Me cogió con brusquedad y me ordenó que me arrodillara en el suelo. La pasividad y tranquilidad que Emilio había mostrado hasta entonces se esfumaron en un segundo. Me agarró de la cabeza con fuerza y comenzó a follarme la boca con ganas. La metía y sacaba a su antojo, sin darme tregua y casi sin dejarme un segundo para respirar. Llegué a atragantarme un par de veces, pero aquello me encantaba y me excitaba sobremanera. Prefería que actuara así, con esa brusquedad y dominio a que se tumbara impasible sobre el colchón. Comenzaron a dolerme las rodillas y opté por tumbarme de nuevo en la cama para que siguiera follándome allí. Emilio se quedó de pie a un lado y volvió a metérmela sin avisar mientras avivaba los movimientos de su pelvis y agarraba con rudeza mi cabeza.

Se corrió pero no vi gotas de semen por ningún lado. Como la polla de Emilio tenía bastante pellejo se ayudó de él para mantener el espeso líquido sin derramar. Le animé a que lo soltara sobre mi pecho.

-¿No te importa?

Dejó caer entonces toda la ardiente leche y yo quise meterme su polla en mi boca una vez más. Pero el cabronazo no me dejó y me animó a que me diera una ducha. Me quedé a medias otra vez.

-Me voy a ir – avisó.

-Vale – dije yo sin mucho entusiasmo.

-Mañana entonces tienes barbacoa con tus amigos, ¿no?

-Sí, si acabo pronto te llamo si quieres.

-OK.

Y así fue la despedida. Emilio quería repetir, pero es verdad que yo ya había quedado con unos amigos para que se vinieran a hacer una barbacoa merienda-cena a mi casa. Me dio un apretón de manos y se marchó. Mientras recogía, rememoré un poco aquella noche. “No ha estado mal” me decía. Y por fin me acosté tranquilo sin el calentón y sin sentirme el hombre más salido y necesitado del planeta como había estado ocurriendo varias noches antes.

Al día siguiente mis amigos no notaron nada raro. De mis aventuras sexuales lo último que sabían fue mi lío con el perroflauta del campamento. De Emilio y de mi ex no di tampoco muchos detalles. El caso es que se fueron pronto y pensé en llamar a Emilio otra vez, pero intenté encontrar un plan alternativo.

Me metí en el chat en cuanto se marcharon y volví a tener suerte. Rubén, 34 años, del pueblo de al lado y en busca de sexo. Hablamos por Messenger y decidió venirse. Me moló por foto, pero al verle aparecer me gustó aún más. Puede que fuera su look pijo, con su bañador de Lacoste, sus naúticos, su polo también de marca y sus gafas de diseño. Cuando no sentamos a tomar una cerve y comenzamos a hablar descubrí que teníamos mucho en común en cuanto a forma de pensar o gustos cinéfilos o musicales. En aquel instante deseé que con Rubén ocurriera algo más.

Nos metimos en la pisci ambos con el bañador puesto. Él decía ser tímido y le dije que yo también, pero al rato fue el primero en avisar de que se quitaba el bañador. Permanecimos relajados sin apenas hablar y cada uno en una punta de la piscina durante un buen rato. Ninguno daba un paso más. Opté por quitarme el bañador sin decirle nada y en una de las ocasiones en las que nos acercamos se dio cuenta. Me rozó sin querer con el pie y se fue el primer contacto. De ahí nos fuimos acercando hasta que nos besamos sin más.

Ese beso sí que me gustó. Nada que ver con el frío y distante beso con Emilio. Rubén era más como yo. Antes de que me comiera su polla nos habíamos besado ya mucho, y hasta abrazado y demás posturas ñoñas. Al igual que hice con Emilio el día de antes, se la chupé primero dentro del agua, pero de nuevo mi poca capacidad pulmonar impedía que ambos disfrutáramos. Rubén había descubierto el hueco de la escalera y hasta allí me llevó. Se colocó sobre ella y me ofreció su gorda polla. No era especialmente larga, pero como digo, sí bastante ancha. Me gustaba mucho, y que se la lamiera, a él también. Como Emilio, Rubén pecaba de cierta pasividad para mi gusto, pues se tumbó también con los brazos por detrás del cuello y se dejó hacer.

Pero fue sólo al principio, pues se incorporó, se puso de pie en la zona de menos altura y me regaló su verga de nuevo. Ahí empezó a follarme la boca sin yo pedírselo. Sin tanta brusquedad como Emilio, pero sí con una energía que tampoco hubiera imaginado. Mi boca se la tragaba como si de un manjar se tratase y Rubén amortiguaba sus gemidos de placer todo lo que podía. Disfruté de su grosor, de su sencilla forma y de un glande que me hacía gozar a mí tanto como yo a él.

-¿Quieres que te folle? – me preguntó de repente.

Asentí y salió a por un condón que guardaba en la cartera. Me llevó de nuevo a la escalera, sobre ella me puse a cuatro patas exponiendo mi ansioso culo. Trató de meterla, pero al comienzo no hubo manera pues la postura no era del todo propicia. Apartamos un poco la cubierta de la piscina y Rubén trató de encajarla mejor. La sentí intentando penetrarme en mi agujero que parecía estar más cerrado de lo habitual. O quizá subestimé la polla de Rubén y era más gorda de lo que imaginaba. El caso es que llegó a dolerme cuando comenzó a entrar. Pero el condón se rompió y gilipollas de mí lo agradecí. Con lo fácil que hubiera sido decirle que lo dejáramos sin más. Pero esto de no saber decir que no y no querer quedar mal con nadie pudo conmigo.

Así que mejor. Sin condón no habría follada y me centraría de nuevo en la verga de Rubén. Se tumbó otra vez como al principio y así estuvimos hasta que se corrió. No sé cuánto tiempo, la verdad, pero el suficiente para hacernos gozar a los dos. Yo con aquella polla bien tiesa y gruesa, con ese glande prominente con el que jugaba con mi lengua. O aquellos peludos huevos que me tragaba y comía haciendo que Rubén se estremeciera y me apartara. No lo hacía, sin embargo, cuando me tragaba de golpe su tronco y lo mantenía dentro de mis tragaderas sintiendo todo su diámetro llenar el contorno de mis labios.

-Vaya mamada, tío – me dijo casi sin aliento mientras se ocupaba ya él de su polla y se la estrujaba hasta agudizar sus gemidos y ver cómo el blanco líquido flotaba en el agua. Después de eso no se inmutó. Yo me estaba ya pajeando porque no quería quedarme a medias y este tío no tenía pinta de que me la fuera a chupar él a mí. Pero sí que me permitió que se la siguiera chupando después de correrse. Vaya aguante tenía el cabrón. Aquello me ayudó sin duda a que yo pudiera satisfacerme y expulsar mi leche sin llamar mucho la atención. Cuando paré de tocarle se imaginaría que yo ya, y nos salimos de la piscina.

Ahí yo estaba nervioso. No quería cagarla con la despedida. Rubén me molaba y quería que viniese otra vez. Emilio a su lado no tenía nada que hacer. Y lo siento por él. El caso es que yo no articulé palabra. Se vistió y mientras le acompañaba para la puerta me dijo que ya nos veríamos. Y se fue dándome dos besos en las mejillas. Aquello no pintaba bien. No parecía que mi relación con Rubén fuese a ir más allá. Pero bueno, me auto convencía pensando que el sexo que tuve esos días suplía con creces mis expectativas.

No fue así al siguiente día cuando me levanté pensando en Rubén. Por la tarde le vi conectado y me habló. “Vaya mamada, nene” dijo. “Y tú vaya aguante” le comenté. “A ver si repetimos”, propuso. “Cuando quieras”. Y quiso, y quedamos en que vendría esa misma noche otra vez. Me sentía feliz y no maldecía mi suerte. Pero claro, siendo yo eso tendría que durar poco, y una llamada de mi madre avisándome de que venían ya de camino de vuelta de las vacaciones porque daban levante en la predicción del tiempo y que entonces no tenía sentido quedarse en la playa adelantando así su retorno, me cortaba todo el puñetero rollo.

Avisé a Rubén y dijo que no pasaba nada. Coincidimos alguna vez por Messenger y no hablamos mucho más allá del “hola, ¿qué tal?”. Con Emilio he hablado algo más, pero de sus palabras se deduce que sólo va a haber más encuentros si mis padres se van porque le mola el rollo de la piscina y que le avise si se marchan a algún lado. Pero no, el verano ha acabado con mis padres en su casa todos y cada uno de los días de Septiembre. Y yo de nuevo salido y necesitado. Empalmándome cada vez que evoco esos recuerdos tan cercanos y reales pero que a la vez se me antojan muy, muy lejanos si no se llegan a repetirse hasta el verano que viene.
La tormenta
Relato enviado por Zazo

Regresaba del trabajo bajo una intensa tormenta, las nubes habían aparecido casi por arte de magia y habían empezado a descargar con fuerza hacía unos minutos, cosas del mayo madrileño. Los limpiaparabrisas no daban abasto. En la puerta del garaje vi una figura, parecía un ciclista con su bici, entre la fuerte cortina de agua distinguí la figura de mi vecino del segundo. Pulsé el mando del garaje y la puerta se abrió y el vecino con su bici aprovechó para entrar rápidamente por la rampa. Aparqué y al salir del coche le vi allí atando su bici a la columna donde la dejaba, estaba empapado completamente.

- Hola Lorenzo, ¿qué tal? – le dije.

- Ya ves, aquí empapado. Salí a dar una vuelta con la bici y me he tenido que dar la vuelta y menos mal que has llegado, porque me dejé las llaves en casa y no podía ni entrar al garaje a refugiarme, y mi mujer tiene turno de tarde.

- ¿No tiene nadie más la llave que pueda abrirte?

- Mis padres tienen una copia, pero están de vacaciones con el Imserso en Benidorm, y mis suegros tienen otra, pero están en el pueblo.

- No jodas, pues no te vas a quedar aquí esperando empapado, sube a mi casa si quieres, por lo menos te podrás secar.

- Pues te lo agradezco tío, pero no quiero molestar.

- No hombre, no es molestia. No puedo dejarte aquí tirado, además seguro que tu mujer me lo paga más adelante con una de esas tartas de chocolate tan ricas que hace para las barbacoas vecinales – le dije medio en broma, medio en serio, porque sus tartas están deliciosas.

- Al menos tres le diré que te haga – dijo riendo.

Subimos a casa. Lorenzo iba tan empapado que dejó un pequeño charco en el ascensor. Entramos en el piso.

- No te quiero mojar todo el parquet, me meto al baño corriendo – lo dijo mientras iba hacia el baño rápidamente, su casa es justo la de encima de mí y es exactamente igual, así que no necesitó ninguna indicación para encontrarlo.

Fui a buscarle una toalla limpia al armario en que las guardo y se la acerqué al baño, la puerta estaba abierta y él se había quitado toda la ropa excepto el slip. No se puede decir que sea un hombre delgado, es más bien fuerte, sin pasarse, vello en pecho y estómago y piernas fuertes.

- Toma – le acerqué la toalla.

- No te importa que haya colgado aquí la ropa – dijo señalando a la mampara de la bañera – a ver si se seca un poco.

- Trae, mejor la cuelgo en el tendedero que seguro que seca más rápido, la tormenta ya ha parado y luce de nuevo el sol.

Me dio la camiseta y las mallas de ciclista y las colgué en el tendedero al que se accede desde la cocina. Mientras las colgaba entró en con sus slips y sus calcetines en la mano, llevaba la toalla atada a la cintura e iba descalzo.

- Me he tenido que quitar hasta los calzoncillos que están mojados.

- Trae – se los cogí de la mano y los tendí en la cuerda junto con las demás prendas. Miré a sus pies descalzos – Creo que tengo unas chanclas por ahí que te valdrán.

Fuimos a mi habitación y busqué unas chanclas para que no anduviera descalzo. Yo seguía con la ropa de calle y en casa me gusta estar cómodo, en verano me quedo desnudo y si el tiempo no acompaña me quedo con algún pantalón de chándal o algún pantalón corto de deporte pero siempre sin calzoncillos, para no estar muy oprimido, así que comencé a cambiarme y me desabroché la camisa y los pantalones y me descalcé, pero allí seguía Lorenzo, apoyado en el quicio de la puerta dándome conversación.

- No esperaba que lloviera de esa forma, hoy hacía bastante calor y nada apuntaba ese tormentón – dijo.

- Son las típicas tormentas de esta época, llega la nube y parece una esponja que la estrujen. Si tienes fresco te presto una camiseta – él seguía allí en toalla y con las chanclas que le había dejado como única prenda.

- No, no, hace buena temperatura. Ni con la tormenta ha refrescado. Estoy bien así, gracias.

Mientras charlábamos me había quedado en calzoncillos. No me parecía muy propio despelotarme ahí delante así que dejé en un lado de la cama un pantalón corto de deporte preparado me di media vuelta y discretamente me bajé el slip y me puse el pantalón corto, al menos sólo le había enseñado el culo.

- Yo hago lo mismo cuando llego a casa – dijo – me parece que los calzoncillos me oprimen y estoy mucho más cómodo con algo amplio. Y no me quedo en bolas porque Lidia no me deja, que si no andaría en pelotas por casa.

- Yo muchas veces ando en bolas – repliqué.

- Claro, suerte que tienes de no tener dueña.

- Bueno alguna ventaja tendrá tenerla ¿no?

- Nada – dijo – Te casas pensando que vas a follar todos los días y al final follas menos que de soltero.

- Claro, claro, ahora me vas a decir aquello de “follas menos que un casado”.

- Es que es rigurosamente cierto, jajaja.

Reímos y le ofrecí una cerveza. Nos sentamos en el salón a tomarla. Me comentó que había empezado a hacer bici porque había dejado el fútbol y le gustaba hacer algo de ejercicio.

- A los 41 ya me cansaba demasiado en los partidos. Los jóvenes dan mucha caña y pegan fuerte y me gusta hacer algo que si no me pongo barrigón – lo dijo dándose dos manotazos en su barriguilla – así que me compré la bici y a dar vueltas.

- Siempre he pensado en comprarme una, pero me da que la dejaría de usar.

- Pues cómpratela, hombre, que así nos vamos los dos a la vez y nos obligamos uno al otro a hacer algo de ejercicio, que mira que tú te estás poniendo algo fondón.

- La verdad es que sí, algo de barriguilla he echado, pero soy tres años mayor que tú y tenemos más o menos la misma, jajaja.

Seguimos hablando un rato de cosas intrascendentes, la verdad es que Lorenzo es un hombre muy afable y de conversación fácil, y estábamos pasando un rato entretenido. Nos habíamos bebido ya la cerveza pero le ofrecí otra, hacía calor y entraban bien. Cuando volví con ella de la cocina se levantó a cogerla y en el movimiento la toalla se fue al suelo.

- ¡A tomar por culo! – dijo, se agachó a por ella y la extendió en el asiento, pero no se volvió a cubrir con ella - pues ya, total, si no te importa me quedo así que estoy más fresco.

- Como quieras, no hay problema.

- Oye y tú si quieres igual, a ver si por mí vas a estar incómodo en tu propia casa.

Lorenzo se había quedado en bolas así que me dije ¿por qué no? y me quité los pantalones de deporte que llevaba.

- Hala, así tan cómodos, sin nadie ni nada que nos impida estar libres – dijo.

No me había fijado mucho, pero en ese momento me di cuenta que Lorenzo era tremendamente velludo. El pecho y su estómago aparecían cubiertos con una espesa capa de vello negro que llegaba por debajo de su ombligo hasta fundirse con el vello de su sexo que, a juzgar por su aspecto, estaba completamente al natural, sin ni siquiera haberlo recortado un poco. Yo, por el contrario, soy bastante lampiño, tanto que en la pubertad me sentía tremendamente acomplejado por no tener tanto vello como mis amigos, que a veces se mofaban por lo escaso de mi vello, pero con la madurez pasé de complejos y además me di cuenta que para lo poco que tenía, mejor quitármelo, así que llevo completamente depilado el pubis y los huevos. Lorenzo se quedó mirando mi sexo y algo asombrado comentó:

- Ostias, si no te has dejado ni un pelillo en la polla.

- Si, ya ves, tengo tan poco que me lo quito del todo. Pero ahora es muy normal, la gente se lo suele quitar, lo habrás visto en el vestuario del fútbol.

- Hombre si, algunos chavales jóvenes se lo quitaban como tú, pero de los de mi edad, ninguno. Y ¿cómo te los quitas?.

- Tengo una especie de máquina de afeitar especial para estas zonas.

- ¿Y te la pasas por los huevos? – la curiosidad le había picado.

- Si, también, es muy segura, no corta.

- Eso espero, no me gustaría pegarme un tajo ahí.

- Tú ni siquiera te recortas un poco los pelillos – observé.

- No, nunca. Oye, ¿y cómo es la máquina?.

Fui al cuarto de baño y la traje. Se la di y la curioseó un momento.

- Mira esta parte de aquí es como la de los barberos – le dije – la puedes poner al uno, dos o el tres para recortar el vello. Esta otra parte es la que te lo deja al cero completamente.

- ¿Y tú crees que me quedaría bien? – preguntó.

- Hombre, quizá podrías probar al dos y en los huevos al cero.

- ¿Te importa?

La verdad es que no pensé ni en la higiene y además Lorenzo parecía estar decentemente limpio así que le dije que probara.

- Pero vamos al baño, aquí se pondría todo lleno de pelos – le dije – entra en la bañera, así los pelos caen y luego los quitamos fácilmente con un manguerazo.

La situación era casi cuando menos extraña, allí estábamos ambos completamente desnudos, él metido dentro de la ducha y yo con una máquina de depilar en la mano. Seleccioné el cortapelos en el dos, activé la máquina y se la di.

- ¿Y cómo la paso? ¿hacia arriba, hacia abajo?

- Yo comienzo en la base del pene y subo hacia el ombligo – le dije, imitando el movimiento en mi pubis.

- A ver, no me entero, pásamela tú – me dio la máquina. Yo me quedé algo parado al pensar en depilar a mi vecino – venga, no te de corte, que tú tienes experiencia no sea que yo me dé un tajo.

Miré su polla flácida colgando, tendría unos 11 centímetros, pero era gruesa y se le notaban las venas que la surcaban, su prepucio cubría completamente el glande, se la sujeté con la mano izquierda mientras empezaba a recortar su vello púbico. Poco a poco el pelo iba cayendo a sus pies.

- Queda muy bien – dijo cuando terminé – pero faltan los huevos.

Le di la vuelta a la máquina por la parte de depilado total, levanté su polla y estiré tal y como hacía para depilarme yo y empecé a cortar el vello de sus huevos. Su polla empezaba a crecer en mi mano.

- Jeje, que cosquilleo, perdona macho, pero es que se me pone.

Cuando terminé su sexo estaba completamente erecto. Su capullo sonrosado aparecía totalmente descubierto.

- Joder como te has puesto – le dije.

- Es que esa máquina daba gustillo. Y además en cuanto me tocan la polla se me sube, jeje – se tocó los huevos y dijo – que suaves han quedado, da gusto tocarlos. ¿Los tuyos también son así de suaves? – llevó su mano a mis huevos y los tanteó – pues sí, lo son. Nunca los había tocado sin pelos.

- Convendría darte algo de crema hidratante, se suelen resecar con la máquina.

Tomé un frasco que tenía y me puse un poco en la mano y comencé a untársela. Me estaba dando mucho morbo la situación y mi polla se había puesto también tiesa.

- Veo que no soy el único que trempa – dijo.

Comencé a untarle también la crema por la polla y al notar mi mano sobre su miembro se le escapó un gemido de gusto. Agarró la mía y empezó a sobármela.

- Estás algo reseco – dijo, y acto seguido se escupió en la mano, untándome su saliva por mi sexo.

Mi mano con la crema resbalaba suavemente por su glande y cada vez que subía y bajaba los gemidos de Lorenzo iban en aumento. Sin embargo mi polla no terminaba de estar suficientemente resbaladiza.

- Esto va a necesitar más saliva – se arrodilló y empezó a lamerme la polla.

Su lengua recorría mi glande, subía y bajaba por mi tronco y de vez en cuando lamía mis pelotas, lo hacía verdaderamente con maestría y empecé a pensar que no era la primera vez que se comía un rabo. Se la introdujo en la boca y comenzó a mamarla mientras con una mano jugaba con mis pelotas y la otra acariciaba mi culo.

- Ahora si está bien mojada.

Dejó de mamar y continuó subiendo por mi estómago y mi pecho besándome suavemente. Jugueteó con su lengua en mis tetillas mientras continuaba pajeándome. Yo me había quedado parado, simplemente recibiendo tantísimo placer, así que me tomó la mano y la llevó a su sexo. Capté la indirecta y volví a continuar masturbándole. Empezamos a morrearnos, sentía su barba pincharme la cara y el cuello cuando bajaba besándomelo. Nuestros gemidos fueron en aumento y pronto noté que no podía más y exploté, casi toda mi leche cayó en el suelo de la bañera que estaba llena de los vellos que habían caído de la depilación pero parte salpicó las fuertes piernas de Lorenzo. Instantes después mis caricias le llevaron a un fuerte orgasmo y se corrió en mi mano. Abrí el grifo y nos metimos debajo abrazados, las gotas de agua que salían de la alcachofa me recordaban la fuerte tormenta que caía cuando llegué a casa aquella tarde.
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